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El refugio de Juan y Medio es la "tierra de los jaboncillos", un pequeño pueblo blanco de 800 habitantes: "Aquí soy feliz con mi familia y la gente que conozco de toda la vida"

Se trata de uno de los rostros mas famosos de la televisión, y sin embargo, el lugar al que siempre vuelve es un completo desconocido.

Un secreto de la región de Almería qeu solo algunos afortunados conocen.

Un secreto de la región de Almería qeu solo algunos afortunados conocen. / Istock

Residente de la ciudad de Sevilla y responsable de la infancia de varias generaciones de andaluces, el presentador Juan José Bautista encarna una de las caras más reconocibles de la televisiónespañola, un programa que hizo de la chispa de los más pequeños uno de los programas más grandes de la programación andaluza.

El pueblo más feliz de España está en Andalucía: tiene casi 20.000 habitantes y una playa virgen impresionante

Adriana Fernández

Bautizado públicamente bajo la mayor de sus obras -que bebe a su vez de un mote asignado cuando era niño-, Juan y Medio se define a sí mismo como un “entretenedor” que sin embargo y pese a la fama vuelve siempre al mismo sitio, un lugar que, paradójicamente, le devuelve a su niñez.

“El 85 o 90 por ciento de las personas con las que me cruzo me han visto nacer y crecer”, admitía en una entrevista al medio digital Andalucia.com en relación al “pequeño refugio” que determinó sus primeros años.

Sierra de Lúcar, Almería

Sierra de Lúcar, Almería / Istock

La magia de un pueblo blanco

Respondiendo a la estética casi obligatoria de los pueblos de Andalucía, y encaramado a la Sierra de las Estancias, el pueblo almeriense de Lúcar se esconde en el anonimato del que ha sido región pequeña, sencilla y casi autosuficiente para los 800 vecinos que habitualmente la habitan.

“Es un lugar tranquilo”, la describía su natal, “donde no existen oficinas bancarias, solo hay dos colmados –o sea, comercios–, no existen parkings, no hay delincuencia...”, diseccionaba Bautista.

Con tres manantiales de agua y enfrentado hacia los ríos Almanzora y Filabres, Lúcar reparte sus habitantes entre el núcleo principal y las pedanías más próximas, y su pequeña extensión con los vecinos Oria, Tíjola y Somontín. Con testimonio de su existencia desde la época romana, la villa estuvo poblada por cristianos y árabes hasta la expulsión de estos últimos, siendo posteriormente repoblada por gentes de alrededor, una huella que aún se observa en detalles como las bóvedas de la Iglesia de Santa María, una de las maravillas que esconde en su arquitectura.

Entre las industrias más importantes del municipio almeriense destacó, además de las actividades habituales como agricultura y pequeña industria, la minería y la extracción de talco, conocida como “jaboncillo”, llegando a albergar fábricas y una ferviente actividad, hoy ya abandonada.

Imagen de archivo de Lúcar en su época industrial

Imagen de archivo de Lúcar en su época industrial / Wikicommons

Las siete maravillas de Lúcar

"Aquí soy feliz con mi familia y la gente que conozco de toda la vida", aseguraba el lucareño en una entrevista para Aquí la tierra.

Hace casi 20 años, Bautista estableció los cimientos de su propia casa en el pueblo, determinando una residencia en la que volver a su hogar, su familia, amigos, y sus caballos, con picadero y cuadras. Desde entonces, es allí donde pasa los veranos, en un sitio en el que pasear, leer, montar a caballo y "pasar las noches de verano, porque son muy fresquitas".

"Me dedico cada verano a recorrer las veredas y bañarme en las albercas de mi infancia", declaraba en una entrevista para La Voz de Galicia, pero Lúcar es mucho más que albercas y veredas, y entre sus muros encalados esconde infinitos secretos, siete de ellos determinados como monumentos representativos a votación de los propios vecinos: 

Monumento natural de Piedra Lobera, Lúcar

Monumento natural de Piedra Lobera, Lúcar / Istock

Desde las aguas termales de la Balsa de Cela, hasta el monumento natural de Piedra Lobera, el municipio suma además la Iglesia de Santa María, de arte mudéjar y datada en el siglo XVI, los tres miradores desde donde pueden verse hasta doce pueblos del Valle del Almanzora y el sendero de las Minas del Talco, con origen en la antigua vereda de acceso a los pozos de explotación de talco, y un recorrido por la historia entre vagonetas, tolvas y antiguas instalaciones integradas en el paisaje almeriense.