Recife, capital del sincretismo, por Luis Pancorbo

El municipio brasileño de Recife ha terminado proponiendo a los visitantes una "ruta de la fe".

Luis Pancorbo
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Foto: Ximena Maier

Recife, ciudad mixturada, anfibia, tiene canales aunque no como Ámsterdam, ni mucho menos como Venecia. Presume acaso deNueva York del Noreste brasileño por sus rascacielos, y en especial por un par de blancas torres gemelas desafiando al cielo. No lejos de allí se abren sus playas urbanas -y la mejor se llama Boa Viagem-, donde los tiburones parecen respetar los carteles que avisan sobre su existencia y sobre no bañarse donde cubre. Pero lo que destaca en Recife es la proliferación de templos y cultos, no siempre dándose dentelladas entre sí. Las iglesias católicas, portuguesas y barrocas hasta el delirio, ocupan un primer puesto numérico. Aparte de méritos como los que reúne la Capilla Dorada de San Francisco, que deja los ojos como chiribitas. Al tiempo Recife se ufana sin complejos de poseer sinagogas y mezquitas, terreiros de la Umbanda y de Xangó, pagodas budistas y centros espiritistas... En Brasilia fueron más prácticos y hay un templo piramidal, el de la Legión Brasileña de Boa Vontade (Buena Voluntad), que condensa todas las creencias.

En Recife ha sobrevivido lafachada del XVII de la casa del comerciante Duarte Saraiva, donde se reunían los primeros judíos de Brasil. Las señas son el número 143 de la Rua do Bom Jesus, que la Historia gasta sus ironías. Recife llegó a ser capital del refinado país que pretendía hacer en Pernambuco el príncipe holandés Mauricio de Nassau, y los judíos fueron muy bienvenidos. A la sinagoga Kahal Zur Israel, convertida hoy en Centro Cultural Judaico de Pernambuco, se la considera la primera de ambas Américas. Muestran ahí una bañera ritual de purificaciones (miqvé), con el pozo que surtía de agua corriente. Tras la Segunda Guerra Mundial se produjo otra importante emigración judía a Recife, y allí han vivido figuras de tanto lustre como la escritora Clarice Lispector.

No es pues extraño que el municipio de Recife haya terminado proponiendo a los visitantes unarota da fé o ruta de la fe. Se necesita tiempo para dar cuenta de los templos de los varios monoteísmos (católicos, protestantes, judíos, mahometanos), sin olvidar que hay un centro budista, otro de los Hare Krishnas, tres sedes de federaciones y asociaciones espiritistas y numerosos terrreiros que exploran el viejo candomblé. El Obá Ogunté de la nación nagó celebra este mes una de sus fiestas principales, el Toque de Oxum. Es cuando se deposita un cesto con ofrendas en el río Capibaribe, cerca de la Casa Forte. Siempre en esta luna en el terreiro de la nación xambá tienen el Toque de Orixalá y Naná. Mientras el cuarto domingo de julio es la fiesta de Oxum para los seguidores del terreiro de Pirapama de la nación ketu. Por su lado, la nación angola organiza el 16 de julio la gran procesión de Dandalunda, que sale de una calle que se llama Madrid, número 22, con destino a las orillas de Laguna del Araçá. Lo cual se completa, eso ya en una fecha móvil, con la fiesta de Oxum de los negros angolas donde destaca el batuquejê de Dandalunda, la celebración más importante de ese terreiro. No resulta necesario creer: basta oír la música más trepidante y ver el reparto de regalos en la orilla del río, un simulacro de comunión.

Hay quienes prefieren el silencio, lo cual no supone un problema, pero en otra época. El lunes de carnaval llega la Noche de los Tambores Silenciosos, fiesta más que espectral en el barrio de San José de Recife, cuando el gentío se pone a alabar a Nuestra Señora del Rosario, patrona de los pretos, al mismo tiempo que reverencia a los dioses y espíritus africanos, como se hacía en las coronaciones de los reyes del Congo. Eso contemplaron sus ancestros en África antes de ser hechos esclavos, y se transmitió por generaciones. A medianoche se apagan las luces y se entonan cánticos en yoruba, pero el punto es que los tambores enmudecen dejando con su hueco un rastro sonoro tan emotivo o más que su habitual percusión. Un son que dura dentro.