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El refugio de Jordi Hurtado (69 años) es un pueblo del Baix Llobregat donde vive desde hace más de dos décadas: tiene un castillo del siglo X y está a 15 kilómetros de Barcelona

Hay un rostro que millones de españoles han visto cada tarde durante 28 años, y un pueblo a un cuarto de hora de Barcelona donde ese mismo hombre camina sin que nadie le pida una foto.

Hurtado es "un desconocido más" en esta comarca de Barcelona.

Hurtado es "un desconocido más" en esta comarca de Barcelona. / Istock

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El 2 de julio de 2025 la Academia de Televisión anunció que Jordi Hurtado recibía el Premio Nacional de Televisión. Siete meses antes, en diciembre de 2024, ya se había llevado el Jesús Hermida a toda una trayectoria. Y este año, por primera vez desde que "Saber y Ganar" empezó a emitirse el 17 de febrero de 1997, el hombre que presenta el concurso diario más longevo de la televisión española ha soltado algo: las ediciones de fin de semana, que ahora conduce Rodrigo Vázquez. Casi tres décadas sin fallar ni un solo día de emisión y ahora, por fin, un pequeño respiro.

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Ese respiro se lo da un pueblo del Baix Llobregat que nadie asocia con él. Hurtado es probablemente la cara más reconocible de la televisión pública española, el hombre del meme de la inmortalidad, el que ha doblado a Epi y ha hecho de sí mismo en "El Ministerio del Tiempo". Y sin embargo vive, desde hace 24 años, en un municipio de 27.000 habitantes donde nadie le fotografía saliendo del supermercado. No es Barcelona, no es la costa, no es ningún sitio con nombre de postal. Es Molins de Rei, y ahí lleva desde 2002 sin que casi nadie lo sepa.

Esplugues de Llobregat, en la comarca de Bajo Llobregat

Esplugues de Llobregat, en la comarca de Bajo Llobregat / Istock

Los molinos que le dieron nombre al pueblo

El nombre del pueblo ya cuenta media historia. En 1188, Alfonso II de Aragón, el Casto, ordenó levantar unos molinos reales junto al Llobregat para moler el grano que alimentaba Barcelona. De ahí "Molins de Rei": los molinos del rey. Ocho siglos después el pueblo sigue pegado al río, aunque ya no muela harina sino que produzca esa mezcla rara de pueblo con alma y ciudad dormitorio que solo se entiende viviéndola.

Entonro natural de Molins de Rey

Entonro natural de Molins de Rey / Wikicommons / Pere López, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=33048916

Cada febrero, desde 1852, se celebra la Fira de la Candelera, una feria agrícola y comercial nacida por decreto de la reina Isabel II que hoy está declarada de Interés Nacional y que sigue siendo una de las citas comerciales más importantes del calendario catalán. Más de 170 años de historia ininterrumpida en un pueblo que muchos barceloneses solo conocen de pasada, desde el tren.

El casco urbano guarda esa capa de prosperidad industrial que dejó el siglo XIX: antiguas fábricas textiles hoy reconvertidas para uso cultural, canales de riego que todavía dibujan el trazado de las calles, plazas porticadas donde el ritmo baja de golpe en cuanto se cruza la carretera. En la fachada de Ca n'Ametller los esgrafiados geométricos delatan la llegada del modernismo a la arquitectura civil del pueblo, y el Palacio de Requesens sigue plantado en el centro como recordatorio de que aquí hubo dinero y hubo historia mucho antes de que Barcelona se convirtiera en la ciudad que hoy conocemos.

Palau Requesens

Palau Requesens / Ajuntament de Barcelona / Institut de Cultura de Barcelona

Un castillo del siglo X que casi nadie visita

Por encima del pueblo, en la ladera de Collserola, hay algo que sorprende a quien no lo espera: las ruinas del Castellciuró, un castillo cuyos paramentos de opus spicatum se datan en el siglo X, aunque la primera referencia escrita de la fortaleza no aparece hasta el año 1066. Formó parte de la red de fortificaciones que vigilaba el paso del Llobregat en tiempos de la Marca Hispánica, cuando esta franja de tierra era frontera antes de ser área metropolitana. Declarado Bien Cultural de Interés Nacional, hoy funciona sobre todo como mirador: se sube por el camino de Santa Creu d'Olorda y desde arriba se domina el valle entero y, en los días claros, se adivina el mar.

Ruinas del Castellciuró

Ruinas del Castellciuró / Wikicommons / I, Ramoncampoy, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2464500

Ese cerro es la puerta de entrada al Parc Natural de la Serra de Collserola, 8.000 hectáreas de bosque mediterráneo que separan Barcelona del interior, y que Molins de Rei tiene prácticamente en el patio de atrás: más del 65% de su término municipal es suelo forestal. Desde el mismo casco urbano arrancan rutas de senderismo y ciclismo hacia fuentes, miradores y caminos que permiten pasar horas sin cruzarse con nadie, algo que explica bastante bien por qué alguien que ha pasado media vida delante de una cámara elige, para volver a casa cada noche, un sitio donde el paisaje manda por encima de la gente.

Turó de la Coscollera, Parque natural de la Sierra de Collserola

Turó de la Coscollera, Parque natural de la Sierra de Collserola / Wikicommons / Ochoajuli - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7856106

Hurtado, nacido en Sant Feliu de Llobregat el 16 de junio de 1957, no se alejó de sus raíces al instalarse en Molins de Rei: siguió en la misma comarca donde nació, hijo de una familia llegada al Baix Llobregat en los años 50 desde Extremadura y Andalucía. En un pregón en su Sant Feliu natal explicó, con esa mezcla de sencillez y convicción que se le nota también en pantalla, que para vivir en los pueblos con provecho hace falta mantener el corazón en un estado de ternura, evitar la sequedad y cultivar la receptividad hacia la humanidad que rodea a cada uno. No lo dijo pensando en Molins de Rei, pero podría haberlo hecho: es la misma filosofía que lleva aplicando aquí desde hace 24 años, en una casa de líneas minimalistas y fachada blanca con vistas directas al parque que cada mañana lo despide camino de los estudios de TVE en Sant Cugat del Vallès, a solo 20 minutos.

Acueducto de Canaletas

Acueducto de Canaletas / Wikicommons / Ralf Roletschek - Trabajo propio, GFDL 1.2, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35776383

Cómo llegar y cuándo hacerlo

Llegar hasta aquí no tiene ningún misterio. En tren, la línea R4 de Cercanías conecta Passeig de Gràcia con Molins de Rei en unos 25 minutos. En coche, la A-2 resuelve el trayecto en poco más de 20. Para quien quiera dedicarle un día entero, lo lógico es empezar por el casco histórico, subir después hasta el Castellciuró por el camino de Santa Creu d'Olorda y rematar la visita con alguna de las rutas cortas de Collserola, que no exigen ni entrenamiento ni equipo especial.

La Torre Collserola con vistas al horizonte de Barcelona

La Torre Collserola con vistas al horizonte de Barcelona / Istock

La mejor época depende de lo que se busque: febrero, coincidiendo con la Fira de la Candelera, es el momento de ver el pueblo volcado en la calle; primavera y otoño son las estaciones ideales para el senderismo en la sierra, cuando el bosque mediterráneo enseña su mejor cara sin el calor pesado del verano.