El refugio de Marta Ortega (41 años) es un pazo gallego del siglo XVI con tres edificios, 16.000 metros cuadrados de finca y un aire de discreción blindada junto al Atlántico a solo 12 kilómetros de A Coruña
En un rincón de la Galicia interior, entre muros de piedra centenaria y una arboleda que se cierra sobre sí misma, la presidenta de Inditex ha encontrado el lugar donde el apellido Ortega pesa menos que el granito.

Este pazo es el ojito derecho de la hija del magnate de Inditex. / Turismo Galicia/Concello de Cambres / GTRES
Hay una foto de este año que resume mejor que cualquier balance financiero lo que ha sido 2026 para Marta Ortega: subiendo la escalinata del MET, flanqueada por flashes, representando a la mujer de moda española más observada del planeta. Cuatro años antes, en abril de 2022, había asumido la presidencia no ejecutiva de Inditex tomando el relevo de Pablo Isla, y desde entonces su nombre aparece sistemáticamente entre las españolas más influyentes del mundo. Pero ese mismo año, unos meses antes de sentarse en ese cargo, hizo algo que pasó casi inadvertido: compró un pazo del siglo XVI en la parroquia de Sigrás, en el municipio de Cambre, a apenas doce kilómetros de A Coruña.

Adriana Fernández
No es la casa familiar de los Ortega —esa sigue siendo el Pazo de Ancéis, a tres kilómetros de distancia, donde Amancio Ortega y Flora Pérez han vivido durante décadas y donde la propia Marta se casó en dos ocasiones—. El Pazo de Aián es otra cosa: una propiedad elegida, no heredada, comprada por ella con nombre propio en febrero de 2022 por un precio en torno a los tres millones de euros, y cuya reforma arrancó en septiembre de 2023. Un gesto que dice más sobre su relación con Galicia que cualquier declaración institucional.

Estructura tradicional de un pazo, Pazo de Raxoi en Santiago de Compostela / Istock
El pazo: piedra del XVI, reformas del XIX y una historia que empieza mucho antes de los Ortega
Conviene no simplificar la cronología del Pazo de Aián. Su origen constructivo se remonta al siglo XVI, pero buena parte de lo que hoy se conserva —los añadidos neoclásicos, ciertos remates de fachada— pertenece a reformas del siglo XIX, así que hablar de él como una pieza intacta de quinientos años sería faltar a la precisión. Lo que sí es exacto es la escala: una finca de 16.000 metros cuadrados cercada por muros de piedra y protegida por una arboleda espesa, dentro de la cual se levantan cuatro construcciones. La casa principal, de unos 1.000 metros cuadrados repartidos en tres plantas, se presenta con un torreón de acceso decorado con elementos heráldicos. Junto a ella, la Casa del Jardín, más pequeña —unos 300 metros cuadrados en dos alturas—, y una tercera edificación de unos 200 metros cuadrados que sirvió históricamente de vivienda para el personal de la finca. Completa el conjunto una capilla de marcada influencia neorrománica, además de jardines históricos, huerto, estanque, fuente de piedra y antiguas cocheras.

Iglesia del monasterio de Santa María de Cambre, provincia de A Coruña, Galicia / Istock
La arquitectura del pazo mezcla soportales, galerías de madera y un patín de acceso, con ese aire entre señorial y agreste tan propio de los pazos coruñeses, pensados para durar generaciones y no para lucirse en una fotografía.

Estructura tradicional de un pazo. Pazo do Souto. / Istock
Pero el mejor material de este pazo no está en sus piedras, sino en quién vivió entre ellas antes que Marta Ortega. La propietaria más singular que tuvo Aián fue Herminia Borrell Feijoo, nacida en Camariñas en 1897: la primera mujer en obtener el carné de conducir en España, presidenta honorífica del Deportivo de La Coruña y una figura cosmopolita que rompió moldes en la burguesía gallega de comienzos del siglo XX. Su huella en la finca es la de una pionera que entendió el pazo no como refugio de silencio, sino como plataforma desde la que mirar hacia adelante —algo que, salvando las distancias de época, conecta de manera curiosa con la propia trayectoria de su actual dueña—. La capilla del conjunto guarda además otro capítulo de la Galicia burguesa: allí se casó Amalia Torres Sanjurjo con Pedro Barrié de la Maza, primer conde de Fenosa, una de las figuras económicas más determinantes de la Galicia del siglo XX.

Estructura tradicional de un pazo, fachada principal del Pazo do Faramello en su jardín-bosque, con sus escudos y su capilla / Istock / Elena
El entorno: Cambre, Sigrás y la comarca de los pazos familiares
Sigrás no aparece en las guías de viaje al uso. Es una parroquia rural dentro del municipio de Cambre, al sur de A Coruña, atravesada por el río Mero, con ese verde denso que caracteriza a la Galicia de interior y que nada tiene que ver con el imaginario costero que suele asociarse a la provincia. Aquí no hay paseo marítimo ni olor a salitre: hay huertas, caminos estrechos y pazos que llevan siglos mirándose entre sí sin necesidad de anunciarse.

Playa de Barrañán, Arteixo, Galicia / Istock
Y es precisamente esa vecindad de pazos lo que convierte la zona en un territorio con sentido propio para el viajero curioso. A apenas tres kilómetros de Aián está el Pazo de Ancéis, la residencia histórica de la familia Ortega, escenario de las dos bodas de Marta. Un poco más lejos, en Arteixo, el Hipódromo de Casas Novas, también vinculado a la familia, funciona como uno de los referentes hípicos del país. Recorrer esta comarca es, en cierto modo, hacer un mapa privado de una de las familias más discretas de España, sin necesidad de cruzar ninguna verja.

Pazo de Aián, Sigras / Turismo de Galicia, Concello de Cambres
Doce kilómetros separan Sigrás de A Coruña, y ese trayecto marca el verdadero contraste del artículo: de la quietud rural a una ciudad completamente atlántica, con el paseo marítimo más largo de España —unos trece kilómetros— y la Torre de Hércules coronando el perfil urbano, faro romano aún en funcionamiento y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2009. El centro histórico, con sus calles de galerías acristaladas que le valieron el sobrenombre de Ciudad de Cristal, y el Museo de Arte Contemporáneo MACUF completan una oferta que nada tiene que ver con el interior donde Marta Ortega ha elegido asentarse.

Torre de Hércules, A Coruña / Istock
Cómo llegar y qué no dejar de hacer
Para llegar hasta Cambre y A Coruña desde el centro de la península, la autovía AP-9 conecta directamente con la ciudad, mientras que el AVE Madrid-A Coruña reduce el trayecto a poco más de dos horas. Quien prefiera volar, el aeropuerto de Alvedro, a las puertas de la ciudad, recibe vuelos desde Madrid-Barajas en aproximadamente una hora.

Calles de A Coruña / Istock
Ya en A Coruña, la visita obligada empieza en la Torre de Hércules, sigue por el paseo de la Dársena hasta el casco antiguo y termina, inevitablemente, con hambre. El mercado de la Plaza de Lugo es la mejor puerta de entrada a la gastronomía coruñesa: dentro, en el puesto V6 de la segunda planta del Mercado da Guarda, El Duque prepara al momento el marisco que uno mismo elige en las paradas del mercado —centollo, percebes, cigalas—, una fórmula que solo existe aquí. Para quien prefiera sentarse a mesa puesta, A Mundiña, en la Calle Real, es de los locales más solventes de la ciudad para probar centollo en temporada o un salpicón de bogavante bien resuelto. Y si lo que se busca es la empanada gallega en su versión más clásica, Casa Pardo sigue siendo referencia en la ciudad. El pulpo, la tortilla al estilo de Betanzos y el lacón completan un repertorio que en A Coruña se toma en serio, sin necesidad de artificio.

Arquitectura de A Coruña / Istock
Entre la piedra del pazo y la sal del Atlántico median solo doce kilómetros, pero son dos Galicias distintas: la que se enseña y la que, como ha hecho Marta Ortega, se guarda para una misma.
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