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El refugio de Penélope Cruz es la ciudad donde un sueño dejó de parecer imposible: "Crecí en un lugar donde esto no era un sueño muy realista"

Antes de Hollywood y antes del Óscar, hubo un municipio del norte de Madrid donde una niña tomó la decisión que lo cambiaría todo. Alcobendas no es el decorado de una historia de fama: es el suelo firme del que Penélope Cruz sigue diciendo que viene.

Esta ciudad consiguió cumplir el sueño de la consagrada actriz española.

Esta ciudad consiguió cumplir el sueño de la consagrada actriz española. / Istock

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The Invite (en España, La invitación), la comedia de Olivia Wilde con Seth Rogen y Edward Norton que A24 se llevó de Sundance por doce millones de dólares, llega a los cines norteamericanos el 10 de julio. Es el último capítulo visible de una carrera que Penélope Cruz Sánchez —nacida en Alcobendas el 28 de abril de 1974— ha construido durante más de tres décadas sin perder la costumbre de mirar de vez en cuando hacia el norte de Madrid. No con nostalgia, sino con algo más concreto. Cuando recogió el Óscar a la Mejor Actriz de Reparto en el teatro Kodak de Los Ángeles, el 22 de febrero de 2009, lo dijo con la precisión de quien sabe exactamente lo que está diciendo: "Crecí en un lugar llamado Alcobendas, donde esto no era un sueño muy realista". Aquel municipio al fondo de las palabras hizo que la estatuilla cobrara una dimensión distinta.

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Adriana Fernández

Han pasado diecisiete años desde aquella noche. Copa Volpi en Venecia por Madres paralelas, César honorífico, Premio Donostia, Premio Nacional de Cinematografía 2022, y ahora The Bride! junto a Christian Bale y un proyecto próximo con Nancy Meyers que tiene toda la pinta de seguir ampliando esa trayectoria improbable que empezó en los años setenta en un piso de la periferia madrileña. "Durante los últimos doce años, estudio medicina todas las noches de mi vida", le contaba a The New Yorker en junio, en la promoción de La invitación. Una frase que dice mucho sobre la actriz y quizás más sobre el lugar del que viene: Alcobendas no enseña a conformarse.

Parque de El Retiro, Madrid

Parque de El Retiro, Madrid / Istock

La ciudad que el mapa metropolitano no termina de enfocar

Quien llegue a Alcobendas buscando el eco romántico de un pueblo de postal va a llevarse una sorpresa que vale la pena. A quince kilómetros al norte del centro de Madrid, con 123.342 habitantes censados, este municipio tiene la rara habilidad de existir en varios registros a la vez sin que ninguno cancele al otro. Sede de multinacionales del peso de Pfizer, Vodafone o Samsung. La urbanización de La Moraleja, con ese perfil de opulencia discreta que el imaginario madrileño conoce bien. Y, a la vez, el casco histórico de un antiguo pueblo agrícola que aguanta en el centro, con su plaza, su mercado y sus vecinos de toda la vida.

Estatua del Rey Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid

Estatua del Rey Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid / Istock / t

El perfil económico de Alcobendas es uno de los más robustos de la Comunidad de Madrid: un tejido empresarial que se consolidó en las décadas del desarrollismo y que hoy convive con una apuesta cultural que no siempre se comunica hacia fuera con la misma eficacia. La ciudad que acogió a la familia Cruz en los setenta era un municipio en plena transformación: el padre, un comercial extremeño; la madre, Encarna Sánchez, peluquera andaluza con su propio salón en el barrio. Penélope Cruz creció entre secadores y conversaciones de clientes, en ese territorio de clase trabajadora donde nada predestinaba y todo era posible si una lo trabajaba lo suficiente. Fue también el mismo suelo donde pasó nueve años estudiando ballet clásico en el Conservatorio Nacional y otros tres de ballet español antes de dar el salto a la interpretación con Cristina Rota. El escenario nunca estuvo lejos. La pregunta era hasta dónde llegaría.

Panorámica de la ciudad de Madrid.

Panorámica de la ciudad de Madrid. / Istock

Donde el románico aguanta el pulso al polígono

Empezar por la Ermita de Nuestra Señora de la Paz es empezar por el principio. No como expresión retórica: el edificio más antiguo de Alcobendas tiene orígenes documentados en el siglo XII, y sus muros reúnen uno de los mejores ejemplos del románico-mudéjar conservados en la Comunidad de Madrid. Guarda a la patrona de la ciudad, y su austeridad exterior contrasta, casi brutalmente, con la carga histórica acumulada en la piedra. A unos pasos, la Iglesia de San Pedro Apóstol —con una torre que todavía domina el perfil del casco— recuerda las reformas del XVII que terminaron de definir este centro urbano.

Iglesia de San Pedro Mártir

Iglesia de San Pedro Mártir / Wikicommons / Zarateman - Own work, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=34408274

El folklore del lugar tiene su propio capítulo en La Tinaja del Milagro. La tradición popular recoge que en 1677, durante las fiestas de la Virgen, una tinaja de vino multiplicó su contenido ante el asombro de los vecinos. La pieza se conserva. Su historia dice algo sobre el carácter del pueblo original: una comunidad que encontraba en lo colectivo la manera de afrontar lo ordinario. Lo más contemporáneo del casco lo anuncia una Menina de siete metros a modo de bienvenida —guiño directo a Velázquez, señal de que Alcobendas también tiene sentido del humor— pero la joya que más injustamente pasa desapercibida fuera de sus límites es el Centro de Arte Alcobendas (CAA): una de las colecciones públicas de fotografía contemporánea más importantes de España, financiada municipalmente y mantenida con un rigor curatorial que deja en evidencia a museos con más presupuesto y más eco.

Centro de Arte Alcobendas, Alcobendas

Centro de Arte Alcobendas, Alcobendas / Istock

En algún punto entre el Centro de Arte y la Iglesia de San Pedro está el Colegio Juan XXIII, donde Penélope Cruz se subió a un escenario por primera vez —haciendo de Menciguela en Las aceitunas, de Lope de Rueda— sin saber todavía que aquello no iba a quedarse como anécdota escolar. La mención no es gratuita: el colegio sigue ahí, en el mismo barrio, y el lugar donde algo ocurrió por primera vez forma parte del patrimonio de una ciudad tanto como cualquier ermita del siglo XII.

Campana de la Paz japonesa en el Parque Jardín de la Vega en España, Alcobendas

Campana de la Paz japonesa en el Parque Jardín de la Vega en España, Alcobendas / Istock

Norte de Madrid, en veinte minutos

Alcobendas está entre los municipios mejor conectados del área metropolitana norte, y eso simplifica bastante el plan. El metro llega a través de la línea 10 —con paradas en Alcobendas-La Moraleja y Marqués de la Valdavia— que enlaza directamente con la red urbana de Madrid en menos de veinticinco minutos desde Chamartín. Los Cercanías cubren también el corredor norte: la línea C-4 para en la estación de Alcobendas-San Sebastián de los Reyes. En coche, la A-1 permite llegar desde el centro en unos veinte minutos con tráfico fluido, aunque los fines de semana la ecuación mejora considerablemente.

Postal de las Cuatro Torres de Chamartín.

Postal de las Cuatro Torres de Chamartín. / Istock

Para comer, Alcobendas tiene una oferta que se mueve entre el cocido castellano de toda la vida y propuestas más actuales, con varios restaurantes en el entorno del casco histórico que trabajan con producto de temporada. La herencia culinaria del municipio pasa por los guisos de cuchara que caracterizaron la cocina popular del extrarradio madrileño: el cocido, los callos y los platos de temporada que aún resisten en los bares del centro.

Para alojarse, la oferta hotelera es amplia en la franja business —consecuencia directa del perfil corporativo del municipio—, con opciones cómodas tanto para quien quiera explorar Alcobendas con calma como para quien combine la visita con el norte de Madrid en general. La proximidad a la capital convierte también en razonable la opción de alojarse en Madrid y acercarse en metro: veinte minutos puerta a puerta, sin tráfico ni parking.

Fuente de Cibeles, icono de Madrid

Fuente de Cibeles, icono de Madrid / Istock / Anibal Trejo

Alcobendas lleva décadas siendo, para mucha gente, un nombre en la carretera. Un cartel de autovía, una salida de metro, el apellido de una actriz en el discurso de los Óscar. Es, también, una ciudad con un casco histórico que resiste, un museo que sorprende y una historia de clase trabajadora que explica muchas cosas. Vale la pena salirse de la autovía.