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El refugio de El Gran Wyoming (71 años) es un pueblo marinero de A Coruña de apenas 3.000 habitantes: "Son pueblos pequeños, que todavía no están masificados. Esto a mí es lo que me va"

En este rincón de la Costa da Morte nadie le pide fotos con un folio bajo el brazo, y eso, después de veinte años en prime time, es un lujo que no se compra en ningún resort.

Pueblos pequeños y poco masificados, esa es la pasión del presentador y este, su refugio.

Pueblos pequeños y poco masificados, esa es la pasión del presentador y este, su refugio. / Istock

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El Intermedio cumple veinte años en antena en 2026, y su presentador, El Gran Wyoming, ha empezado a hablar en público de algo que hasta hace poco parecía impensable: la jubilación. A los 71 años, con una carrera que arrancó en la radio de los ochenta y que pasó por Caiga quien caiga antes de instalarse en La Sexta, el hombre que cada noche se sienta frente a millones de espectadores tiene un lugar donde nadie espera nada de él más allá de que pida bien el marisco. Ese lugar es un municipio de apenas 3.000 habitantes en la provincia de A Coruña, al que lleva volviendo veranos y veranos, mucho antes de que cualquier cámara de televisión regional decidiera seguirle hasta allí. 

El pueblo donde mejor se come de Galicia es todavía un desconocido: marisco, hórreos frente al mar y un litoral salpicado de leyendas

Adriana Fernández

El contraste es evidente en cuanto se le escucha hablar del sitio. "Son pueblos pequeños, que todavía no están masificados. Esto a mí es lo que me va", contaba en una entrevista concedida a La Voz de Galicia durante unas de sus vacaciones en la Costa da Morte. No hay ironía ni pose en esa frase: es la explicación más directa posible de por qué alguien que podría permitirse cualquier destino de lujo elige, año tras año, un tramo de costa gallega famoso históricamente por sus naufragios y hoy por su belleza intacta. 

Vista desde "El mejor banco del mundo" en Loiba, A Coruña

Vista desde "El mejor banco del mundo" en Loiba, A Coruña / Istock

Laxe y sus playas: el arenal que no necesita maquillarse

La Praia de Laxe es la postal que cualquiera esperaría de un pueblo marinero bien conservado: cerca de 1,5 kilómetros de arena blanca, agua atlántica fría de verdad y Bandera Azul que certifica lo que ya se ve a simple vista. Es la playa urbana de referencia de toda la comarca de Bergantiños, y en agosto tiene su movimiento, familias con sombrilla y niños entrando y saliendo del agua, pero nunca llega a esa saturación que convierte otros arenales españoles en un hormiguero. Se puede caminar por ella de punta a punta sin tener que esquivar constantemente a nadie, algo que en pleno verano ya es en sí mismo un lujo raro. 

Praia de Laxe, Costa da Morte

Praia de Laxe, Costa da Morte / Istock

Pero lo que distingue a Laxe de cualquier otro pueblo de la costa atlántica gallega no está en su playa principal, sino escondido a pocos minutos: la Praia dos Cristais. Es una cala pequeña, de acceso algo escondido, donde en vez de arena hay miles de fragmentos de vidrio pulido en tonos verdes, blancos y ámbar. No es cristal mineral ni una rareza geológica: son los restos de un antiguo vertedero de botellas que el mar ha trabajado durante décadas hasta limar cada arista y convertirlos en piedras suaves de aspecto casi de joyería. El resultado es uno de los rincones más fotografiados de toda la Costa da Morte, y también uno de los más incomprendidos, porque quien no conoce la historia puede pensar que está pisando basura cuando en realidad está pisando el trabajo paciente del océano sobre lo que en su día fue un problema medioambiental. 

Playa de los Cristales, Laxe

Playa de los Cristales, Laxe / Istock

La Costa da Morte, un territorio que no cabe en un día

Laxe es solo la puerta de entrada a algo mucho más grande. El municipio forma parte de la cuarta etapa del Camiño dos Faros, la ruta senderista de unos 200 kilómetros que recorre a pie toda la Costa da Morte entre Malpica de Bergantiños y Fisterra, y el faro de Laxe —construido en 1920 sobre los acantilados, con vistas al Monte Branco y a la ría— es uno de los tramos más accesibles para quien quiera iniciarse sin comprometerse a la ruta entera. Wyoming lo ha dejado claro en varias entrevistas: "Siempre me doy palizas buenas de andar kilómetros. Todos los veranos me hago rutas por ahí", y no exagera, porque el paisaje que atraviesa esa ruta —acantilados, furnas, playas casi vacías— es de los que justifican cualquier ampolla. 

Faro del Cabo de Finisterre, Costa da Morte, Galicia

Faro del Cabo de Finisterre, Costa da Morte, Galicia / Istock / v

A pocos kilómetros, la oferta se multiplica. El Cabo Vilán levanta uno de los faros más espectaculares de toda la costa gallega sobre un acantilado vertical al Atlántico, con un pequeño museo dedicado a los naufragios que dieron nombre a esta costa. Muxía ofrece el santuario da Virxe da Barca, sobre las rocas, un final alternativo del Camino de Santiago con una carga emocional muy distinta a la de Fisterra. Y a unos 45 minutos aparece la Cascada do Ézaro, donde el río Xallas desemboca directamente al mar en cascada, un fenómeno único en toda Europa continental. Si a esto se suma Camariñas, capital del encaje de bolillos declarado de Interés Turístico, o Roncudo, uno de los puntos de percebe más reputados de Galicia, queda claro que la Costa da Morte no se agota en una excursión de un día: pide, como mínimo, una semana entera. 

Faro de Tourinan en Muxía, costa gallega

Faro de Tourinan en Muxía, costa gallega / Istock

Cómo llegar, dónde comer y cuándo ir

Llegar hasta aquí exige algo de planificación, y eso también forma parte de su encanto. Lo más práctico es volar hasta Santiago de Compostela o A Coruña y alquilar un coche, con un trayecto de una hora y media aproximadamente hasta Laxe; no hay transporte público directo desde Santiago, así que el coche es prácticamente obligatorio. Desde Madrid, la opción por carretera ronda las 7 horas, un viaje largo que muchos gallegos y visitantes fieles convierten en parada técnica con final feliz en la costa. El municipio está a unos 75 kilómetros de A Coruña y unos 90 de Santiago, cifras que varían ligeramente según la fuente pero que sitúan siempre a Laxe a poco más de una hora de las dos grandes ciudades gallegas. 

Catedral de Santiago de Compostela

Catedral de Santiago de Compostela / Istock

En materia gastronómica, la Costa da Morte no defrauda: percebes recién sacados de las rocas más batidas, marisco de lonja que llega directo a los restaurantes del pueblo y, en temporada, un marmitako que resume perfectamente la filosofía culinaria de la zona. "Aquí hay una materia prima espectacular, entonces hay que aprovechar. Hoy tenemos marmitako", resumía el propio Wyoming, que además de senderista y presentador es cocinero aficionado declarado. Conviene verificar la vigencia de cada establecimiento antes de planificar la ruta, porque en un pueblo de este tamaño los negocios cambian con más frecuencia que en una gran ciudad.

Vista de la Catedral de Santiago de Compostela

Vista de la Catedral de Santiago de Compostela / Istock

La mejor época para visitar va de junio a septiembre, con julio y agosto algo más concurridos pero lejos de resultar agobiantes, y la Semana Santa como alternativa tranquila para quienes prefieren hacer el Camiño dos Faros sin compañía.