Las raíces de Javier Rey (46 años) están en una villa marinera de las Rías Baixas: "Es el lugar donde quiero volver y donde, si alguna vez me jubilo, quiero estar"
Entre un rodaje y el siguiente, el actor gallego solo tiene una dirección fija en la cabeza. Y está en una de las zonas más bonitas y privilegiadas del norte de España.

El refugio de Javier Rey es uno de los pueblos más privilegiados de las Rias Baixas. / Istock
El 2026 ha sido, para Javier Rey, un buen año como actor. Lo hemos visto meterse en la piel de Fernando en "El fantasma de mi mujer", un marido infiel al que empiezan a perseguirle voces y remordimientos. Una comedia de María Ripoll que le ha valido algunas de las mejores críticas de su carrera. Y lo hace después de un 2025 repleto de proyectos: compartió cartel con Ana Rujas en "8", puso voz a Martín en "Singular" y añadió a su currículum la miniserie "La Frontera". Entre rodaje y rodaje siempre hay un lugar al que vuelve y está en el norte de España.

Este pueblo es uno de los lugares más privilegiados de las Rias Baixas. / Istock
Lo hace a un pueblo que no eligió pero que tampoco le ha soltado nunca. El actor nació hijo de un capitán de barco pesquero en una villa donde el mar no era paisaje, sino oficio. Y ese lugar está a poco más de media hora en coche de Santiago de Compostela, con un casco histórico declarado Conjunto Histórico-Artístico y con 14.000 vecinos. Esa villa se llama Noia y es, como dijo el actor, "el lugar donde quiero volver y donde, si alguna vez me jubilo, quiero estar".

Redacción Viajar
Un pórtico con 12 apóstoles y una torre que nadie quiso terminar
Noia fue, durante siglos, puerto de Compostela: por aquí entraban peregrinos y mercancías rumbo a la catedra. Una properidad medieval que dejó un casco antiguo que todavía se puede recorrer: entre pazos de piedra labrada, casas marineras con soportales góticos y antiguos hospitales de peregrinos. En el centro de todo, en la Praza do Tapal, se alza la iglesia de San Martiño, consagrada en 1434 y declarada Monumento Nacional en 1931. Destaca su portada, una joya que uno no espera encontrar en un pueblo de este tamaño: tiene 12 apóstoles tallados y un rosetón que deja entrar la luz como si fueran vidrieras francesas. Aunque, de hecho, lo son.

Fachada de la Iglesia de San Martino en Noia, Galicia / Istock / Andrea Tabaro
Pero lo que de verdad detiene a los viajeros que la visitan es la asimetría de su fachada. De las dos torres previstas en construcción solo se levantó una. Las leyendas locales intentan explicarlo y lo asocian con una maldición: se dice que quien intente terminar la segunda torre tendrá un final trágico. Y la historia, en este caso, tiene un episodio real que la sostiene. En 1973, durante el rodaje de "La campana del infierno", el director Claudio Guerín murió al caer desde una réplica de cartón piedra de esa misma torre, construida para una escena de la película. El lugar exacto donde ocurrió sigue señalado hoy con una pequeña cruz.

Cementerio de la Iglesia de San Martino de Noia / Istock
A pocos pasos de este pórtico se encuentra la iglesia y el cementerio de Santa María a Nova: del siglo XIV, declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional y con otra rareza que rara vez se encuentra en un pequeño pueblo. Tiene un conjunto de lápidas sepulcrales medievales, grabadas con los símbolos de los oficios gremiales de la époxa como tijeras de sastre, herramientas de cantero o aperos de marineros.

Vista del pueblo de Noia, Galicia. / Istock
El Camino, el berberecho y una empanada que también sabe a ría
Hay una frase que dijo Javier Rey sobre Noia que define perfectamente lo que el viajero encontrará entre sus fronteras: "Tiene mar, montaña, comida y amor por un tubo". Y razón no le falta. Quizás esto se deba a que la villa está atravesada por el Camino de Santiago Fisterra-Muxía y es a través de una costa que ha dado de comer a generaciones de familias de la ría de Muros-Noia. Aquí el marisqueo de berberecho y percebe sigue siendo un oficio vivo. Oficio que ejerció el padre del actor en una villa que entiende el mar como sustento antes que como lugar para desconectar.
Esa tradición se nota en la mesa. El Restaurante Ferrador, instalado en lo que fue un antiguo establo de la Casa do Ferrador, un edificio de 1900 vinculado a una familia originaria de O Carballiño que llegó a Noia a montar fonda, ha sido reconocido con un Solete de la Guía Repsol en esta Semana Santa de 2026. Su carta se apoya en el pescado y el marisco de la ría, con las filloas rellenas de marisco como una de sus elaboraciones más recordadas. La villa tiene, además, fama propia en la tradición empanadera: la empanada de maíz con berberecho, horneada con el marisco aún dentro de su concha, es de esas cosas que no se explican bien hasta que se prueban.
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