El refugio de Risto Mejide (51 años) y Natalia Almarcha (30 años) es una isla que él mismo llama "mi lugar favorito": Reserva de la Biosfera y un sendero de 185 kilómetros que la rodea entera
Hay una isla balear que Risto Mejide define, sin matices, como su lugar favorito del mundo. Con más de 1.500 yacimientos prehistóricos catalogados y declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco es normal que aquí sienta que, literalmente, está en el paraíso.

Un refugio en pleno Mediterráneo al que siempre apetece volver. / Istock
Hay lugares que se visitan una vez y se olvidan. Pero también hay otros que acaban convirtiéndose en una tradición que marca el inicio del verano año tras año. Eso es lo que le pasa, seguramente, a Risto Mejide que, cada julio cuando termina la grabación de la temporada en televisión, vuelve a una de las islas más codiciadas de España. Él mismo lo ha resumido en varias ocasiones, pero dejó una en sus redes sociales que lo define todo: "Mis personas favoritas en mi lugar favorito". Y ese lugar favorito tiene varias peculiaridades: es el primer lugar de toda España en ver amanecer cada día debido a su ubicación geográfica en el extremo más oriental del país, posee más de 1.500 yacimientos prehistóricos recientemente declarados Patrimonio de la Humanidad y la Reserva de la Biosfera marina más grande del Mediterráneo.

Una isla balear con preciosos pueblos. / Istock / Rostislav Glinsky
Es, indudablemente, la isla de Menorca y lleva años formando parte de sus viajes. Allí ha viajado junto a su pareja, Natalia Almarcha, y sus hijos, en una escapada que desde hace años se ha convertido en una costumbre, sobre todo, para el presentador. Lo de "su lugar favorito" se entiende cuando compruebas que esta privilegiada porción del Mediterráneo cuenta con más de 1.400 monumentos declarados Bien de Interés Cultural, que su cultura se relaciona tanto con el mar que tiene 8 formas diferentes de llamar al viento y que, entre sus fronteras, podrás visitar el monumento más antiguo de Europa. Unas cuantas razones que explican por qué vuelve aquí cada verano a encontrar la paz alejado de los focos.

Adriana Fernández
Una isla que no necesita presentarse dos veces
Menorca, todo sea dicho, no es una sorpresa para nadie. Tampoco para Risto Mejide, que lleva años y años siendo abanderado de una isla a la que suele viajar durante los meses centrales del verano. Y razones no le faltan para hacerlo. Menorca concentra más restos prehistóricos por metro cuadrado que ninguna otra isla balear, con un patrimonio que se remonta miles de años atrás y que ya ha reconocido la Unesco como uno de sus Patrimonio de la Humanidad: Talayots, taulas y navetas salpican el interior de la isla y dan testimonio de una cultura cuyos orígenes se sitúan en plena Edad del Bronce. El yacimiento más antiguo localizado hasta ahora, en Biniai Nou, en el término de Maó, tiene alrededor de 4.500 años.

Atardecer dorado sobre la playa de Pregonda, isla de Menorca / Istock
Pero quizá lo que mejor explica el atractivo de Menorca es que todo ese peso histórico convive con una forma de vida sorprendentemente sencilla, con algunos de los paisajes, playas y pueblos más bonitos de España. Es Mercadal, con sus calles de casas encaladas a los pies del Monte Toro (a 358 metros, el punto más alto de la isla) resume esa Menorca de interior, tranquila y sin prisa. En la costa sur, Binibeca Vell: un laberinto de casas blancas y callejuelas estrechas levantado en los años setenta como recreación de un poblado tradicional de pescadores, convertido hoy en uno de los rincones más fotografiados de la isla. Ese contraste, entre el yacimiento milenario y el pueblo de postal, entre lo monumental y lo accesible, es probablemente la razón real por la que quien la visita una vez encuentra siempre una excusa para volver.

Vista del idílico pueblo de Binibeca Vell en Menorca / Istock / Nando Lardi
185 kilómetros de naturaleza a raudales
Si hay un lugar que ayuda a entender Menorca de verdad, ese es el Camí de Cavalls. El sendero recorre los 185 kilómetros de costa de la isla y tiene su origen en el siglo XIV, cuando el rey Jaume II ordenó habilitar un camino que permitiera a las patrullas a caballo vigilar el litoral y reaccionar ante posibles desembarcos. Aquella función defensiva quedó atrás hace siglos, pero el trazado ha sobrevivido. Hoy se ha convertido en una de las mejores formas de descubrir la isla, ya sea a pie o en bicicleta, enlazando algunos de los paisajes más reconocibles de la costa menorquina.

Cala Macarelleta, Menorca / Istock
Completarlo entero requiere varios días y cierta organización, aunque la mayoría de visitantes opta por recorrer solo algunos tramos. Hay etapas que avanzan junto a acantilados, otras atraviesan pinares y algunas terminan en calas a las que no llega ninguna carretera. Entre las más conocidas están Macarella y Macarelleta, de arena clara y aguas de un turquesa intenso; Cala en Turqueta, algo más abierta; Mitjana, rodeada de pinos que llegan prácticamente hasta el mar; y Cala Galdana, más urbanizada que las anteriores, pero también uno de los puntos más cómodos para empezar o terminar una ruta.

Cala Turqueta, Menorca. / Istock / Simona Balconi
Recorrer el Camí de Cavalls sirve, además, para entender una de las claves de Menorca: buena parte de su litoral sigue estando relativamente poco transformado. Muchas de sus calas y rincones solo se alcanzan caminando, y esa dificultad de acceso ha contribuido, precisamente, a conservarlos.
Imprescindibles de Menorca: qué ver y qué comer
Menorca tiene dos ciudades que funcionan como grandes referencias de la isla, y cada una tiene un carácter muy distinto. Maó, sede del Consell Insular, crece alrededor de uno de los puertos naturales más profundos de Europa. Su pasado británico todavía se percibe en algunas fachadas y en ciertos detalles urbanos, mientras que el puerto continúa siendo uno de los grandes centros de actividad de la ciudad.

Ciutadella, Menorca. / Istock
Ciutadella ofrece una imagen diferente. Antigua capital de la isla y actual sede episcopal, conserva un casco histórico de calles estrechas, edificios de piedra y una catedral gótica que domina buena parte del centro. Es, probablemente, uno de los lugares donde mejor se aprecia la Menorca más monumental y la huella de siglos de historia. Entre Maó y Ciutadella suman algo más de 63.000 habitantes, con esta última ligeramente por delante según el padrón de 2025.

Caldereta de langosta, plato típico de Menorca. / Istock
La identidad de Menorca también se entiende a través de su gastronomía. El queso Mahón-Menorca, con Denominación de Origen Protegida desde 1985, es uno de los productos de la isla más conocidos fuera de sus fronteras. Su corteza anaranjada y un sabor que gana intensidad con la curación lo han convertido en uno de sus grandes emblemas. Algo parecido ocurre con la ginebra Xoriguer, elaborada en el puerto de Maó desde 1945 y ligada a la herencia que dejó la presencia británica en la isla. Pero si hay un plato que ocupa un lugar especial en la cocina menorquina es la caldereta de langosta. Nació en Fornells como una receta humilde de pescadores y con el tiempo se ha convertido en uno de los platos más representativos de Menorca.

Cala Fornells, Menorca. / Istock
En el puerto de Fornells, Sa Llagosta, distinguido con un Sol Repsol y dirigido por el chef David Coca, mantiene viva esa tradición con versiones que van desde la receta más clásica hasta propuestas con influencias asiáticas. Una forma de actualizar un plato muy ligado a la isla sin perder su esencia.
Para Risto Mejide, sin embargo, Menorca tiene también un significado más personal. Es el lugar en el que cada verano se reúne con algunas de las personas más importantes de su vida y donde ha construido una rutina que se repite año tras año. Quizá por eso, más allá de sus playas, su historia o su gastronomía, la isla se ha convertido para él en un lugar al que regresar. “Lo que esta isla te da, luego ya nadie te lo quita”, escribió Mejide al despedirse de una de sus últimas estancias en Menorca. Una frase que, verdaderamente, lo resume todo.
- El refugio de Risto Mejide (51 años) y Natalia Almarcha (30 años) es una isla que él mismo llama 'mi lugar favorito': Reserva de la Biosfera y un sendero de 185 kilómetros que la rodea entera
- Las raíces separadas de Paula Echevarría (49 años) y Miguel Torres (40) están en dos refugios de la infancia que ya no existen: una villa marinera asturiana y un eterno barrio de Madrid
- Paz Padilla y el pueblo marinero de 1.100 habitantes donde se refugia: 'Prefiero esa zona porque está más virgen y menos masificada
- Rozalén y el pueblo de Albacete repleto de cascadas en el que creció: “Necesito estar en mi pueblo, con la gente que quiero”
- Las raíces de Iñaki López (53 años) están en una villa del País Vasco con un Patrimonio de la Humanidad: “Mi abuelo Cándido me llevaba a comer caracolillos, era un clásico”
- Sarah Santaolalla y la ciudad de Castilla y León en la que nació: piedra dorada, dos catedrales y un puente romano de 2.000 años
- Las raíces de Amaia Montero (50 años) están en la villa del País Vasco donde nació: más de 2.000 años de historia, rodeada de montañas y unida a Francia por un puente modernista de 100 metros
- La emperatriz Sissi escapó de Viena y encontró su refugio en una isla de España: está escondido en una sierra Patrimonio de la Humanidad y ella envió una Virgen que hoy sigue en su capilla