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El refugio de Anabel Pantoja (40 años) es un pueblo marinero de Gran Canaria con el mejor clima de Europa: tiene una colonia noruega que lo eligió como su segundo hogar

Entre el Atlántico y el volcán, hay un rincón del sur de Gran Canaria donde el termómetro apenas se mueve y, en días despejados, se adivina la silueta del Teide. Ahí, en Arguineguín, ha construido su vida Anabel Pantoja.

Anabel ha hecho de este municipio isleño un hogar donde quedarse.

Anabel ha hecho de este municipio isleño un hogar donde quedarse. / Istock

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La sevillana cumplió 40 años el pasado 15 de julio, y los celebra instalada en la rutina que ella misma eligió hace ya varios años: la de un pueblo pesquero, junto a su pareja, el fisioterapeuta cordobés David Rodríguez, y su hija Alma. Arguineguín le ofrece algo que pocos destinos turísticos pueden igualar: un clima que los científicos sitúan entre los más estables de Europa y un paisaje volcánico que cambia según la luz.

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El clima que enamoró a media Escandinavia

Hay pueblos que se descubren por casualidad y otros que se eligen con método, y Arguineguín pertenece claramente al segundo grupo. Su posición en el suroeste de Gran Canaria, resguardada de los vientos alisios más intensos por la propia orografía de la isla, le regala un clima excepcionalmente durante los doce meses del año: temperaturas suaves en invierno, calor moderado en verano y una humedad muy controlada que explica por qué la zona se ha ganado la fama que ostenta.

La postal se completa en la playa de Las Marañuelas, 400 metros de arena de origen volcánico que se despliegan junto al puerto pesquero, con ese color oscuro tan característico de las costas canarias que nace directamente de la actividad geológica de la isla. Y en los días de cielo limpio, mirando hacia el norte, el paisaje regala un premio inesperado: la figura del Teide asomando sobre el horizonte marino, recordatorio de que Tenerife está más cerca de lo que parece.

Playa de Arguineguin en Gran Canaria, Islas Canarias

Playa de Arguineguin en Gran Canaria, Islas Canarias / Istock

Ese equilibrio no ha pasado desapercibido. Gran Canaria recibe cada año a más de medio millón de turistas noruegos, la mayoría concentrados precisamente en el sur de la isla, y este municipio se ha convertido en uno de sus puntos de referencia: hablamos de una de las colonias extranjeras más longevas de toda Canarias, gente que no viene de vacaciones una vez y no vuelve, sino que repite temporada tras temporada, muchos con vivienda propia en la zona.

Puerto de Arguineguin

Puerto de Arguineguin / Istock / Tono Balaguer

De la sal al turismo nórdico: la otra vida de Arguineguín

Antes de las sombrillas y los apartamentos con vistas al mar, Arguineguín vivía del atún. A principios del siglo XX, el pueblo albergaba varias factorías de salazón que procesaban las capturas de una flota pesquera que durante décadas fue el verdadero motor económico de la zona. Esa vocación marinera dejó una huella que todavía puede rastrearse en el puerto, donde las barcas de pesca conviven con embarcaciones de recreo sin que una actividad haya desplazado del todo a la otra.

Playa de Arguineguín al atardecer

Playa de Arguineguín al atardecer / Istock / INIGO ARZA

El origen del propio nombre sigue envuelto en cierto misterio: aparece ya citado en Le Canarien, la crónica normanda que recoge algunos de los topónimos más antiguos de Gran Canaria, junto a otros como Telde o Agüimes. Varios investigadores apuntan a un origen prehispánico y han señalado similitudes con nombres geográficos de la costa noroccidental africana, lo que sugiere —sin que se trate de una certeza cerrada— un posible parentesco con lenguas bereberes.

Fue ese pueblo pesquero el que décadas después empezó a llamar la atención de los primeros visitantes que buscaban huir del invierno del norte de Europa, hasta que el turismo estacional se transformó con los años en algo más parecido a una segunda residencia colectiva: calles con carteles en noruego, comercios que atienden en varios idiomas y una convivencia entre vecinos canarios y nórdicos que ha terminado dándole a Arguineguín una identidad propia, mestiza, que no se encuentra en otros puntos de la isla.

Cómo llegar, qué ver y qué comer en Arguineguín

Arguineguín se sitúa en el suroeste de Gran Canaria, muy cerca de Puerto Rico y Patalavaca, dos de los enclaves turísticos más consolidados del sur de la isla, a poco más de media hora en coche desde el aeropuerto de Gran Canaria. La mejor forma de conocerlo es caminando: empezar por el puerto pesquero, donde todavía se puede ver descargar el pescado del día, seguir hasta la playa de Las Marañuelas para disfrutar de su arena volcánica, y buscar, ya al atardecer, alguno de los pequeños miradores del pueblo desde los que, si el día acompaña, se distingue el Teide recortado sobre el mar.

Arguineguin, Gran Canaria

Arguineguin, Gran Canaria / © Turismo de Canarias 2026

La parada gastronómica es casi obligada. La tradición atunera del pueblo se mantiene viva en su cocina, y el pescado fresco de lonja sigue siendo la gran razón para sentarse a comer aquí. Apolo XI, en la avenida de los Pescadores, es una referencia local por su producto fresco y su gofio escaldado, con vistas directas al mar. Muy cerca, Los Pescaitos ha construido su reputación sobre la especialización en pescado y marisco, con una terraza junto a una piscina natural que convierte cualquier comida en un pequeño ritual del atardecer. En ambos casos, el pescado del día y la paella de marisco son la apuesta segura.