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El refugio de María Galiana (91 años) es un pueblo pesquero con la mejor gamba blanca de España: "Lo que más me gusta es una playa"

La actriz que fue la abuela de España durante 22 años tiene casa desde hace décadas en un pueblo pesquero onubense a siete kilómetros de Portugal, donde la gamba blanca es la mejor excusa para llegar.

El refugio de María Galiana es una playa y es esta.

El refugio de María Galiana es una playa y es esta. / Istock

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Cuando Francisco Broncano le preguntó en La Revuelta qué era lo que más le gustaba, María Galiana no dudó: "Una playa". No una en particular, no un mar concreto. Una playa. La respuesta tiene la misma sencillez que lleva firmando toda su vida, sin que a estas alturas nadie se atreva a llamarle modestia. Anoche Galiana fue la invitada en el cierre de temporada de La Noche de Aimar (laSexta), junto al actor Alberto San Juan, hablando de su trayectoria y de la obra de teatro que tiene ahora en cartel, Yo solo quiero irme a Francia. A sus 91 años, recién galardonada con el Premio Talía de Honor 2026 de la Academia de Artes Escénicas, sigue en escena. Y cuando puede, se va a Isla Cristina.

Una de las playas vírgenes de Huelva.

Una de las playas vírgenes de Huelva. / Istock

Hay algo muy coherente en eso. Galiana nació en Triana en 1935, dio clases de Historia e Historia del Arte en institutos públicos sevillanos durante 38 años, debutó en cine a los 50 por casualidad -una alumna la propuso para un papel en Madre in Japan (1985)-, ganó el Goya a Mejor Actriz de Reparto por Solas en 2000 y pasó después dos décadas siendo Herminia en Cuéntame cómo pasó, la serie más longeva del prime time español. Toda esa trayectoria acumulada -los platos de televisión, los teatros, los rodajes- confluye en una mujer que, cuando se le pregunta qué le gusta, menciona una playa. Y no cualquiera: las de Isla Cristina, que ella misma describe como "bonitas, bien largas y grandes". No hace falta más argumento.

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Adriana Fernández

Un pueblo nacido de un terremoto

Isla Cristina no existiría sin una catástrofe. El 1 de noviembre de 1755, el terremoto de Lisboa sacudió el Atlántico y destruyó buena parte de la costa onubense. Pero la historia anterior al seísmo importa: desde principios del siglo XVIII, pescadores catalanes y valencianos llegados desde Mataró, Sitges y Canet de Mar cruzaban cada verano para faenar en estas aguas y volvían antes del otoño. El terremoto rompió ese ciclo. Los que estaban aquí se quedaron, y lo que era un campamento estacional se convirtió en un asentamiento permanente. Municipio independiente desde 1833, Isla Cristina lleva casi dos siglos construyendo una identidad que tiene la pesca en el centro de todo.

Preciosas fachadas de azulejos en Isla Cristina, Huelva

Preciosas fachadas de azulejos en Isla Cristina, Huelva / Istock

Hoy su puerto es el primero de Andalucía por venta de pescado fresco y el segundo de España en tonelaje, solo por detrás de Vigo. Una flota de más de 250 embarcaciones sale y regresa por la bocana de la ría Carreras. Y la especie que define al pueblo, la que lo ha puesto en el mapa gastronómico, es la gamba blanca de Huelva: carne dulce, textura firme, capturada en el Atlántico sur a profundidades que le dan una personalidad que no tiene ninguna otra. Para entender de dónde sale hay que ir a la Lonja de Isla Cristina, que abre sus puertas al público. Cada tarde, hacia las 16:00 h, empieza la subasta de pescado fresco: los barcos de arrastre llegan después de 12 o 16 horas en el mar, se descarga el género, y la lonja se convierte en uno de esos espectáculos de trabajo real que pocas ciudades turísticas pueden ofrecer. Ver pasar gambas blancas, cigalas y chocos entre compradores y subastadores es entender el pueblo mejor que cualquier visita guiada.

Preciosas fachadas de azulejos en Isla Cristina, Huelva

Preciosas fachadas de azulejos en Isla Cristina, Huelva / Istock

La historia de Isla Cristina tiene también otro plano menos conocido. Entre 1910 y 1918, Blas Infante ejerció aquí como notario. El padre de la patria andaluza, el hombre que redactó el Ideal Andaluz y que fue fusilado en 1936, vivió ocho años en este pueblo de pescadores catalanes reconvertidos en isleños. Su casa, la Casa de la Alegría, es visitable. Poner en el mismo mapa la lonja, la gamba blanca y la casa de Blas Infante dice mucho sobre la densidad de un lugar que desde fuera puede parecer solo costa.

Barcos en Isla Cristina.

Barcos en Isla Cristina. / Istock

Doce kilómetros de arena y un parque de flamencos

Las playas que Galiana describe como "bien largas y grandes" lo son literalmente: Isla Cristina tiene doce kilómetros de litoral continuo que arrancan junto al casco urbano y se prolongan hasta Islantilla, el continuo de arena con Lepe donde la actriz tiene su vivienda habitual. La Playa Central y la de Casita Azul lucen Bandera Azul. No es el tipo de costa que acumula chiringuitos apiñados ni que aparece saturada en agosto en los reportajes del deterioro litoral español. El Atlántico aquí tiene otro ritmo: el oleaje es más vivo que en el Mediterráneo, la arena más dorada, y el paseo hasta el agua más largo cuando baja la marea. Que una mujer que podría instalarse en cualquier lugar del mundo elija esto para descansar no es accidental.

Pero Isla Cristina no es solo litoral. A espaldas de la playa, el Paraje Natural Marismas de Isla Cristina ocupa más de 2.000 hectáreas declaradas Zona de Especial Protección para las Aves. Más de 140 especies registradas, flamencos, charranes, garcetas. Los canales de la ría Carreras se pueden recorrer en barco, y hay operadores locales que combinan la excursión por las marismas con degustación de gamba blanca a bordo. Es una de esas experiencias que suenan a artificio turístico y resultan ser exactamente lo contrario: el barco para junto a una batea, llegan las gambas cocidas, el agua es de ese verde oscuro propio de las marismas atlánticas, y en los márgenes hay flamencos que no se mueven aunque el motor esté encendido.

Isla Cristina, Huelva.

Isla Cristina, Huelva. / Istock

La identidad del pueblo tiene además otro plano festivo que no encaja del todo con la imagen tranquila de pueblo pesquero: el Carnaval de Isla Cristina es uno de los tres grandes de Andalucía, junto a Cádiz y Tenerife, con una tradición que arranca a principios del siglo XIX. Para quien quiera entender su historia fuera de temporada, el Museo del Carnaval instalado en el Patio de San Francisco recoge la memoria de las comparsas y las chirigotas isleñas.

Cómo llegar, qué hacer y dónde comer en Isla Cristina

Isla Cristina está a 48 kilómetros de Huelva capital por la A-49 y a algo más de hora y media desde Sevilla. Desde Portugal, la frontera queda a 7,5 kilómetros: el Puente Internacional del Guadiana conecta Ayamonte con Vila Real de Santo António, y desde allí se llega en minutos. La posición hace que sea un destino natural para quien viaje desde el Algarve sin querer hacer el trayecto completo hasta Sevilla.

Playa de la Gaviota, Isla Cristina

Playa de la Gaviota, Isla Cristina / Istock / R.Reschke

Para la gamba blanca, el punto de partida es entender que aquí no hace falta hacerle nada especial. Hervida en agua de mar, a la plancha con muy poco aceite, en ajillo con guindilla: cualquiera de las tres formas dice más sobre el producto que una preparación elaborada. La cocina isleña tiene también otros pilares - las coquinas al ajillo, el choco con papas, la mojama de atún (Isla Cristina y Barbate producen juntas el 75 % de la mojama andaluza) - y un postre que no suele mencionarse fuera de la provincia: la coca isleña, una elaboración tradicional de los hornazos del pueblo con la sencillez de las cosas que llevan siglos haciéndose igual.

Las Marismas de la Isla Cristina

Las Marismas de la Isla Cristina / Istock

Restaurantes con criterio hay varios. La Sal, junto al puerto, es la referencia más directa para marisco y pescado fresco sin artificios. Doña Lola trabaja las recetas tradicionales con un punto de cocina de autor que no les quita la raíz. El Abuelo Mañas es el clásico local para coquinas, arroz de marisco y croquetas de carabineros. Y Contramarea, en Punta del Caimán, es un gastrobar donde las tapas innovadoras tienen como competencia directa las puestas de sol sobre el Atlántico, que en este tramo de costa son de las que hacen que la gente deje el tenedor encima del plato.

Para estructurar el tiempo: la visita a la lonja (16:00 h, abierta al público), la excursión en barco por las marismas con degustación, y un paseo por el casco histórico que incluya la Casa de la Alegría de Blas Infante, la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores -con una talla de la Virgen de la Soledad del siglo XVIII- y la fachada de azulejos de la Casa de Don Justo, obra de Aníbal González datada en 1927, el mismo arquitecto que construyó la Plaza de España de Sevilla. Isla Cristina es de esos sitios que no necesitan que nadie les explique qué son. María Galiana lo entendió hace décadas. Cuando le preguntan qué le gusta, dice una playa. Y viene aquí.

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