El refugio de Ana Belén (74 años) es un pueblo segoviano de 650 habitantes al que vuelve cada verano: "Mi patria de la infancia. Donde el mundo no es solo asfalto, sino que huele a campo y a lumbre"
De niña la llamaban "la hija de la Pilar". Hoy tiene una calle con su nombre. Ana Belén lleva décadas volviendo a Cabezuela, un municipio de la comarca de Sepúlveda donde guarda sus veranos más libres y la memoria de su abuela maestra.

El refugio de Ana Belén es un pequeño pueblo de Segovia que ya deberías conocer. / Getty Images
Pocos nombres en la cultura española cargan con tanto peso afectivo como el de Ana Belén. María del Pilar Cuesta Acosta nació en 1951 en la calle del Oso, en el Lavapiés más trabajador, hija de un cocinero del Hotel Palace y de una portera de finca. De ese origen humano y humilde salió una de las artistas más completas y queridas de las últimas décadas: actriz antes de los quince años en el Teatro Español, cantante que alcanzó los tres millones de oyentes en directo con "La puerta de Alcalá", directora de cine, Premio Nacional de Teatro y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Junto a Víctor Manuel —con quien lleva más de cincuenta años de vida y carrera compartidas— se convirtió en uno de los iconos más reconocibles de la Transición, cuando su música y su compromiso político eran casi la misma cosa.

Cabezuela, en Segovia. / Istock / JUAN ENRIQUE DEL BARRIO
Lejos de retirarse, Ana Belén sigue en los escenarios. En 2025 lanzó un nuevo álbum, "Vengo con los ojos nuevos", y recorrió más de treinta ciudades con la gira "Más D Ana". Ese mismo año se estrenó "Islas", su regreso al cine junto a Manu Vega. Una artista que lleva activa desde los doce años y que, sin embargo, tiene bien claro dónde se recarga: no en los grandes teatros, sino en un pueblo de 650 habitantes al norte de la provincia de Segovia al que ha vuelto cada verano desde que tiene uso de razón.

Adriana Fernández
"Allí era la hija de la Pilar"
Cabezuela está a 47 kilómetros de la capital segoviana, en la comarca de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. Era el pueblo de su padre Fermín. Allí vivía su abuela Matilde Bravo, que fue maestra de la escuela del pueblo, y allí pasó Ana Belén los veranos de su infancia y adolescencia, en una casa familiar que sigue en pie.
Lo que significa ese lugar para ella lo ha dicho la propia artista sin rodeos: Cabezuela es su "patria de la infancia", ese lugar donde descubrió que "el mundo no es solo asfalto, sino que huele a campo y a lumbre". En una entrevista para Castilla y León Televisión fue aún más directa: para ella es un rincón lleno de magia y significado al que "siempre me gustó venir con mi familia". Y en declaraciones recogidas por TheObjective, recordó que la llegada al pueblo traía consigo una sensación de libertad que no encontraba en Madrid: "Ir al pueblo era volver a lo esencial. Allí era 'la hija de la Pilar', y me encantaba esa sensación de no ser nadie más que eso."

Casa consistorial de Cabezuela / Wikicommons | Rastrojo
Esa figura anónima, de niña de pueblo, la equilibraba con la otra vida, la de Madrid y los escenarios. Mientras en la capital descubría la vida de barrio, en Cabezuela aprendía a observar la naturaleza, a escuchar historias familiares y a disfrutar de una libertad que difícilmente encontraba en la ciudad. La casa de la abuela Matilde, maestra y lectora, fue también el primer contacto de la futura artista con los libros.
El pueblo no olvidó esos veranos. Cabezuela le tiene dedicada una calle, y en alguna edición de sus fiestas patronales en honor al Cristo del Humilladero, la propia Ana Belén llegó a dar el pregón. En una de esas ediciones, arrancó aplausos y lágrimas con un discurso cargado de emoción y gratitud. Víctor Manuel también ha acabado haciendo suyo este rincón: han recuperado juntos la que fue para ella la tradición de todos los veranos: poner rumbo a un pequeño pueblo a una hora de Madrid.
Piedra, pinos y el sonido de la tralla
Quien llega a Cabezuela por primera vez puede sentir que ha entrado en una fotografía de hace cincuenta años. El pueblo se asienta a casi mil metros de altitud, en un entorno de pinares resineros, tierras de labor y el suave discurrir del río Cega. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es un templo del siglo XVI que guarda en su interior retablos, lienzos y piezas de platería de considerable valor artístico. Se mantienen también en pie la ermita del Cristo del Humilladero, los antiguos lavaderos y la chimenea de una antigua fábrica de resina: huellas de una economía rural que hoy conviven con la calma del pueblo de veraneo.

Iglesia de Cabezuela / Wikicommons | Rastrojo
La arquitectura popular castellana domina el conjunto: casas bajas de piedra, calles empedradas, pocos ornamentos y mucha solidez. Se puede visitar la presa del molino Mesa sobre el río Cega, que cuenta con más de quinientos años, construcción que se mantiene en pie y refleja cómo era la vida tiempo atrás.
Las tradiciones locales tienen también su carácter propio. El sonido de "chiscar la tralla" acompaña todas las celebraciones del pueblo. Se trata de una costumbre de la comarca: arrastrar los trillos por las calles en las noches previas a las fiestas patronales, generando un estruendo seco y festivo que los vecinos identifican de inmediato. En la actualidad son los quintos de cada año quienes la practican las noches del 1 al 13 de agosto, previas a las fiestas patronales. Las fiestas en honor al Cristo del Humilladero se celebran en torno al 14 de septiembre e incluyen encierros campestres y novillada.
La escapada: de Cabezuela a las Hoces del Duratón
Cabezuela funciona bien como base de operaciones para explorar una de las comarcas más hermosas y menos masificadas de Castilla. Sepúlveda está a 127 kilómetros de Madrid por la autovía A-1 tomando la salida 109, y a 62 kilómetros de la capital segoviana por la N-110. Desde Cabezuela, Sepúlveda queda a unos 15 kilómetros. La villa medieval merece una mañana entera: murallas del siglo XII, cinco iglesias románicas —entre las que destaca San Salvador, del siglo XI, el edificio románico más antiguo de la provincia—, callejas con blasones y miradores sobre el cañón del Duratón.

Cabezuela es el punto de partida perfecto para descubrir el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón / Istock
A continuación, el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. El río se encajona en paredones de hasta 70 metros, formando meandros espectaculares que acogen la mayor colonia de buitre leonado de Europa. Desde Villaseca, a 13 kilómetros de Sepúlveda, sale la ruta más accesible a pie hasta la Ermita de San Frutos, uno de los miradores más impresionantes de toda Castilla. Entre enero y julio el acceso al parque está restringido y hay que solicitar permiso en la Casa del Parque.
La comida cierra el círculo. En esta parte de la provincia el rey no es el cochinillo, sino el lechazo: cordero lechal alimentado solo con leche materna, asado en hornos de barro con leña de encina. En Sepúlveda, el Figón Zute el Mayor lleva desde 1850 asando corderos de la zona, y el Asador El Panadero, con más de cuarenta años de trayectoria, es otra garantía para probar tanto lechazo como cochinillo con menús cerrados que incluyen morcilla frita, ensalada y postre. El Fogón del Azogue, situado junto al Parque Natural, tiene el valor añadido de las vistas sobre las hoces. Para los garbanzos de la comarca, que algunos consideran los mejores de Segovia por las aguas del Cega, conviene preguntar en los bares de los pueblos: aparecen en los menús del día y en los potajes de temporada.
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