El refugio discreto de Mikel Merino (30 años) está en Navarra: tiene poco más de 200 habitantes y guarda una joya medieval del siglo XVI
A diez minutos de Pamplona, entre iglesias medievales y campos que nadie fotografía, hay dos aldeas que explican mejor que cualquier vestuario de Premier League quién es en realidad uno de los futbolistas del momento.

No es el pueblo donde nació, es el lugar donde siempre regresa. / Istock
Esta noche, a las nueve, medio país dejará de respirar durante hora y media. España se juega ante Francia un billete a la final del Mundial, y el nombre que más se repite en las quinielas de los bares no es el de una estrella mediática, sino el de un centrocampista que hace apenas unas semanas jugaba con el pie recién recuperado de una fractura por estrés, dudando si llegaría siquiera a pisar el césped americano. Pero Mikel Merino llegó.

Redacción Viajar
Entre partido y partido, mientras el resto de España seguía su pulso desde el sofá, su mujer y su hijo de dos meses cruzaban el Atlántico para reencontrarse con él. Porque en medio de todo esto hay un futbolista que, preguntado por lo que siente jugando el Mundial de su vida, respondió algo que no suena a titular de prensa deportiva sino a otra cosa: que sigue siendo el mismo chaval de Tajonar.

Entorno y alrededores de Pamplona / Istock
Tajonar no es un lugar que aparezca en los mapas turísticos de Navarra. Tampoco Elcano, la aldea vecina donde Merino dice perderse cuando necesita desconectar. Son dos concejos rurales de menos de trescientos habitantes cada uno, a diez kilómetros de Pamplona, que llevan siglos funcionando igual: con sus iglesias medievales, sus plazas de piedra y ese ritmo que la capital foral tiene tan cerca y, sin embargo, tan olvidado.

Aranguren, Navarra / Wikicommons / Patxi Txokarro - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=107172857
Tajonar, la aldea que lo formó
Hay algo casi literal en la idea de crecer pegado a un campo de fútbol. En Tajonar, concejo del municipio de Aranguren con poco más de trescientos vecinos, la Ciudad Deportiva de Osasuna ocupa buena parte del paisaje cotidiano, y ahí, entre esas instalaciones, se formó un chaval cuyo padre, Miguel Merino Torres, ya había vestido de rojo antes que él. Su padre es exfutbolista y exdirector deportivo de la Federación Navarra, mientras que su madre, Maite Zazón, jugadora de baloncesto en el CBN.

Calles de Tajonar / Wikicommons / Patxi Txokarro - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=107173439
El resto del concejo, mientras tanto, sigue girando alrededor de la iglesia de San Emeterio y San Celedonio, una construcción protogótica del año 1200 reformada en el siglo XVI, el edificio más antiguo de la zona y testigo silencioso de generaciones enteras de este valle. Cuando Merino salió de Osasuna en 2016 rumbo al Borussia Dortmund, dejó una carta de despedida que decía que se marchaba dejando atrás muchos años en los que solo había defendido un color: el rojo.

Iglesia de Tajonar / Wikicommons / Patxi Txokarro - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=107173397
Elcano y el resto del territorio
A pocos minutos en coche, ya dentro del Valle de Egüés, aparece Elcano, un concejo de apenas doscientos habitantes que Merino eligió sin dudar cuando le preguntaron, en un test personal, por un lugar donde perderse. No hace falta mucho para entender por qué: la Iglesia de la Purificación, levantada entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, guarda bóvedas góticas y un retablo mayor dedicado a la Presentación de Jesús en el templo, además de piezas de los siglos XVI y XVII que pocos visitantes de Pamplona llegan a conocer. La plaza del pueblo, rodeada de casas de piedra, sigue cumpliendo la función que ha tenido siempre: ser el centro de la vida vecinal, sin más pretensiones.

Iglesia de Elcano / Wikicommons / Patxi Txokarro - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=107255433
Pamplona, a diez kilómetros, funciona como puerta de entrada natural a todo este territorio: la Ciudadela renacentista del siglo XVI, la Catedral gótica de Santa María, el Museo de Navarra y, sobre todo si el viaje coincide con estas fechas de julio, los Sanfermines, declarados Fiesta de Interés Turístico Internacional. No es casualidad que Merino celebrara también aquí uno de los momentos más importantes de su carrera: el gol que le dio a España la Eurocopa 2024 ante Alemania llegó justo el 14 de julio, el día de San Fermín. Y un poco más lejos, a unos 43 kilómetros, Olite completa el itinerario personal del futbolista: fue en este pueblo, con su imponente Palacio Real de los siglos XIV y XV, uno de los conjuntos medievales más espectaculares de Europa, donde Merino celebró en 2024 la fiesta de su boda con la modelo navarra Lola Liberal, tras la ceremonia en la parroquia de San Nicolás de Pamplona.

Catedral gótica de Santa María, Pamplona / Istock / Giuseppe Anello
Cómo organizar la visita
Llegar hasta aquí es más sencillo de lo que parece. Pamplona tiene vuelos directos desde Madrid de poco más de cincuenta minutos, y también se puede llegar en coche en unas cuatro horas, o en tren, con un trayecto de alrededor de cuatro horas y media. Una vez en la capital foral, Tajonar y Elcano quedan a diez o quince minutos en coche, lo que permite visitar ambos concejos en la misma mañana, dedicar la tarde a Pamplona y reservar el día siguiente para Olite y su palacio.
La gastronomía navarra pone el resto: menestra de verduras de la huerta, pimientos del piquillo, cordero al chilindrón y los vinos de la Denominación de Origen Navarra, que se pueden encontrar tanto en Pamplona como en Olite. En cuanto a la época, julio tiene el atractivo añadido de San Fermín, aunque la primavera y el otoño ofrecen un contacto más tranquilo con el paisaje rural navarro; los dos concejos, en cualquier caso, se visitan bien en cualquier estación del año.
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