El refugio de Cristina Pardo (48 años) es un pueblo zaragozano de 2.000 habitantes al que llama su "casa espiritual": "Allí disfruto de las vistas de siempre"
Tras veinte años en laSexta, la periodista navarra afronta su salto a Antena 3 sin perder su ancla: Maella, el pueblo zaragozano de su padre, en el Bajo Aragón-Caspe.

El refugio de Cristina Pardo es un pequeño pueblo en el que se siente como en casa. / Ayuntamiento de Maella
Para muchos espectadores, la voz de Cristina Pardo es la de alguien que pregunta lo que otros no se atreven y que no deja pasar una frase hecha sin un comentario de por medio. Nacida en Pamplona en 1977, estudió periodismo en la Universidad de Navarra y se foguearon su estilo y su oído en la radio, en La Mañana de Cadena COPE junto a Antonio Herrero. De ahí dio el salto a la televisión y, ya en laSexta, sustituyó a Ferreras en Al Rojo Vivo y se convirtió en una de las voces habituales de La Sexta Noche. En 2018 estrenó programa propio, Liarla Pardo, y desde 2017 es una de las tertulianas fijas de El Hormiguero, donde cada jueves analiza la actualidad junto a Pablo Motos, Tamara Falcó, Nuria Roca y Juan del Val.

Torre del reloj de Maella, el pueblo de Cristina Pardo. / Ayuntamiento de Maella
Desde 2021 presentaba Más vale tarde junto a Iñaki López, el programa que la consolidó como una de las caras de referencia de la cadena. Pero tras veinte años en laSexta, Pardo se ha despedido hace poco de ese plató para iniciar una nueva etapa en el prime time de Antena 3, un movimiento que ha copado titulares en las últimas semanas. Y es precisamente ahora, en plena mudanza profesional, cuando vuelve a sonar un nombre que repite cada vez que necesita parar: Maella, un pueblo de apenas 2.000 habitantes en el Bajo Aragón-Caspe zaragozano donde, lejos de cámaras, dice encontrar su sitio.

Adriana Fernández
"La hija de Javier"
El vínculo no es casual ni reciente. Javier Pardo, el padre de la periodista, es de Maella —patólogo jubilado y, en los últimos años, también escritor— y allí sigue teniendo a buena parte de su familia. Pardo ha hablado de él con cariño más de una vez, incluso ha contado en plató cómo le sorprendió con uno de sus libros, Asesinato de un Borbón, basado en la historia real de una vecina de Maella que se enamoró de un Borbón ilegítimo y se marchó con él a París, donde acabó envuelta en un suceso que terminó en juicio. Ese hilo familiar es el que, según se ha contado, hace que en el pueblo la conozcan sobre todo como "la hija de Javier".

Calles de Maella. / Ayuntamiento de Maella
La propia Pardo ha definido Maella como su "casa espiritual", el lugar al que vuelve cuando puede y donde dice disfrutar de "las vistas de siempre". De hecho hace algunos años fue la encargada de dar el pregón de las fiestas de San Lorenzo, un honor que la emocionó especialmente por no haber nacido allí. "Toda la familia de mi padre es de Maella, y no deja de ser un reconocimiento para una persona que no nació aquí, pero que ha venido siempre que ha podido", dijo entonces desde el balcón del ayuntamiento. Nada de glamour en lo que busca cuando llega: pasear por el pueblo, sentarse en la plaza, dejar pasar las horas mirando un paisaje que conoce de memoria.
Un pueblo partido por el Matarraña
El río Matarraña atraviesa Maella y prácticamente la divide en dos mitades, dejando a su paso meandros y pozas que en primavera se llenan de bañistas de la zona. Sobre una loma que el propio río recorta por el este se levantan las ruinas del castillo de los Pérez de Almazán, con sus muros y torreones semicirculares todavía en pie a pesar del abandono. En el casco urbano conviven dos iglesias de interés: la parroquial de San Esteban, de origen románico, con su nave de bóveda apuntada y su espadaña de tres huecos, y la de Santa María, levantada en el siglo XIV y cedida en 1610 a los franciscanos. La Torre del Reloj, construida en distintas etapas —primero románica y después mudéjar—, completa la estampa del pueblo desde cualquier mirador cercano.

Castillo de los Pérez de Almazán / Ayuntamiento de Maella
Maella es también la cuna del escultor Pablo Gargallo, nacido aquí en 1881, y su casa natal puede visitarse convertida en museo. A las afueras, camino de Fabara, quedan los restos del monasterio trapense de Santa Susana, mientras que la ermita de Santa Bárbara, que empezó a construirse en 1759 con limosnas de los propios vecinos, sigue siendo punto de romería. Cada 10 de agosto, el pueblo se vuelca en las fiestas de San Lorenzo, las mismas que un día tuvieron a Cristina Pardo como pregonera.
Cómo llegar y qué probar
Maella queda a poco más de 120 kilómetros de Zaragoza, por la N-232 hasta Quinto de Ebro y después la A-221 en dirección a Caspe, capital de la comarca, de la que el pueblo está separado por apenas 20 kilómetros. Esa cercanía lo convierte en una parada lógica dentro de cualquier ruta por el Bajo Aragón-Caspe o por el cercano Matarraña, encadenando otros pueblos junto al río como Fabara o Nonaspe.

Iglesia de Santa Maria, Maella / Ayuntamiento de Maella
Quien se acerque hasta aquí debería reservar tiempo para sentarse a comer, porque Maella tiene plato propio: la sartanè, un guiso contundente de arroz, patatas, verduras y carne —costilla de cerdo, conejo o pollo— que se cocina en una sartén honda a fuego de leña y que cada año protagoniza un concurso entre cuadrillas del pueblo. Para probarlo, o simplemente para comer bien sin complicaciones, el Restaurante El Guijarro, en la avenida de Aragón, es una opción de toda la vida, con menú diario y una carta que no se aparta de la cocina tradicional aragonesa.
Y para llevarse algo a casa, Maella combina dos sellos de calidad que pocos pueblos pueden presumir de tener a la vez: forma parte de la Denominación de Origen Aceite del Bajo Aragón, con una producción anual en torno a 1.200 toneladas, y también está dentro de la zona de la DOP Melocotón de Calanda, con cooperativas certificadas como la Cooperativa del Campo San Lorenzo o la Frutícola Maellana. Aceite y melocotón, los dos productos que mejor resumen el campo que rodea este pueblo del Bajo Aragón, el mismo que Cristina Pardo elige cuando quiere desconectar de todo.
- El pueblo de 350 habitantes ideal para escapar del calor: en el corazón del Valle del Roncal, cerca de la frontera con Francia, está rodeado de infinidad de rutas de senderismo
- El refugio de Juan del Val y Nuria Roca (55 y 54 años) es un pueblo abulense donde sueñan con envejecer: 'Esta casa es mi lugar favorito del mundo ahora mismo
- El refugio de Rosario Flores (62 años) es una pedanía gaditana de 480 habitantes: caminos de tierra, dunas vírgenes y el Faro de Trafalgar como único vecino en el horizonte
- El refugio de Rozalén (40 años) es el 'pueblo de las cascadas' al que ha vuelto a vivir tras frenar su carrera: 'Necesito estar en mi pueblo, con la gente que quiero
- El refugio de Sandra Barneda (50 años) es el pueblo de su padre, escondido en el Empordà: 'He pasado muchos veranos de mi vida aquí; le tengo un gran cariño
- El pueblo de Girona con una playa de agua dulce en plena montaña: casas de piedra, balcones de madera y uno de los rincones más refrescantes del Pirineo catalán
- El pueblo de 800 habitantes en Asturias ideal para huir del calor extremo: conocido por su tradición quesera, conserva una iglesia de origen románico y sirve como puerta de entrada a los Picos de Europa
- El refugio de Malú (44 años) en verano es un maravilloso pueblo de origen medieval: en el corazón de la Sierra de Gredos, tiene un impresionante patrimonio histórico y un castillo del siglo XV