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Las raíces de Melendi (47 años) están en la ciudad de su infancia, canterano del Real Oviedo y compañero de Fernando Alonso: "Tuve una infancia feliz, sin grandes lujos, pero no me ha faltado de nada"

La capital del Principado de Asturias, guarda entre sus calles el patio de colegio y los primeros regates de uno de los cantantes más escuchados del país, un destino que combina prerrománico Patrimonio de la Humanidad, sidra y un carácter de ciudad pequeña que no ha perdido su alma de barrio.

Con Asturias por bandera, el cantante sube a su Oviedo natal a cada escenario desde el principio de su carrera.

Con Asturias por bandera, el cantante sube a su Oviedo natal a cada escenario desde el principio de su carrera. / Istock

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Hace unas semanas, Melendi se sentaba a comer y a hablar sin guion con Senén Morán. Entre bocado y bocado soltó una frase que resume mejor que cualquier biografía lo que fue crecer en Oviedo en los años ochenta: "Tuve una infancia buena, feliz, con unos buenos padres. No hemos tenido grandes lujos, pero no me ha faltado de nada". Lo dijo con la misma naturalidad con la que en otra entrevista reciente reconocía que "parece que si no vendes una historia de superación no puedes triunfar".

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Sara Fernández García

Han pasado casi cinco décadas desde que Ramón Melendi Espina naciera en esta capital asturiana el 21 de enero de 1979, y el cantante sigue publicando canciones —su último disco, Pop Rock, salió el 1 de mayo de 2026— sin cortar el cordón con su tierra. Hincha declarado del Real Oviedo, sigue citando aquella infancia sin lujos como la base de todo lo demás en la ciudad que lo hizo posible: Oviedo, la Vetusta de Clarín, un casco histórico peatonal que se recorre en una tarde larga y que da para mucho más de lo que su tamaño sugiere.

Calle principal de Oviedo

Calle principal de Oviedo / Istock

El tesoro que muchos no esperan

Antes de pisar auditorios, Melendi preparaba tablas en un campo de fútbol de categorías inferiores. Pasó por la cantera del Real Oviedo, por el filial Astur CF, hasta 2001, con el sueño, como tantos de su generación, de vestir algún día la camiseta del primer equipo. Ese Oviedo de barrio es el mismo que uno pisa hoy al bajar del tren: calles adoquinadas, palacios silenciosos, plazas soportaladas donde no hace falta buscar mucho para encontrar una charla de bar.

Fachada del Ayuntyamiento, Oviedo

Fachada del Ayuntyamiento, Oviedo / Istock / Iakov Filimonov

El casco histórico, conocido como "El Antiguo", se camina entero sin coche y sin prisa. Por sus rincones hay repartidas más de un centenar de esculturas urbanas, con destacadas como la Mafalda sentada en un banco del Campo de San Francisco, un parque de 90.000 metros cuadrados que en primavera se llena de vecinos sin ninguna intención turística.

Estatua de una niña Mafalda en el Parque San Francisco

Estatua de una niña Mafalda en el Parque San Francisco / Istock

Bajando al centro, la Catedral de San Salvador, la "Sancta Ovetensis", concentra la gran sorpresa del viaje: la Cámara Santa, del siglo IX, Patrimonio de la Humanidad, donde se guardan la Cruz de la Victoria, la Cruz de los Ángeles y el Arca Santa. Esta catedral marca además el Kilómetro 0 del Camino Primitivo a Santiago, la ruta jacobea más antigua de todas. Y para quien quiera seguir sumando historia, el Museo de Bellas Artes de Asturias y el Museo Arqueológico, instalado en el antiguo monasterio de San Vicente, son gratuitos y están a un paseo del Teatro Campoamor, sede cada año de los Premios Princesa de Asturias.

Catedral de Oviedo

Catedral de Oviedo / Istock / TONO BALAGUER

Subir al monte Naranco cuesta poco más que veinte minutos en coche o una caminata cuesta arriba desde el centro, unos cuatro kilómetros, y al llegar uno entiende por qué la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad en 1985 tanto Santa María del Naranco como San Miguel de Lillo. La primera fue aula regia del rey Ramiro I en el siglo IX, un edificio prerrománico que no se parece a nada más en España; la segunda, a pocos metros, guarda celosías talladas que sobreviven desde hace más de mil años. Desde el mirador, con la estatua del Sagrado Corazón vigilando, la ciudad se despliega entera entre montañas y tejados.

Teatro Campoamor, Oviedo

Teatro Campoamor, Oviedo / Istock

Ese carácter de urbe que no presume, que vive de puertas para dentro pero recibe bien al que llega, es el mismo que explica que Melendi fuera compañero de colegio de Fernando Alonso, a quien dedicó años después la canción El Nano, en las aulas ovetenses, y que ambos, desde mundos tan distintos, compartieran pupitre sin que nadie sospechara lo que vendría después.

Cómo llegar, dónde comer y cuándo ir

Llegar a Oviedo es sencillo desde cualquier punto de España. El AVE conecta la ciudad con Madrid en poco más de tres horas, hay tren regular desde otras capitales del norte, y el aeropuerto de Asturias, en el cercano concejo de Llanera, recibe vuelos de varias compañías. Para quien prefiera carretera, la autopista conecta bien con la meseta y con la costa cantábrica.

Revisa el calendario

La primavera en Oviedo trae la "Preba de la Sidra", una cata abierta que recorre los lagares de la región, mientras que el verano ofrece temperaturas más suaves que en el resto de España y menos aglomeración que en la costa vecina.

Si la visitas en otoño o en invierno prepara el abrigo, esta región suele tener temperaturas más bajas y rachas de fuerte lluvia.

Comer en Oviedo tiene un epicentro claro: el Bulevar de la Sidra, la calle Gascona, con más de una docena de sidrerías donde el escanciado es tan parte de la experiencia como la propia bebida. Establecimientos como Tierra Astur o La Finca son referencia habitual en la zona para cachopo y fabada, y a los pies del Naranco, Casa Lobato ofrece otra parada clásica antes o después de subir al mirador. El mercado del Fontán, con su plaza porticada, es la mejor escala para el tapeo y el vermú de mediodía. Para el dulce, los carbayones y las moscovitas son la firma local, casi obligatorias antes de volver a la estación.

Oviedo, además, fue Capital Española de la Gastronomía en 2024, un título que se nota en cada barra del casco histórico.