Las raíces de Pau Gasol (46 años) están en un pueblo de Barcelona que vistió su ayuntamiento con una camiseta de 68 metros cuadrados: "Nunca he olvidado de dónde vengo, mis raíces"
Una leyenda mundial del baloncesto, homenajeada hace unos días por el 20 aniversario de su mayor gesta con España, tiene su verdadero refugio en un pueblo del área metropolitana de Barcelona que una vez cubrió su ayuntamiento entero con su camiseta.

El pueblo que vió crecer a una de las grandes estrellas del baloncesto. / Wikicommons/Enric
Hace apenas unos días, en un hotel de Madrid, Pau Gasol volvía a ponerse la camiseta de España, aunque fuera solo con la memoria. La Federación Española de Baloncesto reunió el pasado 13 de julio a los doce integrantes de la selección que ganó el oro en el Mundial de Japón 2006 —aquel equipo de Pepu Hernández que cambió para siempre el baloncesto nacional— para celebrar el 20 aniversario de la gesta. Gasol, que se perdió la final por una lesión en el pie y tuvo que vivirla desde el banquillo, recordó aquel torneo como "el partido que más he disfrutado en mi vida, y eso que no pude jugarlo". Hoy preside la Gasol Foundation, forma parte de la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Internacional y dirige Gasol16 Ventures, su firma de inversión: la vida después del parqué de quien fue, durante casi dos décadas, el jugador español más determinante de la historia de este deporte.

Vil·la Rosita en Sant Boi de Llobregat. / Wikicommons/Enric
Pero antes de los anillos con los Lakers, antes de Memphis, antes incluso del Barça, hubo un pueblo. Sant Boi de Llobregat es donde Gasol se crio, donde tocó un balón por primera vez y donde, según ha repetido él mismo en más de una ocasión, sigue estando su centro de gravedad. Lo dejó claro en mayo de 2025, durante el Foro Económico de Sant Boi, cuando ante más de doscientos empresarios de la ciudad aseguró que la clave de todos sus éxitos había sido su familia, la que le dio equilibrio, y que él "nunca" ha "olvidado de dónde vengo, mis raíces". Sant Boi, por su parte, le devolvió el gesto de una manera que ningún otro pueblo ha hecho jamás por uno de los suyos: vistiendo la fachada de su propio ayuntamiento con su camiseta.
El día que un ayuntamiento se puso su camiseta
Fue en marzo de 2023, unos días antes de que Los Angeles Lakers retiraran oficialmente el dorsal 16 de Gasol. Como antesala de aquella ceremonia, la NBA desplegó sobre la fachada del Ayuntamiento de Sant Boi una réplica gigante de la camiseta morada y dorada de los Lakers: 68 metros cuadrados de tela con el número que Gasol vistió durante siete temporadas y con el que ganó dos anillos consecutivos, en 2009 y 2010. La iniciativa se organizó en colaboración entre el consistorio, la NBA y la Gasol Foundation, la entidad que el propio jugador y su hermano Marc fundaron para luchar contra la obesidad infantil y que tiene su sede precisamente en Sant Boi.

La casa del veí, mural en Sant Boi de Llobregat. / Wikicommons/Enric
La camiseta estuvo colgada entre el 3 y el 9 de marzo, iluminada de noche con focos LED para que se viera desde cualquier punto de la ciudad. Para la alcaldesa Lluïsa Moret, el gesto no era solo un homenaje deportivo: era la manera que tenía el pueblo de reclamar como propio a quien el mundo entero conocía ya como una leyenda de la NBA. Días después, Sant Boi añadió un segundo homenaje: un mural de cinco metros de alto por veinticinco de ancho frente a la escuela donde Gasol dio sus primeros pasos, pensado, según explicó la representante del artista que lo firmó, para que los niños que pasen por delante entiendan lo que ha significado Gasol para su pueblo.
De un colegio de Sant Boi a la historia del baloncesto
Gasol nació el 6 de julio de 1980 en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, pero su familia se trasladó a Sant Boi poco después, y fue allí, no en la capital, donde empezó todo. Con solo tres años entró a jugar en el Col·legi Llor —hoy Fundació Llor—, antes incluso de la edad recomendada, porque su altura ya llamaba la atención de los profesores. No era casualidad: sus padres, Agustí Gasol y Marisa Sáez, habían sido jugadores de baloncesto, y ella además había pasado por el CB Cornellà, el mismo club en el que Pau daría después sus primeros pasos federados fuera del colegio.

Fachada en Sant Boi de Llobregat / Wikicommons/Enric
De aquellas pistas de Sant Boi y Cornellà a los dieciséis años en el Barça y los veintiuno debutando en la NBA hay un salto que la prensa deportiva ha contado mil veces. Lo que no se cuenta tanto es que, mientras se convertía en el primer español campeón de la NBA, en seis veces All-Star y en el máximo referente histórico del baloncesto nacional, la ciudad donde aprendió a botar un balón nunca dejó de llamarlo "el santboiano más universal". Se retiró como jugador en 2021, a los cuarenta y un años, en un acto celebrado en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Pero el vínculo con Sant Boi, a diferencia de su carrera en las pistas, nunca se ha cerrado.

Parque fluvial de Sant Boi de Llobregat / Wikicommons/Jorge Franganillo
Cómo llegar y qué hacer en Sant Boi
Sant Boi de Llobregat está a apenas veinte minutos de Barcelona en tren de FGC (línea Llobregat-Anoia), lo que lo convierte en una escapada perfecta para quien quiera completar la ruta de Barcelona con algo distinto al centro turístico. El casco antiguo conserva calles estrechas y tabernas de siempre, y el municipio tiene la suerte de estar pegado al Parc Agrari del Baix Llobregat, la gran despensa hortícola que abastece buena parte de la restauración de la comarca: verduras de temporada, arroces y guisos de huerta son la base de una cocina catalana de proximidad que se puede probar en varios locales del centro.
Quien quiera seguir el rastro más literal de Gasol puede acercarse a la Escola Llor, hoy con el mural que le rinde homenaje justo enfrente, y al polideportivo municipal que lleva su nombre, en cuya fachada se instaló también aquel mural. Y aunque la gran camiseta de 2023 ya no cuelga de la fachada del consistorio, la foto de aquellos días sigue circulando como uno de los homenajes más singulares —y más literales— que un pueblo español le ha dedicado nunca a uno de los suyos: no una estatua, no una calle con su nombre, sino su propia camiseta, a escala de edificio, colgada del corazón institucional de la ciudad que lo vio crecer.
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