El refugio de Ferran Adrià (64 años) es una cala de la Costa Brava donde revolucionó la cocina: "En 12 años en elBulli ha habido dos días importantes: el día del cierre, y hoy"
En una punta del Cap de Creus hay una cala de arena oscura donde un cocinero de L'Hospitalet decidió, hace más de cuarenta años, que no se iba a mover jamás.

Esta pequeña cala guarda algunos de los momentos más iportantes en la trayectoria del chef Michelín. / Istock
El pasado 8 de julio, en el podcast The Wild Project de Jordi Wild, alguien le preguntó a Ferran Adrià cuál era su plato favorito. La respuesta llegó sin rodeos: "Si tengo que escoger un plato favorito, seguramente escogería una centolla". La frase tiene su gracia si uno recuerda quién la dice: el hombre que creó 1.846 platos, que inventó la esferificación y convirtió una cocina de la Costa Brava en el laboratorio gastronómico más influyente del siglo XX, elige por encima de todo un marisco que apenas necesita cocinero. En la misma entrevista añadió otra pista sobre sus gustos, esta vez en negativo: "Lo único que no me gusta es cuando la paella o la fideuá llevan pimiento". Nada de teatralidad, nada de discurso construido. Es la respuesta de alguien que ha pasado media vida rodeado de la cocina más sofisticada posible y que, al final del día, prefiere el producto sin intervenir.

Adriana Fernández
Adrià tiene 64 años. Vive entre un apartamento de 50 metros cuadrados en la Plaza de España de Barcelona y una casa en Cala Montjoi, la ensenada de la Costa Brava donde estuvo elBulli. No tiene carnet de conducir, va a pie por Barcelona sin que nadie lo reconozca, y cuando el mundo entero quería llevarse su nombre a otro continente, él decidió quedarse en esa misma cala del norte de Girona donde empezó todo en 1983. Esa combinación, el genio de la cocina más compleja que existió y el hombre que prefiere una centolla sin artificios, es la clave para entender por qué esta cala sigue siendo, cuarenta años después, su sitio en el mundo.

Mesas en la terraza de El Bulli / Istock
Una cala de 270 metros que cambió la cocina del mundo
Cala Montjoi tiene forma de media luna, arena gruesa y oscura, y está a siete kilómetros de Roses dentro del Parc Natural del Cap de Creus. Ahí, en agosto de 1983, un chico de 21 años que había llegado desde el servicio militar en Cartagena entró a trabajar como stagier en un restaurante que entonces todavía no era nada especial. Desde 1984 fue jefe de cocina, y a partir de ahí el lugar y el cocinero se fueron transformando juntos hasta convertirse en el fenómeno que llenó las portadas del New York Times y Le Monde y que ganó tres estrellas Michelin en 1997.

Embarcaciones cerca de Cala Montjoi en el Parque Natural del Cap de Creus en la Costa Brava / Istock
El restaurante se llamó elBulli hasta que cerró como tal el 30 de julio de 2011, con más de dos millones de solicitudes de reserva al año para solo ocho mil cubiertos. Adrià había decidido que, en lugar de seguir sirviendo mesas, quería investigar sin la presión de la cocina diaria: "En el restaurante no tenemos tiempo para investigar, tenemos que crear platos", explicó entonces. Nació elBulli Foundation, y con ella llegaron ofertas para llevarse el proyecto a Qatar y a Singapur. Adrià las rechazó. Prefirió construir la nueva sede en la misma cala donde había pasado cuarenta años, con su mujer Isabel, que también trabaja en la fundación, viviendo a su lado.

Restaurante El Bulli / Istock
El resultado se inauguró el 15 de junio de 2023: elBulli1846, un museo de 4.000 metros cuadrados con 69 instalaciones artísticas y audiovisuales repartidas por el mismo edificio donde estuvo la cocina y el comedor originales.
Ese día, Adrià lo resumió así: "Hoy cierro personalmente una etapa; el Bulli, no. En 12 años ha habido dos días importantes: el día del cierre, el 30 de julio de 2011, y hoy". Entrar hoy en elBulli1846 no es entrar a comer —el titular del artículo habla de "restaurante" en sentido histórico, porque como negocio de mesas cerró hace quince años—, es caminar por los archivos de los 1.846 platos que un equipo creó entre 1984 y 2011, y sentir que uno pisa el lugar donde nació una manera entera de entender la cocina. La visita dura entre dos y tres horas, cuesta 27,50 euros, y en 2026 abre de martes a sábado, del 1 de mayo al 12 de octubre. Conviene reservar online con antelación, porque las plazas se agotan.
El Cap de Creus, Cadaqués y el paisaje que enmarca la cala
La forma más honesta de llegar a Cala Montjoi es caminando por el Camí de Ronda, el sendero que recorre toda la costa desde Roses entre acantilados y calas escondidas durante dos o tres horas de mar abierto a un lado y monte pirenaico al otro. Quien prefiera el coche llega en veinte minutos por una carretera estrecha y con curvas que serpentea entre pinos hasta desembocar en la arena oscura de la cala.

Llançà-Costa Brava / Istock
Un poco más allá, el Cap de Creus marca el punto donde la Península Ibérica termina de verdad frente al Mediterráneo: rocas volcánicas moldeadas durante siglos por la tramontana, un faro y una reserva marina que Dalí consideraba el paisaje más surrealista que existe. A quince o veinte kilómetros está Cadaqués, con sus casas blancas y persianas azules, y la Casa-Museo Salvador Dalí en Port Lligat, donde el pintor vivió y trabajó durante décadas y que se visita solo con reserva previa.
- Paco es alcalde, policía y personal de mantenimiento de una aldea donde vive completamente solo: 'He elegido quedarme aquí porque amo la naturaleza
- El refugio de Vicente Vallés (63 años) está en las Islas Afortunadas: 'Es una preciosidad. Es como un pequeño continente
- Las raíces de Emilio Aragón (67 años) están en un pueblo de Sevilla al que su padre Miliki dedicó su primera canción: tiene una puerta que resistió a cartagineses, romanos y árabes
- Tirso vive en un pueblo del Pirineo sin cobertura ni servicios y a una hora del médico: 'Es peor la soledad de las ciudades que la de los pueblos
- Nacieron en el mismo lugar, pero solo uno se quedó: las raíces separadas de Kira Miró (46 años) y Salva Reina (48 años) están en 'el continente en miniatura', Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad
- La casa que Cristiano se construyó para retirarse tiene playa privada: la finca de Cascais con una suite de 300 metros y en una de las zonas más exclusivas del país
- El pueblo español donde nació el primer hombre que dio la vuelta al mundo es perfecto para recorrer a pie: un monte con forma de ratón, txakoli y un casco medieval junto al mar
- El refugio mallorquín donde Cristiano y Georgina se alojaron tras el Mundial: una fortaleza de 1715 con foso, 15 hectáreas frente a la bahía de Pollença y estancias que rondan los 12.000 euros por noche