El refugio de José Luis Perales (81 años) es un pueblo medieval de la España vaciada: "Mi música está toda escrita allí y sigue siendo necesario para mí ir allí muy a menudo"
Un pueblo de 140 habitantes en la Alcarria conquense guarda el secreto creativo de uno de los cantautores más escuchados de la historia en español.

Este pequeño pueblo de apenas 140 habitantes es el refugio del famoso cantautor. / Gtres / Turismo de la Alcarria Conquense.
Hay nombres que no necesitan presentación, aunque el tiempo que lleven sonando en la radio diga mucho de lo que han significado para varias generaciones. José Luis Perales —81 años, Castejón (Cuenca), 1945— es uno de esos autores que ya forman parte del paisaje sonoro de España y Latinoamérica. Más de 50 millones de discos vendidos a lo largo de cincuenta años de carrera, canciones como ¿Y cómo es él?, Un velero llamado libertad o Que canten los niños que han cruzado fronteras y décadas sin perder un gramo de emoción. Es difícil encontrar en el mundo hispanohablante una persona de cierta edad que no sepa de memoria alguna de sus letras. Y no es casualidad: Perales no escribió canciones de moda. Escribió cosas que permanecen.

Iglesia de Castejón. / Turismo de la Alcarria Conquense.
Su gira de despedida, Baladas para una despedida, se prolongó entre 2021 y 2022, y el último concierto tuvo lugar el 24 de abril de 2022 en Montevideo, Uruguay, donde Perales cerró más de cincuenta años de carrera ante su público latinoamericano. Desde entonces, el silencio. Pero no un silencio vacío: al retirarse de los escenarios, el propio Perales lo explicó sin drama: quería "estar con mis hijos, mis nietos, mi huerto" y "estar cerca de mi tierra, a solas con la naturaleza". Y esa tierra, como siempre, tiene nombre propio: Castejón.

Adriana Fernández
"Parecía que las musas estaban esperándome"
Siempre fiel a sus raíces, Perales tiene una casa en Castejón y otra casa de campo a la que llama El Refugio, también cerca del pueblo, donde suele retirarse a componer. No es una casa rural de escapada fin de semana. Es, literalmente, donde nacieron sus canciones. "Mi música está toda escrita en el campo de la Alcarria, en Castejón, y la verdad es que sigue siendo necesario para mí ir allí muy a menudo", confiesa Perales, que recuerda aquella zona como un lugar "que tenía algo especial": cuando tenía que escribir un disco, tenía que ir a Castejón, al campo, y allí "parecía que las musas estaban esperándome".

Panorámica de Castejón. / Wikicommons | Diego Delso
En una entrevista concedida al periódico Nueva Alcarria en 1981, Perales ya dejaba claro lo que sentía: "Por mí hubiera vivido siempre en ese refugio de Castejón, pero tengo la gran suerte de tener unos hijos y reconozco que necesitan un poco más de comodidades que las que pueda darles en esa Alcarria árida, que yo personalmente prefiero para mí". Cuarenta años después, el argumento sigue siendo el mismo. El artista subraya que "mi dependencia de Cuenca es excesiva casi".
En Castejón, Perales no solo hace música. El cantautor tiene su propio taller de cerámica en El Refugio, donde pasa horas moldeando el barro con sus manos, una actividad que le sirve como terapia y meditación. Los vecinos están acostumbrados a verlo pasear por el campo, conversar en la plaza o hacer vida cotidiana sin escoltas ni artificios. Allí no es una estrella de la música, sino simplemente "el hijo de Don Ramón", como él mismo recuerda en alguna de sus canciones.

Paisaje en los alrededores de Castejón, en una de sus rutas senderistas. / Turismo de la Alcarria Conquense.
Un pueblo del siglo XI en el balcón de la Alcarria
La historia de Castejón se remonta al siglo XI, en plena Reconquista, y su propio nombre, derivado de "castillo", hace pensar en una antigua fortificación cristiana que vigilaba el territorio frente al avance musulmán. Con apenas 120 habitantes, Castejón mantiene la autenticidad de los pueblos agrícolas de la Alcarria conquense. Está a unos 60 kilómetros de Cuenca capital y a menos de dos horas de Madrid: cerca de todo y, al mismo tiempo, en otro mundo.
El monumento más importante del pueblo es su iglesia parroquial. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, es un templo de cruz latina realizado en mampostería, con dos portadas gemelas rematadas en arcos de medio punto; destacan también las pinturas del retablo mayor. Los trazos del edificio fueron realizados entre 1570 y 1571, y en el interior tres naves separadas por pilares cuadrados se cubren con bóvedas de arista, mientras la del crucero es vaída y la del presbiterio, de cañón con lunetos. Para un pueblo de este tamaño, una iglesia así es una anomalía magnífica: un templo con ambición catedralicia encajado en una aldea que apenas llega al centenar y medio de almas.

El 'Balcón de la Alcarria'. / Turismo de la Alcarria Conquense.
Las Cuevas del Vino, excavadas a mano en las laderas del pueblo, son una muestra singular de la arquitectura popular industrial de Castejón, donde durante siglos se elaboró y almacenó el vino local. Son galerías subterráneas que perforan la roca en filas, como una bodega comunal de toda la vida: frescas en verano, silenciosas, con ese olor a humedad y madera fermentada que tarda en olvidarse. Desde 2017, el mirador que ofrece las mejores vistas sobre el valle lleva el nombre de "Mirador José Luis Perales", dedicado por el ayuntamiento en reconocimiento a su carrera artística.
Qué hacer por aquí: la ruta que merece la pena
El Mirador de la Alcarria ofrece panorámicas del paisaje conquense que dan sentido al apodo del pueblo: el Balcón de la Alcarria. Merece la pena acercarse también a la Ermita de la Caridad, sobria y pequeña, y recorrer las cuevas del vino antes de que el calor del mediodía las quite del todo de las manos.
A unos veinte minutos en coche, el Embalse de Buendía te da otro de los imprescindibles: la Ruta de las Caras, oculta entre pinares y a orillas del embalse, es una obra escultórica al aire libre iniciada en 1992 por dos artistas que comenzaron a tallar en las formaciones rocosas de arenisca decenas de figuras e impresionantes caras. Es una de esas rutas de senderismo breves pero difíciles de olvidar, especialmente a última hora de la tarde.

Monte de Castejón. / Turismo de la Alcarria Conquense.
Para comer, la respuesta en esta comarca tiene nombre propio: morteruelo. El morteruelo conquense es uno de los platos más emblemáticos de la cocina manchega: se elabora con carnes de caza y casquería, hierbas aromáticas y especias que se cocinan y se trituran hasta obtener una especie de paté untable de sabor intenso y textura untuosa. Lo ideal es tomarlo caliente, acompañado de una hogaza de buen pan y un vino tinto de la tierra. En el Hostal Barón, en el propio Castejón, se puede comer con los pies en el suelo y sin aspavientos; en Buendía, el Restaurante La Casa de las Médicas tiene terraza y platos de temporada. Un poco más lejos, en Alcocer (Guadalajara), la Casa Goyo lleva años siendo referencia en la zona por sus raciones generosas de cocina tradicional.
Volver de Castejón sin haber parado en el mirador que lleva el nombre de Perales es, como mínimo, una descortesía. El hombre que escribió allí sus mejores canciones —con las musas esperándole, según sus propias palabras— merece ese momento. Y el paisaje, también.
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