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Las raíces separadas de Amaia Montero (49 años) y Leire Martínez (47 años) están en el extremo oriental de Gipuzkoa: dos voces para la misma banda y dos pueblos a 10 kilómetros

Diez kilómetros de carretera, un tren que tarda diecisiete minutos y treinta años de historia compartida sin haberse cruzado nunca en el mapa: así de cerca están Irun y Errenteria, los dos pueblos que vieron nacer a las dos voces que han dado vida a La Oreja de Van Gogh.

Pese a pertenecer a pueblos diferentes, ambas artistas comparten origen en los paisajes verdes de Guipuzkoa.

Pese a pertenecer a pueblos diferentes, ambas artistas comparten origen en los paisajes verdes de Guipuzkoa. / Istock

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El 2026 marca los treinta años de una banda que ha cambiado de voz dos veces sin dejar nunca el mismo rincón de Gipuzkoa. Amaia Montero volvió a subirse al escenario con el grupo en octubre de 2025, casi dos décadas después de dejarlo, y desde el 9 de mayo recorre España con la gira "Tantas cosas que contar": dieciséis conciertos en quince ciudades que se cierran el 20 de noviembre en Pamplona. Leire Martínez, que sostuvo la voz del grupo durante los diecisiete años intermedios, construye ahora su propio camino en solitario con "Mi nombre" como primera piedra.

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Adriana Fernández

Lo que rara vez se cuenta es de dónde vienen las dos. Amaia nació en Irun el 26 de agosto de 1976, junto al Bidasoa y a un paso de Francia, y ha vuelto allí en más de una ocasión cuando ha necesitado recogerse para componer: "Es allí donde me siento protegida", ha explicado sobre la casa familiar en la que se refugia. Leire llegó al mundo el 22 de junio de 1979 y, aunque el parto fue en San Sebastián, la llevaron a los pocos días a la casa familiar de Errenteria, en el valle del Oiartzun, donde creció junto a sus hermanos. Entre un pueblo y otro hay diez kilómetros. Ninguna de las dos necesitó salir de esta esquina de Gipuzkoa para encontrar su voz.

Irún, País Vasco

Irún, País Vasco / © Ayuntamiento de Irun

Irun, la ciudad que fue puerto romano antes que frontera

Antes de ser la última parada española antes de Francia, Irun fue Oiasso: un puerto y nudo viario del extremo occidental del Imperio romano, conectado a las minas de plata de Arditurri. Más de dos mil años de historia han dejado huella, aunque las guerras sucesivas -esta ciudad fronteriza ha sido escenario de batallas durante siglos- se llevaron por delante buena parte del patrimonio antiguo.

Entorno natural de Irún

Entorno natural de Irún / © Ayuntamiento de Irun

Lo que sobrevivió merece la visita con calma. La iglesia del Juncal, declarada Monumento Histórico Artístico Nacional, guarda en su interior la imagen gótica de la Virgen del Juncal, la talla mariana más antigua que se conserva en Gipuzkoa. A pocos pasos del casco viejo, la ermita de Santa Elena conserva restos arqueológicos que se pueden visitar con guía los domingos. Y el Palacio de Urdanibia, de corte renacentista, completa un triángulo patrimonial que muchos visitantes recorren en una sola mañana.

iglesia del Juncal, Irún

iglesia del Juncal, Irún / Istock / Leonid ANDRONOV

Irun tampoco se entiende sin sus montes. Peñas de Aia se eleva hasta los 837 metros, Jaizkibel llega a 545 y la cima de San Marcial corona el conjunto con vistas al Bidasoa y a la costa francesa. Con 63.656 habitantes según el último censo del INE, es hoy el segundo municipio más poblado de Gipuzkoa, por detrás únicamente de la capital.

Peñas de Aia, Irún

Peñas de Aia, Irún / Istock

Errenteria, la pequeña Manchester que guarda un fuerte con vistas al mar

Errenteria nació con nombre distinto. En 1320, Alfonso XI concedió al valle de Oiarso el Fuero de San Sebastián y la villa quedó fundada como Villanueva de Oiarso; el nombre actual llegó después, heredado de su actividad comercial y portuaria. El casco histórico conserva casi intacta esa trama medieval: las calles Goiko, Eliz, Erdiko y Beheko forman el núcleo amurallado original, ampliado en el siglo XV con el triángulo de Kapitanenea, Andra Mari y Santsoenea. Todo desemboca en la calle Maddalen, que se abre en la Herriko Plaza, presidida por una Casa Consistorial renacentista de doble balconada que Gipuzkoa declaró Monumento Histórico-Artístico en 1964.

Errenteria, País Vasco

Errenteria, País Vasco / Istock

El siglo XX trajo otra identidad. Las fábricas que se instalaron en Errenteria a principios de siglo le valieron el apodo de "la pequeña Manchester vasca", y las chimeneas de aquella industria siguen recortándose contra el cielo del valle. En lo alto del monte Bizarain, el Fuerte de San Marcos -de uso militar hasta 1970 y hoy integrado en el parque Lau Haizeta- ofrece uno de los miradores más completos de la comarca de Oarsoaldea, con Donostia, Pasaia y Hondarribia extendidas a los pies del visitante. Y a poca distancia, la estación megalítica de San Marcos-Txoritokieta -la de menor altitud de toda Gipuzkoa- reúne el dolmen de Aitzetako Txabala, el menhir de Txoritokieta, de 1,95 metros, y la cista de Langagorri, donde apareció un ajuar funerario con cuentas de collar y brazaletes de oro. Con 39.352 habitantes, Errenteria es hoy la tercera localidad más poblada de la provincia.

Errenteria Renteria, pueblo vasco

Errenteria Renteria, pueblo vasco / Istock

Aunque en Errenteria no se han encontrado restos romanos propios, la cercanía de Oiasso y de las minas de Arditurri sugiere que los vascones que poblaban este valle mantenían trato con el mundo romano asentado a diez kilómetros. Es el vínculo más antiguo entre los dos pueblos, muchísimo antes de que ninguna de las dos cantantes naciera.

Errenteria Renteria, pueblo vasco

Errenteria Renteria, pueblo vasco / Istock

Un mismo viaje para los dos pueblos

Recorrer Irun y Errenteria en una sola jornada es perfectamente factible. El tren de Euskotren, línea E2, une ambas localidades en diecisiete minutos con salidas cada quince o treinta minutos según el día; en coche, el trayecto no llega a un cuarto de hora. Desde cualquiera de los dos pueblos, Donostia y Hondarribia quedan a quince minutos, lo que permite ampliar la ruta sin complicaciones.

Parque Natural Aiako Harria

Parque Natural Aiako Harria / Istock

Los amantes de la naturaleza tienen en el Parque Natural de Aiako Harria y en las minas de Arditurri el nexo perfecto entre ambos territorios: el mismo paisaje minero que unió a romanos y vascones sigue ahí, ahora convertido en ruta de senderismo. Para completar el día, la gastronomía local no falla en ninguno de los dos pueblos. En el barrio de Meaka de Irun, la sidrería Ola Sagardotegia ocupa una antigua ferrería del siglo XIII rodeada de naturaleza; quienes la visitan suelen repetir. En Errenteria, Oarso Sagardotegia mantiene el nombre de sidrería aunque funciona como restaurante de mesa y mantel, con raciones abundantes de pescado y txipirones que hacen justicia a la tradición del valle.

El Museo Oiasso, en Irun, abre de martes a sábado de diez de la mañana a ocho de la tarde durante el verano, y los domingos hasta las dos del mediodía. El Fuerte de San Marcos, en Errenteria, recibe visitantes de miércoles a domingo, de diez a dos y de cuatro a seis de la tarde, con recorridos guiados gratuitos hasta finales de septiembre.

Tiempo brumoso y una niña en la cima del monte Aiako Harria, Guipúzcoa

Tiempo brumoso y una niña en la cima del monte Aiako Harria, Guipúzcoa / Istock / Unai Huizi

El valle que las vio nacer, mucho antes de que cantaran nada

Entre el Bidasoa que baña Irun y el Oiartzun que atraviesa Errenteria hay un mismo paisaje de montaña y ría que no entiende de fronteras municipales. Es el mismo verde, la misma humedad atlántica, el mismo aire que ha moldeado generaciones enteras en esta esquina de Gipuzkoa mucho antes de que dos niñas nacidas a diez kilómetros de distancia terminaran, sin buscarlo, prestando su voz a la misma canción.