El refugio de Albert Rivera (46 años) es un pueblo malagueño de 600 habitantes donde le llaman "el nieto de Lucas": allí nació su madre "hace más de 50 años, en la otra punta del Mediterráneo"
Cútar, un pueblo blanco de la Axarquía a 40 kilómetros de Málaga capital, guarda las raíces malagueñas de Albert Rivera: su madre emigró desde aquí a los 13 años, y él volvió décadas después para rodar en sus plazas su primera entrevista tras retirarse de la política. Aquí no fue nunca el político; fue siempre el nieto de Lucas.

Un paseo por el pueblo de Málaga, refugio del abogado y expolítico Albert Rivera. / Istock
Abogado de formación, Albert Rivera (Barcelona, 15 de noviembre de 1979) entró en la vida pública española en 2006, cuando fundó Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía y se convirtió en diputado del Parlament de Cataluña. Lo que empezó como una formación de ámbito autonómico acabó siendo, en las elecciones generales de abril de 2019, el partido con más votantes de España. La irrupción fue tan rápida como su final: en noviembre de ese mismo año, tras los resultados de las segundas elecciones en seis meses, Rivera anunció que abandonaba la política. Lo hizo a los 40 años, sin demora y sin medias tintas. Desde entonces trabaja como abogado y consultor, alejado del ruido que él mismo contribuyó a alimentar durante más de una década.

La vista de la calle de la ciudad cerca del Puente Nuevo en Ronda, Málaga, Andalucía, España / Istock / AnnSU
Pero detrás del político catalán con apellido barcelonés había otro hombre, construido mucho antes de los escaños y los debates televisivos. Uno que pasó varios veranos de su infancia en un pueblecito de interior de Málaga donde las calles suben empinadas entre fachadas blancas y huele a uva moscatel antes de la vendimia. Un niño que allí no era Albert Rivera, sino otra cosa: el nieto de Lucas.

Adriana Fernández
El nieto de Lucas
La historia empieza, como muchas de su generación, con una maleta y un tren. María Jesús Díaz tenía 13 años cuando en 1972 dejó Cútar para ir a Barcelona, siguiendo los pasos de su hermano mayor, que había abierto una tienda de electrodomésticos. Dejaba atrás a sus padres, el bar familiar que regentaba su padre Lucas Díaz en el pueblo, y una Axarquía que en aquellos años expulsaba gente con la misma intensidad con que hoy la recibe. Lucas había sido el primero en marcharse, en los años 60, primero a Francia y luego a Suiza. Sus hijos acabaron siguiéndole el camino, casi todos hacia Cataluña.

Sagrada Familia, Barcelona. España. / Istock / TomasSereda
María Jesús se estableció en Barcelona, donde conoció a Agustín Rivera, de La Barceloneta. De ese matrimonio nació Albert, hijo único, que creció entre la ciudad condal y los veranos en la Axarquía. Varios de esos veranos los pasó en Cútar, y los vecinos del pueblo no tardaron en ponerle nombre propio: el nieto de Lucas. Un apodo que dice mucho de cómo funciona la memoria en los pueblos pequeños, donde las personas se heredan por linaje antes de que puedan ganarse un nombre propio. Si alguien le llama Alberto en Cútar, se gira. Pero en este pueblo siempre fue, antes que nada, el nieto del bar.

Barcelona / Istock / Leszek Chwalibog
Rivera ha hablado de estas raíces con la franqueza de quien siente que forman parte de su identidad sin necesidad de subrayarlas. En el programa Mi casa es la tuya de Bertín Osborne —primera entrega, emitida el 1 de marzo de 2017— reconoció sin rodeos que "todos mis abuelos son de Málaga". Y la frase que mejor resume ese vínculo geográfico y emocional la pronunció en intervenciones posteriores: su madre había nacido en un pueblo de Málaga "hace más de 50 años, en la otra punta del Mediterráneo". Desde Barcelona, Cútar es eso: la otra orilla, el interior, el calor seco y la parra en el patio.

Marbella sunset beach in Playa de la Fontanilla in Malaga province of Spain. Fontanilla is the mostpopular beach with a promenade just downtown Marbella city and beautiful palm trees. Just beside the city marina dock. / Istock / TONO BALAGUER
Diez meses después de dejar la política, en septiembre de 2020, Rivera eligió Cútar para conceder su primera entrevista televisiva de calado. El equipo de Mi casa es la tuya se desplazó íntegro a la Axarquía —más de cincuenta personas entre técnicos, realizadores y producción— y grabó en las dos plazas principales del pueblo: la plaza mirador con vistas sobre los valles, donde se instaló el sofá habitual del programa, y la plaza del Ayuntamiento. Una parte de la cocina se grabó en una finca cedida por la empresa local Natural Tropic. El alcalde, Francisco Javier Ruiz, llegó a considerar colocar una pantalla gigante en la plaza para que los vecinos pudiesen ver el programa juntos. Que un pueblo de 600 habitantes se movilice así por una entrevista de televisión dice algo sobre lo que Rivera representa aquí: no un político, sino algo más antiguo y más sencillo. El nieto del señor Lucas. Y aún hoy, según confirmó el propio alcalde, Rivera conserva casa y tierras en el municipio, y familiares suyos siguen viviendo allí.
Kawthar, el río del Paraíso
El nombre lo explica casi todo. Cútar viene del árabe Kawthar, que en la tradición islámica designa el río que atraviesa el Paraíso. Los primeros textos escritos que mencionan el lugar lo hacen con las formas Qūṭa o Aqūṭa, y hay quien apunta a que el núcleo urbano nació al calor de una fortaleza árabe llamada Ḥinṣ Aqūṭ —o Castillo Agudo—, dominada en su tiempo por el caudillo muladí Omar ibn Hafsún. Sea cual sea el origen exacto del topónimo, lo que queda es un pueblo cuya fisonomía no ha roto del todo el cordón con aquel pasado: calles que no bajan en línea recta porque nunca fueron trazadas para eso, fachadas encaladas que rompen en blanco la ladera del cerro, cuatro barrios —el Alto, el Bajo, el de la Fuente y el de la Ermita— articulados alrededor de una trama orgánica que ningún urbanista del siglo XX habría diseñado así.
En la parte más alta del pueblo, la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación data del siglo XVI, aunque sufrió dos restauraciones posteriores, una en el siglo XVIII y otra a mediados del XX. Es de estilo mudéjar, con tres naves separadas por pilares cruciformes, y guarda en su interior una capilla de estilo rococó con decoración policromada en el arco triunfal, ejecutada a finales del siglo XVIII. Al sur, casi escondida, hay una fuente árabe de planta cuadrada rematada en bóveda que los documentos del siglo XVI ya recogían como aina alcaharia —la Fuente de la Alquería— y que se considera única en sus características dentro de la provincia de Málaga.

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación en Marbella / Istock / Nenad Nedomacki
Pero el hallazgo más extraordinario llegó en 2003, casi por accidente: durante unas obras de reforma en una casa del pueblo, unos operarios encontraron tres manuscritos medievales ocultos en el muro. Uno de ellos resultó ser un Corán del periodo almohade, datado entre los siglos XII y XIII, considerado uno de los más antiguos de España. Los otros dos fueron escritos por Muhammad Al-Ŷayyār, alfaquí e imán del lugar hacia 1500, que los escondió antes de exiliarse tras la conquista cristiana, con la esperanza de volver a recuperarlos algún día. No pudo. Los manuscritos se conservan hoy en el Archivo Histórico Provincial de Málaga y son el hilo más visible que une Cútar con aquella civilización que le dio nombre y forma. No es casual que la fiesta más importante del municipio, el Monfí —declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial por la Diputación de Málaga—, se celebre en octubre y recree precisamente esa convivencia morisco-cristiana del siglo XVI: los vecinos se visten de época, las callejas se llenan de zoco, y la música árabe suena en los rincones del mismo pueblo donde cinco siglos antes un alfaquí metía libros en un muro.
El paisaje que rodea Cútar tampoco pide disculpas. Situado a unos 330 metros sobre el nivel del mar, en las laderas del cerro que lleva su mismo nombre, el término municipal desciende desde crestas áridas con olivos y viñas hasta los valles fértiles de los ríos de la Cueva y Cútar. A 2.880 horas de sol anuales, la luz aquí tiene una calidad particular: dura, limpia, sin la humedad que aplana los colores en la costa. Desde las plazas mirador del pueblo se ve la Axarquía desplegarse en terrazas hacia el sur, con la mancha oscura de los viñedos en primer plano y, más lejos, el azul plano del Mediterráneo.

Barcelona, España / Unsplash / Theodor Vasile
La Ruta de la Pasa y cómo llegar hasta aquí
Cútar no es un destino de paso. Para llegar hay que querer llegar, y eso —paradójicamente— es parte de su atractivo. Desde Málaga capital, la distancia no supera los 40 kilómetros, pero la carretera sube y serpentea por la vertiente poniente de un cerro que se corona en el pico Santopita, a 1.020 metros. La ruta más habitual conecta con Vélez-Málaga —capital comarcal de la Axarquía, a unos 16 kilómetros de Cútar— y desde allí se remonta hacia el interior. El coche es casi imprescindible; el transporte público en esta zona del interior malagueño tiene sus limitaciones.
La mejor época para visitar es el otoño, y en especial septiembre y octubre. Es la temporada de la vendimia de la uva moscatel, y Cútar forma parte de la Ruta de la Pasa, el itinerario que recorre los pueblos productores de la Axarquía — Almáchar, El Borge, Moclinejo, Comares— donde todavía se secan las uvas en los paseros, las superficies de piedra o tierra donde los racimos se tienden al sol para perder agua y concentrar el azúcar. La pasa moscatel de Málaga, con Denominación de Origen Protegida, es un producto de temporada con un perfil de sabor que no tiene parangón: carnosa, de color negro violáceo intenso, con un dulzor que viene del secado natural sin aditivos. Se puede comprar directamente a productores locales en los propios pueblos de la ruta, y las bodegas familiares de la comarca son el mejor lugar para adquirir también el vino dulce de Málaga elaborado con la misma variedad moscatel. Bodegas Bentomiz, en Sayalonga, o Dimobe, en Moclinejo, son referencias sólidas en la zona.
Para comer en los alrededores, la Axarquía tiene su propio recetario de interior. Las migas axárquicas —de pan o harina, con chorizo, tocino y pimientos— son el plato de la matanza y el frío. El ajoblanco, esa sopa fría de almendras y ajo que antecede al gazpacho en siglos, aparece en casi todos los menús de la comarca. El chivo lechal malagueño, guisado con ajo y vino blanco, es el plato de fiesta en estos pueblos; el Restaurante La Sociedad en Canillas de Aceituno lo prepara con honestidad. Los subtropicales —aguacate, mango, chirimoya— están en cualquier mercado local desde septiembre, y los dulces de influencia árabe, las tortas de aceite y el pan de higos con almendras, se encuentran en las panaderías y tiendas de los pueblos de la ruta.
Quien llegue en octubre puede hacer coincidir la visita con la Fiesta del Monfí de Cútar, que en sus más de veinte ediciones ha convertido el fin de semana que la acoge en uno de los más evocadores de la comarca.
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