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Ramón Larramendi tenía 25 años cuando recorrió 14.000 kilómetros por el Ártico en trineo de perros y kayak: "Quien tiene prisa en el Ártico, tiene prisa por morir"

Larramendi ideó la expedición con 21 años y unos años después partió de Groenlandia con el objetivo de alcanzar Alaska utilizando medios de transporte tradicionales.

Explorando el vasto océano lleno de grandes icebergs en el fiordo de hielo de Ilulissat, Groenlandia

Explorando el vasto océano lleno de grandes icebergs en el fiordo de hielo de Ilulissat, Groenlandia / Istock

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Cuando Ramón Hernando de Larramendi decidió recorrer el Ártico desde Groenlandia hasta Alaska todavía no existían los teléfonos satelitales ni el GPS como herramientas habituales de expedición. Tenía 25 años y por delante le esperaba una travesía de más de tres años que acabaría sumando unos 14.000 kilómetros.

Vista aérea de dos ballenas jorobadas en Groenlandia

Vista aérea de dos ballenas jorobadas en Groenlandia / Istock

La Expedición Circumpolar comenzó el 12 de febrero de 1990 y terminó en 1993. Larramendi recorrió el Ártico utilizando los medios de transporte tradicionales de las regiones polares: trineos de perros, kayaks y simplemente caminar.

Más de 30 años después, el explorador continúa recordando aquella aventura como una experiencia que marcó su vida. En una entrevista concedida a Telecinco después de volver de otra de sus aventuras (más de 1.500 kilómetros por Groenlandia) explicó cómo lo vivió: "Me fui con un mapa y una brújula, con lo justo para recorrer 14.000 kilómetros y fue una experiencia brutal", recordó.

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La idea de atravesar el Ártico, según contó el propio Larramendi a la Sociedad Geográfica Española, se le ocurrió cuando tenía 21 años. Su objetivo era recorrer el Ártico americano desde Groenlandia hasta Alaska utilizando los medios de transporte tradicionales de los inuit.

Antes de iniciar la gran travesía, Larramendi y Rafael Peche (otro de los exploradores) viajaron a Groenlandia para preparar el recorrido y aprender a desenvolverse en las condiciones del territorio. El contacto con los habitantes de la isla también les permitió conocer de cerca el uso de los trineos de perros y otras formas tradicionales de desplazamiento.

Paisajes bañados de un imponente blanco en pleno Círculo Polar Ártico, auroras boreales que bailan sobre los oscuros cielos y algunas de las postales más sobrecogedoras de todo el planeta bañadas en tonos pastel.   Estamos en la Laponia finlandesa, donde la nieve, el silencio, las auroras boreales, los renos y los huskies se conjugan para ofrecer una experiencia única e irrepetible.

Paisajes bañados de un imponente blanco en pleno Círculo Polar Ártico, auroras boreales que bailan sobre los oscuros cielos y algunas de las postales más sobrecogedoras de todo el planeta bañadas en tonos pastel.  Estamos en la Laponia finlandesa, donde la nieve, el silencio, las auroras boreales, los renos y los huskies se conjugan para ofrecer una experiencia única e irrepetible. / serts / ISTOCK

Tres años entre hielo, nieve y comunidades inuit

La expedición atravesó el Ártico norteamericano desde Groenlandia hasta Valdez, Alaska, siguiendo parte de la ruta del Paso del Noroeste. La convivencia con comunidades inuit fue una parte importante de la experiencia. Larramendi aprendió de sus técnicas de desplazamiento y de su relación con el medio, unos conocimientos que posteriormente tendrían un papel importante en sus propios proyectos de exploración, según explica en su web.

La expedición atravesó el Ártico norteamericano desde Groenlandia hasta Alaska

La expedición atravesó el Ártico norteamericano desde Groenlandia hasta Alaska / Istock / t

Hoy en día, una expedición de esta magnitud resulta difícil de imaginar sin comunicaciones por satélite. Larramendi emprendió aquella travesía con un mapa y una brújula y pasó largos periodos sin contacto con otras personas. En la entrevista concedida a Telecinco explicó que hubo momentos en los que pasaron dos o tres meses sin ver a nadie, por lo que la soledad era una parte más de la ruta.

Aquella experiencia también influyó en su manera de entender las expediciones. En la misma entrevista explicaba que no tenía sentido obsesionarse únicamente con alcanzar el destino. "Si no disfrutas en el día a día y solo estás pensando en llegar, vas a ser muy infeliz", afirmaba. Además, el explorador era y sigue siendo muy consciente de la necesidad de respetar los tiempos y las condiciones del Ártico: "Quien tiene prisa en el Ártico, tiene prisa por morir", señalaba.

Grandes icebergs flotando

Grandes icebergs flotando / Istock / t

La experiencia que dio lugar al trineo de viento

La Expedición Circumpolar tampoco terminó realmente cuando Larramendi llegó a Alaska, ya que los conocimientos adquiridos durante aquellos años terminaron orientando su trayectoria hacia nuevas formas de desplazamiento por las regiones polares. De esas experiencias nació el trineo de viento, un vehículo diseñado para aprovechar la fuerza del viento y desplazarse sobre la nieve y el hielo. Larramendi comenzó a desarrollar esta tecnología a partir de todo lo que aprendio durante su experiencia en Groenlandia.

Trineo de viento

Trineo de viento / Wikimedia Commons / Rosa Martín Tristán

El proyecto terminó utilizándose en nuevas expediciones y campañas científicas en Groenlandia y la Antártida. La propuesta permitía transportar grandes cantidades de material sin recurrir a vehículos motorizados, aprovechando una fuente de energía disponible en las regiones polares: el viento. Precisamente en esa reciente expedición de 1.500 kilómetros por Groenlandia Larramendi utilizó una nueva versión del trineo de viento. El vehículo podía transportar unas tres toneladas de carga y avanzaba impulsado por una gran cometa.