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Las raíces de Sara Baras (55 años) están en la ciudad gaditana que la vio bailar por primera vez: "Es parte de mi piel porque por mis venas corre la sal de la bahía"

Una de las grandes figuras del flamenco mundial recibió este año el título de Hija Predilecta de su provincia. Su historia empieza mucho antes, en una escuela de baile de San Fernando donde una niña aprendió a sentir el compás como un juego.

El refugio de Sara Baras está en San Fernando.

El refugio de Sara Baras está en San Fernando. / Getty Images

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Hace apenas unos meses, Sara Baras subía al escenario del Movistar Arena de Madrid para participar en los actos de la visita del papa León XIV a España, junto a Antonio Banderas, Rozalén y Carolina Marín. No estaba sola en representar a su tierra: a su lado, otra isleña universal, Niña Pastori, compartía cartel en un encuentro cultural que puso a San Fernando en el centro de un acontecimiento histórico. Meses antes, en marzo, la bailaora había recibido en el Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz el título de Hija Predilecta de la provincia, un reconocimiento en el que no dudó en reivindicar sus orígenes: "Cádiz es parte de mi piel porque por mis venas corre la sal de la bahía", declaró ante los asistentes. Esa frase, pronunciada con la voz quebrada por la emoción, resume mejor que cualquier biografía el vínculo entre la artista y el lugar que la formó.

Calle hacia el Mercado Central de Abastos, en San Fernando.

Calle hacia el Mercado Central de Abastos, en San Fernando. / Xemenendura | Wikicommons

Porque antes de los teatros de París o los aplausos de Buenos Aires, hubo una escuela de baile modesta en San Fernando, la que regentaba su madre, Concha Baras, donde la pequeña Sara descubrió el flamenco casi sin darse cuenta, como quien juega. Ella misma ha definido aquel espacio como su "refugio" de infancia, el lugar donde el baile dejó de ser un ejercicio para convertirse en una forma de estar en el mundo. San Fernando, la ciudad que los gaditanos llaman cariñosamente "La Isla", heredera de la antigua Isla de León, fue el escenario de esos primeros pasos, y sigue siendo, medio siglo después, el punto de referencia al que la bailaora regresa cada vez que necesita explicar quién es.

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Una ciudad que ya cambió la historia de España

San Fernando no es solo el pueblo natal de una bailaora de fama internacional. Es, también, la cuna de otro genio irrepetible del flamenco, Camarón de la Isla, lo que convierte a esta ciudad de la Bahía de Cádiz en una rareza casi inexplicable: un mismo enclave que ha dado al mundo dos referentes absolutos de un arte que se creía imposible de repetir en un espacio tan reducido. No es casual que Baras hable de la sal de la bahía corriendo por sus venas; esa misma sal parece haber empapado generaciones enteras de artistas isleños.

Calle de San Fernando

Calle de San Fernando / Zarateman | Wikicommons

Pero la historia de San Fernando empieza mucho antes de que naciera ningún cantaor o bailaora. Entre 1810 y 1811, cuando la península estaba ocupada por las tropas napoleónicas y Cádiz resistía como último bastión libre, la ciudad fue el escenario de la primera reunión de las Cortes constituyentes, celebrada el 24 de septiembre de 1810. De aquellas sesiones, que después continuarían en la capital gaditana, saldría la Constitución de 1812, "La Pepa", uno de los textos fundacionales del constitucionalismo moderno en España. El edificio donde se reunieron aquellos diputados, hoy conocido como el Real Teatro de las Cortes, sigue en pie como testigo de un momento que cambió el rumbo político del país, y conviene no confundirlo con el Ayuntamiento, donde se celebró la primera convocatoria de los parlamentarios antes del traslado.

Esa doble condición de San Fernando —cuna artística y cuna política— es lo que hace de esta ciudad un destino singular en la Bahía de Cádiz. No es solo el lugar donde una niña aprendió a bailar; es también el lugar donde España aprendió, dos siglos antes, a redactar su primera Constitución.

Tranvía de San Fernando

Tranvía de San Fernando / Peejayem | Wikicommons

Entre el castillo, el submarino y la mesa: cómo conocer San Fernando

El patrimonio de San Fernando guarda todavía más sorpresas. En sus alrededores, junto al histórico Puente Zuazo —que fue en origen un acueducto romano antes de convertirse en el puente que hoy conecta la ciudad con el resto de la provincia—, se levanta el castillo de San Romualdo. Su origen sigue generando debate entre los investigadores: la tradición lo vincula a un ribat, fortaleza-convento de época islámica, mientras que estudios arqueológicos más recientes apuntan a que la construcción que se conserva hoy corresponde a una obra medieval cristiana del siglo XIII, levantada con mano de obra mudéjar sobre un enclave anterior. Sea cual sea su origen exacto, el edificio es, por su tipología, único en toda España, y hoy alberga parte del Museo Histórico Municipal.

No muy lejos de allí, en el Arsenal de La Carraca, tuvo lugar el 8 de septiembre de 1888 uno de los hitos más importantes de la ingeniería naval mundial: la botadura del primer submarino militar de la historia, diseñado por el teniente de navío Isaac Peral. Aquel prototipo de propulsión eléctrica, con su tubo lanzatorpedos y su periscopio pionero, se construyó y probó en aguas de San Fernando antes de trasladarse definitivamente a Cartagena, donde hoy se conserva.

Para llegar a San Fernando basta con recorrer los apenas 8 kilómetros de istmo que la separan de la capital gaditana, bien comunicados por tren y carretera, lo que convierte a la ciudad en una escala fácil dentro de cualquier ruta por la Bahía de Cádiz. Además del Real Teatro de las Cortes, el castillo de San Romualdo y el Puente Zuazo, merece la pena acercarse a la playa de Camposoto, dentro del Parque Natural Bahía de Cádiz, con sus marismas y salinas todavía activas.

San Fernando, Cádiz.

San Fernando, Cádiz. / Istock

Y, como no podía ser de otra manera en una ciudad marinera, la visita exige sentarse a la mesa. La tradición pesquera de la Bahía se refleja en el pescaíto frito, las tortillitas de camarones y los guisos de pescado que San Fernando sirve con generosidad. Venta de Vargas es una de las direcciones de referencia para probar el pescado de estero a la roteña o unas croquetas caseras que han hecho escuela en la ciudad; junto al mar, Casa Muriel, en el Club Náutico, ofrece chocos fritos, langostinos tigre y tortilla de camarones con vistas a la bahía que Sara Baras lleva por bandera allá donde actúa.

Cuando la Diputación de Cádiz le entregó el título de Hija Predilecta, la presidenta de la institución resumió con una frase certera lo que representa Sara Baras para su tierra: que es profeta en su tierra y allá por donde va, capaz de levantar el mismo aplauso en el teatro Falla que en pleno Times Square. Ella misma, entre la emoción del reconocimiento, dejó claro que ese corazón que hoy recorre escenarios de medio mundo sigue latiendo al mismo ritmo que aprendió de niña, en la escuela de baile de su madre, entre las calles de la ciudad que la vio nacer artísticamente.