El refugio de Alba Carrillo (39 años) es un pueblo de 81 vecinos en Ávila donde manda la cuarta generación de su familia: "Es el lugar donde nació mi abuela materna, donde tengo mis raíces"
No es solo el escondite estival de una cara conocida de la televisión: Nava del Barco es el pueblo donde nació su abuela, veraneó su madre y ahora corretea su hijo. Cuatro generaciones, una misma casa de piedra.

El refugio de Alba Carrillo es un pueblo de Ávila de apenas 185 habitantes. / Gtres / Wikicommons/Xemenendura
Alba Carrillo ha pasado los últimos meses instalada en el ojo mediático que acompaña siempre a la televisión de las tardes. Al frente de "El sótano club" en Ten, junto a Carlos Peguer, ha convertido cada emisión en un pequeño terremoto de titulares, hasta el punto de que la cadena confirmó su renovación para septiembre justo antes de que el programa se despidiera de la parrilla para el descanso veraniego. Entre plató y plató, sin embargo, hay un lugar donde a la presentadora madrileña se le baja el volumen a la vida: un pueblo de la Sierra de Gredos que ni siquiera aparece en los mapas de carreteras más comunes y que ella pisa desde que tiene memoria.

Riachuelo a su paso por Nava del Barco, en Ávila. / Wikicommons / Xemenendura
No hay pose ni impostura en ese vínculo. Nava del Barco es, antes que nada, el origen de su familia materna, la tierra donde su abuela vino al mundo y por donde su madre, Lucía Pariente, correteó de niña entre huertos y riachuelos. Alba heredó ese apego casi sin proponérselo, y hoy, con la casa de piedra que compró y reformó hace unos años convertida en punto de reunión estival, ha añadido a la cadena un quinto eslabón: su hijo Lucas, que ya disfruta de los mismos veranos que disfrutó su bisabuela. Así lo resumió ella misma, sin necesidad de artificios, en su paso por "Aquí la Tierra" (TVE): "Es el lugar donde nació mi abuela materna, donde tengo mis raíces".

Adriana Fernández
De la abuela al nieto: cuatro generaciones bajo el mismo tejado de piedra
La historia de Nava del Barco con la familia Carrillo Pariente no empieza con la fama televisiva de Alba, sino mucho antes, con una mujer que nació en este rincón de la Sierra de Gredos y que transmitió a su hija —y después a su nieta— un apego que ni Madrid ni los platós han conseguido diluir. Lucía Pariente pasó parte de su infancia entre estas calles empedradas, y ese vínculo se ha mantenido tan vivo que hoy sigue viajando al pueblo con frecuencia, reconocida por los vecinos como una más.

Casas sobre un berrueco / Wikicommons/Xemenendura
Alba creció escuchando esas historias y, de niña, pasaba los veranos jugando con sus primas en un entorno que poco tiene que ver con el ritmo de la capital. Con el tiempo, decidió dar un paso más allá de la nostalgia familiar: adquirió una casa de piedra de dos plantas en el pueblo y la reformó conservando la fachada original, de muros anchos pensados para resistir la nieve, pero renovando por completo el interior. Ese gesto —comprar y levantar de nuevo la casa familiar— es, en el fondo, la manera que ha encontrado de asegurar que la cadena no se rompa. Porque ahora es su hijo Lucas, fruto de su relación con el expiloto Fonsi Nieto, quien pasa también sus veranos en Nava del Barco, cerrando un círculo que arrancó con su bisabuela.

Garganta de Galín Gómez en Nava del Barco, Ávila / Wikicommons/Xemenendura
Canchales, gargantas y una laguna glaciar: el paisaje que explica por qué vuelve siempre
Nava del Barco no es un pueblo de llanura ni de postal amable de manual turístico: está encajado en plena Sierra de Gredos, en la cabecera de la garganta de Galín Galán, con robles, castaños y piornos que rodean el núcleo urbano y crean un microclima notablemente más fresco que el de Madrid. El terreno está salpicado de canchales —esas acumulaciones de piedras sueltas que el viento, la lluvia y el hielo han ido tallando durante siglos— y de gargantas de agua cristalina que en verano forman pozas naturales donde el agua baja directamente del deshielo de la sierra.

Vista de Nava del Barco. / Wikicommons/Zemenendura
Una de las rutas más conocidas de la zona, la que sube hasta la Laguna de la Nava, recorre cerca de quince kilómetros de ida y vuelta entre cumbres que superan los 2.000 metros, y explica por qué el entorno se compara de forma popular —aunque de manera informal, no como denominación oficial— con "la Suiza de Ávila". Alba conoce estos parajes con el detalle de quien los ha recorrido desde niña, y no es casualidad que, con su habitual sentido del humor, haya contado en más de una ocasión que los canchales del pueblo son también, de forma extraoficial, el rincón preferido de las parejas jóvenes de la zona para escaparse sin que nadie las vea.
Cómo llegar, qué hacer y dónde comer en el pueblo más pequeño de la sierra abulense
Nava del Barco se encuentra a poco más de dos horas por carretera desde Madrid, en el suroeste de la provincia de Ávila, dentro del corazón de la Sierra de Gredos. El acceso más habitual pasa por El Barco de Ávila, punto de referencia de la comarca, desde donde parte una carretera de montaña que se adentra en el valle hasta llegar al municipio.

Casas en Nava del Barco. / Xemenendura/Wikicommons
Con apenas 81 habitantes según los datos del INE de 2025, es uno de los pueblos más pequeños de la sierra, y buena parte de su atractivo está precisamente en esa escala reducida: calles empedradas, casas de piedra vista y un silencio que solo rompen los riachuelos y el ganado. Para quien se acerque, la ruta de senderismo hasta la Laguna de la Nava es la gran excursión de la zona, con vistas de alta montaña y pozas de agua helada aptas para el baño en los meses de más calor.
En materia gastronómica, la oferta es limitada por el tamaño del municipio, pero suficiente para entender la cocina de la sierra abulense: guisos contundentes, carnes de la zona y migas con huevo conviven con productos locales como las manzanas de Nava del Barco, muy apreciadas por su textura crujiente, o los judiones típicos de la comarca de El Barco. El hotel rural y restaurante La Galamperna, con Julián Jiménez al frente de los fogones, es una referencia local: sus arroces con níscalos y su carpaccio de boletus, elaborados con setas recogidas en el propio entorno, resumen bien el espíritu de una cocina de temporada y kilómetro cero.
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