Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El refugio de Loles León (75 años) es un barrio marinero donde nació en la calle Tormenta: "Siempre he estado muy orgullosa de mis orígenes"

La actriz más barceloneta de Madrid nació en la calle Tormenta, se crió entre churros y salitre, y lleva décadas reivindicando el barrio que la hizo.

Un barrio de Barcelona del que Loles Leon se siente muy orgullosa.

Un barrio de Barcelona del que Loles Leon se siente muy orgullosa. / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Desde que Salvador Illa la llamó personalmente para darle la Cruz de Sant Jordi -el máximo reconocimiento de la Generalitat de Cataluña-, Loles León no ha cambiado un ápice su manera de hablar de Barcelona. Ni de la Barceloneta. Ni de la calle Tormenta, número 10, donde nació el 1 de agosto de 1950 y de donde, según ha dicho ella misma en televisión, sigue siendo. Cuatro décadas de cine junto a Almodóvar y el papel de Paloma Hurtado que toda España le recitó de memoria: una trayectoria que la ha llevado muy lejos del barrio marinero donde su padre, emigrante andaluz de Lora del Río, ponía churrerías y la llevaba de bar en bar para que bailara con la gramola. Pero el barrio no la ha dejado. O ella no ha dejado el barrio.

Edificios antiguos de La Barceloneta en Barcelona

Edificios antiguos de La Barceloneta en Barcelona / Istock / sanga

En el programa Lo de Évole, en febrero de 2026, volvió a recorrer las calles del trazado ortogonal donde se crió. Lo hizo con Jordi Évole y con la convicción de quien no necesita justificar nada: "Nací el 1 de agosto de 1950 en la calle Tormenta, número 10 bajos". La cita vale como declaración de intenciones. En un mundo donde los famosos construyen orígenes convenientes, Loles León lleva décadas haciendo lo contrario. "Siempre he estado muy orgullosa de mis orígenes", dijo en una entrevista en 2009, recordando que ser de la Barceloneta no siempre fue una distinción social. "Yo era de la Barceloneta y me miraban muy mal por eso. Y me revolvía y me encaraba". Ese carácter - directo, sin autocompasión, con humor como mecanismo de supervivencia más que de entretenimiento - no lo fabricó ningún director de cine. Lo hizo el barrio.

El desconocido pueblo a media hora de Barcelona: sin turistas y excepcionalmente bonito

Adriana Fernández

Un barrio construido a la fuerza, habitado con orgullo

La Barceloneta no nació por voluntad de sus vecinos. Nació por decreto militar. Después de la derrota de 1714, las tropas borbónicas demolieron el barrio de La Ribera para construir la Ciudadela y reubicar a los desalojados. El ingeniero Juan Martín Cermeño diseñó en 1753 un trazado de nueva planta: calles estrechas y paralelas al puerto, casas de planta baja y un solo piso, altura limitada para no obstaculizar la línea de fuego de los cañones. Un barrio calculado para ser funcional y controlable. Lo que no calcularon los militares es lo que ocurre cuando se amontona a gente con poco espacio, mucho trabajo físico y poca confianza en el poder: que la vida se organiza de otra manera.

Calles de la barceloneta.

Calles de la barceloneta. / Istock

En ese trazado que aún hoy se puede recorrer casi intacto, la calle fue durante generaciones la verdadera sala de estar. Las casas eran pequeñas y las familias, numerosas. Los padres de Loles montaron su churrería, como tantas otras familias andaluzas que llegaron a Barcelona buscando trabajo en el puerto y los astilleros. Ella lo describe con una precisión de quien lo ha pensado mucho: "Aquí la crianza era al aire libre, en la calle, y es diferente. No eres de tu padre ni de tu madre, eres de ti porque sobrevives tú". Y en ese mismo recorrido con Évole: "Hay mucho matriarcado; no solo aquí, en todos los sitios era lo de pregúntale a tu madre". El matriarcado de la Barceloneta no era ideología, era logística: mientras los hombres faenaban en el puerto o en las fábricas, las mujeres organizaban la vida del barrio. Loles León lo lleva en el cuerpo, en la forma de pararse a hablar, de mirar, de rematar una frase.

Gente jugando al ping pong en una plaza en la Barceloneta

Gente jugando al ping pong en una plaza en la Barceloneta / Istock

Junto a las calles del trazado de Cermeño, y hasta los Juegos Olímpicos de 1992, existía el Somorrostro: un asentamiento chabolista junto al mar donde se hacinaban las familias más pobres de la ciudad. Loles León lo conoció de niña. Allí nació también Carmen Amaya, la gran bailaora de flamenco del siglo XX, cuya presencia en la memoria del barrio es aún hoy física: una fuente con su nombre en la Plaça de Brugada recuerda a la artista que saltó de las barracas a los mejores escenarios del mundo. Dos mujeres con el mismo punto de partida, la misma orilla y una manera muy parecida de convertir la precariedad en arte.

El barrio que sobrevivió a las Olimpiadas

La reforma olímpica de 1992 lo cambió todo y no cambió nada de lo esencial. El litoral se transformó: desaparecieron las barracas del Somorrostro, se abrió el paseo marítimo, llegaron las esculturas y los hoteles. Pero el interior del barrio -las calles del trazado de Cermeño, el mercado, la iglesia- siguió siendo el barrio. Un paseo que empiece por el Carrer de Sant Carles, donde se conserva el único edificio del siglo XVIII que mantiene su uso original, y baje hacia la Plaça de Sant Miquel del Port confirma que el tiempo aquí se mueve a otra velocidad.

Balcones de la Barceloneta

Balcones de la Barceloneta / Istock

La Iglesia de Sant Miquel del Port, barroca y construida en 1755, preside la plaza con una solidez que hace ver pasajera cualquier reforma urbanística a su alrededor. El Mercado de la Barceloneta, en la Plaça del Poeta Boscà -en funcionamiento desde 1884-, es de esos mercados donde todavía tiene sentido comprar el pescado por la mañana. No porque sea pintoresco sino porque tiene producto. La Torre del Rellotge, levantada en 1772 como antiguo faro del puerto, es la construcción más antigua de la zona y la que mejor explica que todo esto fue durante siglos uno de los puertos más activos del Mediterráneo.

En el litoral olímpico, el arte público cuenta la historia que los edificios no pueden. L'Estel Ferit, la escultura de Rebecca Horn formada por cubos de hierro apilados junto a la playa, es un homenaje deliberado a las barracas preolímpicas: un monumento a lo que se derribó para construir lo que hay. Más adelante, el Pez Dorado de Frank Gehry, estructura de acero que brilla con el sol del Mediterráneo, marca el límite con el Puerto Olímpico y funciona como icono involuntario del cambio de escala que vivió el barrio. Desde lo alto del teleférico de Sant Sebastià -que parte de la Torre del mismo nombre, en el extremo del barrio- el conjunto se lee de golpe: el trazado ortogonal de Cermeño pegado al mar, la ciudad detrás, y el puerto abajo.

Ropa tendida en La Barceloneta.

Ropa tendida en La Barceloneta. / Istock

Cómo llegar, qué ver y dónde comer en La Barceloneta

Metro L4, parada Barceloneta. O a pie desde Las Ramblas, cruzando el Port Vell por la passera de fusta: son quince minutos y se entra al barrio por el lado del puerto, que es la manera correcta. El recorrido natural empieza en el Carrer de Sant Carles, baja hacia la Plaça de Sant Miquel del Port -con la iglesia barroca y las terrazas de los bares de vecinos-, sube al Mercado de la Barceloneta en la Plaça del Poeta Boscà y termina en el paseo marítimo en dirección al Pez de Gehry. El teleférico de Sant Sebastià, en el extremo del barrio, merece la subida aunque solo sea por la perspectiva.

La gastronomía del barrio tiene un plato emblema que no admite discusión: la bomba. Bola de patata rellena de carne picada, rebozada, servida con alioli y salsa brava. La inventó en 1944 la abuela de la familia Solé en La Cova Fumada, el bar sin cartel en la fachada que está en el Carrer del Baluard, 56, a menos de cien metros del mercado. Sin reservas, sin carta escrita, con un horario estricto de mañanas -de lunes a viernes de 9h a 15:30h, sábados de 9h a 14:30h, cerrado los domingos-, La Cova Fumada es uno de esos locales que funcionan exactamente como funcionaban en los años cuarenta. Hoy la gestiona la misma familia, pasando el testigo de generación en generación. Llegar antes de las doce evita la cola, aunque la cola tampoco es mal plan si uno tiene tiempo y ganas de observar el tipo de turista que entiende de qué va comer bien.

El eje gastronómico del barrio es el Passeig de Joan de Borbó, con varios restaurantes especializados en arroz y pescado fresco. La Mar Salada (número 58-59) trabaja la cocina marinera de temporada con criterio. Maná 75 (número 75) es una referencia del barrio para los arroces. Para el aperitivo sin pretensiones, los bares interiores del trazado original -lejos del paseo y de su precio turístico- siguen siendo el lugar donde se practica el tardeo con vermut y anchoas como se ha hecho aquí siempre.

Loles León lo decía de El Rompeolas, el bar donde iba de joven: "Es donde iba todo el mundo... A veces se rompían más que las olas, pero bueno". Ese humor - la anécdota que suena a improvisada y lleva dentro toda una filosofía de vida - es el mismo que tiene el barrio. Uno que aprendió a reírse antes de llorar y que construyó su carácter en calles de seis metros de ancho donde todo el mundo se veía la cara. La actriz que nació en la calle Tormenta no lo habría sido de la misma manera en ningún otro sitio. Y la Barceloneta tampoco sería del todo la Barceloneta sin saber que ella salió de aquí.

  1. El refugio de Julio Iglesias (82 años) es un pueblo blanco en el Parque Nacional más joven de España: entre alcornoques centenarios y el Mediterráneo, tiene una iglesia del siglo XVI sobre una mezquita
  2. El pueblo más bonito del mundo está en Aragón y es un valle de cuento a orillas de un embalse: te transporta a uno de los escenarios más especiales de Disney
  3. La primera catedral gótica de España está sobre la muralla medieval mejor conservada del mundo: del siglo XII y declarada Patrimonio de la Humanidad, cumplía las funciones de templo y fortaleza
  4. El refugio de Inma Cuesta (46 años) está en un pueblo de Jaén de unos 1.700 habitantes donde creció: 'Me fui hace muchos años, pero este es el lugar al que siempre vuelvo buscando la raíz
  5. El paseo marítimo más elegante de España sigue la curva de una bahía de cuento: un balneario Belle Époque sobre la arena y el palacio donde veraneaba una reina
  6. La ciudad europea perfecta para mayores de 65 años es la capital de la eterna primavera: una antigua ciudad balneario, con jardines botánicos siempre en flor y paseos llanos frente al Atlántico
  7. El refugio de Rosario Flores (62 años) es una pedanía gaditana de 480 habitantes: caminos de tierra, dunas vírgenes y el Faro de Trafalgar como único vecino en el horizonte
  8. El paseo marítimo más glamuroso de la Riviera francesa son 7 kilómetros de sillas azules frente al Mediterráneo: grandes hoteles de la Belle Époque, hileras de palmeras y la luz que enamoró a Matisse y Chagall