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Las raíces separadas de Paula Echevarría (49 años) y Miguel Torres (40) están en dos refugios de la infancia que ya no existen: una villa marinera asturiana y un eterno barrio de Madrid

Siete mil vecinos en un lado, ciento cuarenta y cinco mil en el otro, y cuatrocientos ochenta kilómetros entre medias: ahí caben las dos vidas de Paula Echevarría y Miguel Torres.

Aunque sus refugios han cambiado, ambos mantienen allí sus raíces.

Aunque sus refugios han cambiado, ambos mantienen allí sus raíces. / Istock

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Este septiembre, Paula Echevarría estrena en Atresplayer A la deriva, la serie que ha rodado entre Canarias y Madrid, mientras Miguel Torres reparte su semana entre los platós de LaLiga y la final de MasterChef Celebrity. Sus agendas están marcadas por la televisión y la ciudad. Pero cuando se habla de sus orígenes, el mapa cambia.

Faro de Candas, Asturias.

Faro de Candás, Asturias. / Istock

Él reivindica un barrio que, en términos estrictos, no existe. Ella una villa mucho más alejada, cuya historia es ahora el recuerdo de quienes la vivieron, y en ambos casos sus orígenes se remontan, aun lejanos, a una realidad intangible. Hablamos de Chamartín y Candás, hoy unidos bajo la pareja.

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Sara Fernández García

Candás, entre el mar y la memoria

El municipio de Candás, capital del concejo de Carreño, Asturias, se encuentra en la costa central asturiana, entre Gijón y Avilés. Desde el Cabo de San Antonio, el primero de sus puntos clave, dos piezas de artillería del siglo XVIII siguen apuntando al Cantábrico, instaladas en 1770 para vigilar posibles incursiones navales británicas y, siguiendo la composición marinera característica de la zona, el faro, en lo alto, aguarda, levantado en 1917 y completando una de las estampas más reconocibles de la localidad.

Muelle de Candas, Asturias

Muelle de Candas, Asturias / Istock

Muy cerca del puerto, adentrándonos ya en la villa, se encuentra una de sus mayores sorpresas: el Museo Antón, Centro de Escultura de Candás. Ocupa la casona de los Estrada-Nora, un palacio del siglo XVIII rodeado por un jardín con esculturas al aire libre.

Su origen se fecha en 1989, y conserva unas 350 obras y una importante representación de la producción de Antonio Rodríguez García, “Antón”, escultor nacido en Candás en 1911 y toda una referencia del gremio que, sin embargo, falleció en 1937, con solo 26 años, dejando una impronta imborrable en la historia y cultura del municipio. Hoy, su obra permanece vinculada a una villa históricamente marcada por la pesca, las conserveras y el mar, en un pueblo de tradición marinera que alberga, sin embargo, un centro de escultura contemporánea de nivel integrado en la red de museos del Principado de Asturias.

Capilla de San Antonio de Padua. Candás. Asturias

Capilla de San Antonio de Padua. Candás. Asturias / Istock

El pasado industrial también sigue visible en la costa. Entre Perlora y Xivares, municipios vecinos del mismo concejo, sobrevive parte de un antiguo trazado ferroviario minero, con túneles excavados en la roca y tramos pegados al acantilado. Su línea comenzó a funcionar en 1909, encargada de transportar mineral de hierro, pero, tras el cierre de las minas de Llumeres, en el concejo próximo de Gozón, en el año 1967, la compañía terminó desapareciendo; eso sí, tardaría unos años, hasta 1974. Hoy parte de aquel recorrido forma parte de rutas senderistas como el GR-204 y el sendero europeo E-9, la oportunidad perfecta para conocer el entorno desde dentro. Su trayecto, reconocido por su belleza, se enmarca en tramos como la bajada a la playa del Tranqueru, accesible únicamente a pie por aquellos visitantes atrevidos. Eso sí, conviene consultar antes el estado del recorrido, ya que algunos tramos han sufrido cierres por riesgo de desprendimientos.

Playa del Tranqueru, Carreño.

Playa del Tranqueru, Carreño. / Wikicommons / AsturiasVerde

El núcleo urbano de Candás también conserva su pasado ballenero y conservero, no solo en su infraestructura e historia, sino en sus fiestas, gastronomía y tradiciones, tales como el Festival de la Sardina, el Santísimo Cristo de Candás o las bandas de gaitas que, desde hace años, forman parte del calendario local. En la mesa mandan el bugre, el bonito, el centollo, los oricios y platos tradicionales como el fariñón. ¿Y para el postre? Marañuelas y arroz con leche, un clásico.

Festival de la Sardina, Candás

Festival de la Sardina, Candás / Festival de la Sardina de Candás

El lugar perfecto donde probar su gastronomía es Prendes, a pocos minutos, concretamente la Casa Gerardo, operativa desde 1882. Allí Pedro y Marcos Morán representan hoy la quinta generación de una familia vinculada al restaurante, que mantiene una estrella Michelin desde 1991. Nosotros te recomendamos su fabada y arroz con leche, dos de las recetas más conocidas de la casa.

Chamartín, el pueblo que quedó dentro de Madrid

Miguel Torres, por su parte, se ha definido como “del barrio de Chamartín”, un clásico de la capital española, y un reconocimiento que a día de hoy, curiosamente, ya no existe desde un punto de vista administrativo, puesto que está dividido en El Viso, Prosperidad, Ciudad Jardín, Hispanoamérica, Nueva España y Castilla. El nombre remite en realidad a Chamartín de la Rosa, un municipio independiente hasta el 5 de junio de 1948, cuando fue anexionado a Madrid. Casi ochenta años después, su identidad sigue viva en el lenguaje y en la memoria de quienes crecieron allí.

Cuatro torres de negocios financiera, Chamartín, Madrid.

Cuatro torres de negocios financiera, Chamartín, Madrid. / Istock

Dentro del actual distrito destaca la colonia de El Viso, proyectada por Rafael Bergamín, ingeniero de montes y arquitecto de renombre, entre 1933 y 1936. Sus casas unifamiliares, calles tranquilas y jardines conservan algo del aire residencial de aquel antiguo pueblo absorbido por la capital. Hoy la realidad es muy diferente en la mayor parte de su entorno, y la zona, uno de los grandes ejes urbanos de Madrid. En su territorio conviven gigantes como el parque de Berlín, el Auditorio Nacional de Música, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Santiago Bernabéu o el tramo norte de la Castellana, con plaza de Castilla cerrando el horizonte. Un paisaje completamente diferente al que Echevarría podría evocar en sus postales de infancia.

Ambos destinos parecen, superpuestos como iguales, dos mundos diametralmente opuestos: uno observa hacia el Cantábrico, el otro a los rascacielos de Madrid. Sin embargo, ambos conservan un pequeño hilo en común: una identidad anterior, un recuerdo que nada guarda con el paisaje actual, y un cariño inmenso por la ciudad que les ha visto crecer. En uno sobreviven el puerto, la memoria minera y la tradición marinera. En el otro, el recuerdo de un pueblo que acabó por rendirse a Madrid.