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Las raíces de Pedro Piqueras (71 años) están en la capital de la cuchillería española, con una feria Interés Turístico Internacional y una catedral gótico-renacentista: "Mi infancia fue muy de pueblo"

Antes de convertirse en la voz que durante casi dos décadas cerró la noche de millones de hogares españoles, Pedro Piqueras fue un niño de Albacete que jugaba entre gallinas y un cerdo en el patio de su casa. Esa infancia, humilde y rural, es la que sigue sosteniendo su relación con la ciudad que lo vio nacer.

El refugio de Pedro Piqueras es el destino que vio crecer a su familia.

El refugio de Pedro Piqueras es el destino que vio crecer a su familia. / Istock

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Casi dos años después de su despedida de Informativos Telecinco, Pedro Piqueras no ha roto del todo con la actualidad: desde septiembre de 2025 colabora en Mañaneros 360, el matinal de RTVE, y en abril de ese mismo año presentó su libro Cuando ya nada es urgente, un repaso a la vida y al oficio periodístico escrito ya sin las prisas de la redacción. Ese ejercicio de mirar hacia atrás lo lleva, inevitablemente, a Albacete, la ciudad donde nació el 6 de mayo de 1955 y donde su familia regentaba una pequeña tienda de aperos de labranza y alpargatas en la que él mismo trabajó de adolescente durante los veranos.

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Detrás de aquella casa no había más paisaje que el campo manchego: trigales, un río cercano, una huerta con una mula que daba vueltas para sacar agua del pozo y gallinas que Piqueras aún recuerda: "Mi infancia fue muy de pueblo: campos de trigo, un río, una huerta… Todo eso forma parte de mí".

Paisaje de campos verdes de Albacete

Paisaje de campos verdes de Albacete / Istock

El negocio familiar parecía marcarle un destino heredado, hasta que la curiosidad lo llevó a Madrid a estudiar Ciencias de la Información y, de ahí, a una carrera de más de cincuenta años que pasó por Radio Nacional, Televisión Española, Antena 3 e Informativos Telecinco, donde se despidió el 21 de diciembre de 2023 tras dieciocho años al frente del espacio.

Una ciudad forjada a golpe de navaja y feria centenaria

La Albacete que formó a Piqueras es también una ciudad con una historia propia que merece contarse. Su gran seña de identidad, la cuchillería, se documenta en la zona desde el siglo XVI, cuando el oficio artesano de forjar navajas y cuchillos se convirtió en motor económico de la comarca. Ese patrimonio se conserva hoy en el Museo Municipal de la Cuchillería, instalado en el palacete modernista de la Casa del Hortelano, construido en 1912 frente a la Catedral.

Casa del Hortelano, Albacete

Casa del Hortelano, Albacete / Istock / Orietta Gaspari

La gran tradición de la ciudad, la Feria de Albacete, hunde sus raíces en la Edad Media, aunque fue Felipe V quien en 1710 concedió el privilegio de celebrarla anualmente en septiembre. Con el paso de los siglos se transformó de encuentro ganadero a la gran cita festiva que es hoy, hasta el punto de que el 1 de septiembre de 2008 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, al acreditar una antigüedad y continuidad de al menos tres siglos y el arraigo popular de en torno a 800 asociaciones implicadas en su organización. Se celebra cada año del 7 al 17 de septiembre en honor a la Virgen de los Llanos, con epicentro en el Recinto Ferial, cuya monumental portada de acceso data de 1783.

Muy cerca de ese mismo recinto histórico creció el niño que después llenaría los telediarios de la noche española, en una ciudad que, mientras él se hacía periodista en Madrid, seguía cociendo a fuego lento su propia identidad de campo abierto.

Catedral de San Juan Bautista, Albacete

Catedral de San Juan Bautista, Albacete / Istock / Flavio Vallenari

El otro gran hito patrimonial de Albacete, la Catedral de San Juan Bautista, resume por sí sola cuatro siglos de transformaciones: se levantó sobre una antigua iglesia mudéjar de finales del siglo XIII, y su fábrica combina elementos góticos originales con las columnas renacentistas trazadas por Diego de Siloé y ejecutadas por Jerónimo Quijano, después de que las primeras bóvedas góticas se derrumbaran y tuvieran que sustituirse por las actuales, de estilo barroco. Con fachada neogótica añadida ya en el siglo XIX, es un edificio que nunca dejó de reinventarse, casi como si la ciudad se resistiera a fijar una sola versión de sí misma. A escasos metros, el Pasaje de Lodares conserva su galería comercial modernista, otro de los paseos obligados del casco histórico.

Pasaje de Lodares, Albacete

Pasaje de Lodares, Albacete / Istock

De la catedral inacabada a la mesa manchega

Llegar hasta aquí es sencillo: Albacete cuenta con estación de AVE que la conecta con Madrid en menos de dos horas, además de aeropuerto propio y buenas conexiones por carretera con el Levante. Un recorrido lógico por la ciudad empieza en la Catedral y el Museo de la Cuchillería, sigue por el Pasaje de Lodares y, si las fechas coinciden con septiembre, termina en el Recinto Ferial. La visita no estaría completa sin sentarse a la mesa: el gazpacho manchego —un guiso caldoso con torta cenceña y carnes variadas, sin relación con el gazpacho andaluz pese al nombre— y el atascaburras —una contundente pasta de bacalao, patata, ajo y aceite rematada con nueces y huevo cocido— son las referencias ineludibles, que pueden probarse con garantías en El Callejón o en Caldereros, dos direcciones del centro de la ciudad especializadas en cocina manchega tradicional (conviene confirmar horarios antes de la visita). Para el postre, los miguelitos de La Roda, a apenas cuarenta minutos de la capital, completan el mapa gastronómico de la provincia.

Gazpacho manchego

Gazpacho manchego / Istock / Christian Martinez Kempin

Piqueras ha resumido en pocas palabras lo que ha aprendido al mirar hacia atrás desde esa distancia que dan los años: "Hay un momento en que todos deberíamos pensar en cómo queremos que sea nuestro presente y también cómo queremos vivir el resto de los años que nos queden por delante". Es la misma serenidad con la que, medio siglo después de dejar atrás la tienda sigue reconociendo en los campos la infancia que hoy le devuelve.