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El refugio de Ana Rosa Quintana (70 años) es la ciudad que nació del exilio de Gibraltar en 1704 y todavía guarda sus archivos originales: "Es un lugar precioso, además de tranquilo"

En 1704 un grupo de vecinos cargó lo que pudo salvar de una ciudad que perdían para siempre. Trescientos años después, esos archivos originales siguen guardados a apenas unos metros de donde ella pasa el verano.

El refugio de Ana Rosa Quintana es uno de los lugares más exclusivos del sur de España.

El refugio de Ana Rosa Quintana es uno de los lugares más exclusivos del sur de España. / Istock

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Hay una piedra, en el interior de un edificio neoclásico del siglo XIX, con una frase tallada a mano: "Aquí lloré a Gibraltar". La escribió Bartolomé Luis Varela, uno de los cientos de vecinos que en 1704 tuvieron que abandonar el Peñón tras la toma de la flota angloholandesa, cargando con lo poco que se pudo salvar: algunos documentos municipales, unas cuantas imágenes religiosas y...poco más.

Se instalaron en un cerro del Campo de GIbraltar, junto a una ermita desde la que reconstruyeron una identidad entera que habían perdido. Esos archivos, los del Ayuntamiento y la parroquia de GIbraltar que se remontan al siglo XVI, nunca salieron de allí. Siguen conservados hoy, más de tres siglos depués, a pocos minutos en coche de una de las urbanizaciones más lujosas y deseadas del sur de Europa.

Sotogrande es su refugio personal.

Sotogrande es su refugio personal. / Istock

Una urbanización en la que Ana Rosa Quintana lleva veraneando casi treinta años. Empezó a hacerlo cuando buscaba, dijo entonces, "unir veraneo y deporte" para su hijo mayor, todavía niño. Desde entonces ha vuelto cada verano, con casa propia en la urbanización desde hace más de una década. Lo que probablemente no sepa cada turista que pasea por sus calles arboladas es que el municipio al que pertenece esa urbanización existe, literalmente, porque una ciudad entera decidió no desaparecer. Su personalidad se percibe con su escudo, que lleva un lema que resume toda la historia en una línea: "donde reside la de Gibraltar".

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El pueblo que se llevó Gibraltar a cuestas

La fundación oficial de San Roque, con la constitución de su primer Ayuntamiento, es del 21 de mayo de 1706. Aunque el asentamiento arrancó antes, nada más producirse el éxodo de 1704. Los exiliados no llegaron con las manos vacías del todo: entre lo que consiguieron rescatar estaban los archivos municipales y eclesiásticos de Gibraltar, con documentación que cubre desde el siglo XVI hasta el momento de la pérdida, además de varias imágenes religiosas de los siglos XV al XVII. Todo ese patrimonio sigue en San Roque. El Archivo Histórico Municipal custodia hoy los papeles del Ayuntamiento gibraltareño de 1502 a 1704, y la iglesia de Santa María La Coronada (la parroquia principal del casco histórico, declarada Conjunto Histórico-Artístico desde 1975) conserva tanto las imágenes traídas desde el Peñón como los libros parroquiales originales.

Vista de San Roque con el Peñón de Gibraltar al fondo.

Vista de San Roque con el Peñón de Gibraltar al fondo. / Ramaroli | Wikicommons

La bandera del municipio es prácticamente un calco de la actual bandera de Gibraltar, con la única diferencia de una corona española añadida. Y en la antigua casa consistorial, un edificio neoclásico del XIX, sigue esa inscripción de Varela que resume mejor que cualquier placa conmemorativa lo que supuso el exilio: una frase corta, sin adornos, grabada por alguien que estaba llorando de verdad. Es precisamente ese contraste, entre la solemnidad institucional del lema oficial y el desgarro, lo que convierte su casco histórico en uno de los más interesantes de la zona.

Palacio de los Gobernadores, San Roque

Palacio de los Gobernadores, San Roque / Asterion | Wikicommons

Ana Rosa Quintana, que ha visto pasar tres décadas de veranos por esta zona, resumió su vínculo con el lugar de forma sencilla en una entrevista que concedió en 2023 para un medio local del pueblo: "Es un lugar precioso, además de tranquilo". No hablaba de la historia del exilio ni de los archivos: pero la frase encaja bien con lo que ofrece San Roque más allá de su lujosa urbanización: un sitio que combina el peso de una historia real con una vida cotidiana que sigue, casi tres siglos después, tranquila.

Ermita de San Roque.

Ermita de San Roque. / Asterion | Wikicommons

Golf de Ryder Cup, una colonia romana y la mesa

A pocos minutos de ese casco histórico está Sotogrande, la urbanización que McMicking, empresario filipino-español, empezó a levantar en los años sesenta sobre la antigua finca Paniagua. O lo que es lo mismo: una lujosa y exclusiva zona que se construyó alrededor de 1.300 hectáreas junto al mar. El campo de golf se inauguró en 1963, el club un año después, pero el hito que puso a la zona en el mapa deportivo mundial llegó en 1997: el Real Club Valderrama, diseñado por Robert Trent Jones, acogió esa temporada la primera Ryder Cup celebrada fuera de Estados Unidos o Reino Unido.

Campo de golf en Sotogrande.

Campo de golf en Sotogrande. / Istock

Pero el municipio guarda otra colonia mucho más antigua que cualquier torneo de golf. En el polígono de Guadarranque, junto a la Bahía de Algeciras, se conserva el yacimiento de Carteia: un asentamiento de origen fenicio del siglo VII antes de Cristo que en el año 171 a.C. se convirtió en la Colonia Libertinorum Carteia, la primera colonia latina fundada fuera de suelo itálico. Declarado Bien de Interés Cultural en 1968, su teatro conserva una cávea de 78 metros de diámetro y capacidad para unos 5.200 espectadores, comparable en escala al teatro romano de Mérida. Se puede visitar de miércoles a domingo, de diez de la mañana a dos de la tarde, con entrada gratuita y visita guiada.

Quien prefiera algo más contemporáneo tiene el torneo de polo del Santa María Polo Club, que Ana Rosa Quintana sigue como espectadora desde hace más de veinte años, o la playa de Torreguadiaro y el puerto deportivo, con su mercadillo dominical. Muy cerca queda también el Parque Natural de Los Alcornocales. Y para cerrar el día, la zona ha sumado este verano un reconocimiento gastronómico que no pasa desapercibido entre quienes siguen la Guía Repsol: el asador argentino La Criolla, en las instalaciones de San Roque Golf & Resort, incorporado a la publicación en julio de 2026 por su especialización en carnes a la parrilla al estilo argentino, bajo la dirección de Sergio Garbuglia y Daiana Martínez.