Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Las raíces de Belén Rueda (61 años) están en un pueblo de la Costa Blanca con récord nacional de Bandera Azul: "No había nadie, ni los gatos estaban aquí"

De niña quiso matar a sus padres por sacarla de Madrid y llevarla a una playa vacía. Hoy, con 61 años y de vuelta al cine de terror con El vestido, Belén Rueda mira aquel destierro infantil como el origen silencioso de todo lo demás.

El refugio de Belén Rueda es una de las playas mas codiciadas de Alicante.

El refugio de Belén Rueda es una de las playas mas codiciadas de Alicante. / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Belén Rueda ha pasado el año regresando a uno de sus terrenos favoritos, el del suspense con algo de sombra. Tras el estreno en febrero de El vestido, la película de Jacob Santana que la devolvió al terror psicológico compartiendo cartel con su hija Belén Écija, la actriz madrileña ultima ya un proyecto todavía más oscuro: En el círculo del asesino, la serie de Netflix inspirada en el primer asesino en serie de la España reciente, rodada entre la Comunidad Valenciana y Madrid. Antes de esa Valencia de ficción, sin embargo, hubo otra muy real, la de una niña de cinco años que se mudó allí sin comprender por qué.

Playa de San Juan, Alicante.

Playa de San Juan, Alicante. / Istock / Martin Silva Cosentino

"Yo los quería matar", ha confesado Rueda entre risas en el videopodcast El sentido de la birra, de Ricardo Moya, recogido por Lecturas este mismo mes, al recordar la decisión de sus padres de sacarla de Madrid. El motivo era el asma de su hermana pequeña, y el destino, una franja de arena entonces casi despoblada en el término de Alicante: la Playa de San Juan. Allí, en el colegio Prácticas-La Aneja, en el barrio del Tossal, y más tarde en el Conservatorio, donde se formó en danza hasta los 18 años, se fraguó buena parte de lo que después sería una de las carreras más premiadas del cine español, con un Goya por Mar adentro de por medio.

El mejor destino secreto de Europa es este precioso pueblo de Alicante: ni Altea, ni Jávea

Adriana Fernández

Una playa que se llenó despacio

En los años setenta, cuando la familia Rueda llegó, la Playa de San Juan no era el paseo marítimo bullicioso de ahora. Era, en palabras de la propia actriz, un vacío casi literal: "No había nadie, ni los gatos estaban aquí", ha recordado sobre aquella etapa, en la misma entrevista con Ricardo Moya. La frase, dicha con la ligereza de quien mira hacia atrás sin rencor, describe con precisión lo que fue este tramo costero antes de convertirse en uno de los símbolos turísticos de Alicante: urbanizaciones dispersas, alguna torre vigía y kilómetros de arena que apenas pisaba nadie fuera de temporada.

San Juan Playa al atardecer.

San Juan Playa al atardecer. / Istock

El crecimiento llegó después, de forma progresiva, con la expansión residencial de Alicante hacia el norte y la llegada del turismo de sol y playa a partir de los ochenta. Fue también entonces cuando la zona empezó a acumular los reconocimientos que hoy la distinguen: la Playa de San Juan ondea la Bandera Azul de forma ininterrumpida desde 1987, un símbolo que en 2026 celebra su 40ª edición y que sitúa a este arenal entre las siete playas españolas con una racha semejante. Para una niña que no entendía por qué la habían sacado de la ciudad, aquel paisaje casi vacío acabaría convirtiéndose, con los años, en parte irrenunciable de su memoria.

Palmera en la Playa de San Juan

Palmera en la Playa de San Juan / Istock

De la infancia al paseo marítmo de hoy: historia, patrimonio y una mesa con vistas

El tramo alicantino de la Playa de San Juan, el que vio crecer a Belén Rueda, mide algo menos de tres kilómetros —2.900 metros, según el Ayuntamiento de Alicante—, aunque el arenal continuo se prolonga después, ya bajo el nombre de Playa de Muchavista, hasta superar los seis kilómetros en dirección a El Campello. Es en ese primer tramo, el alicantino, donde el paseo marítimo conserva algo del trazado original: chalets de los años sesenta y setenta conviviendo con los edificios más recientes, y un perfil urbano que todavía deja adivinar el pueblo de veraneantes que fue antes de convertirse en barrio consolidado.

Torre de socorrismo en la playa de San Juan, en Alicante

Torre de socorrismo en la playa de San Juan, en Alicante / Istock

Llegar hasta allí es sencillo desde cualquier punto de la ciudad: el TRAM de Alicante conecta el centro con la propia playa en pocos minutos, y quienes lleguen desde fuera pueden combinar aeropuerto o estación de AVE con esa misma línea de tranvía sin necesidad de coche. Merece la pena prolongar el paseo hasta el Cabo de las Huertas y la Cala de Cabo Huertas, con sus formaciones rocosas y calas más recogidas, o acercarse a la Serra Grossa, el macizo que cierra la bahía por el norte y que ofrece algunas de las mejores vistas de toda la costa alicantina.

Y para el momento en que el paseo pida mesa, la propia orilla de San Juan conserva una tradición arrocera que sobrevive al turismo de sombrilla y colchoneta. En La Taberna del Mar, un local pequeño en primera línea de playa, el arroz a banda y el arroz al senyoret siguen siendo los platos que definen la casa, en la línea de una cocina marinera que en esta franja de costa se toma muy en serio el punto del grano y el fondo del caldo de pescado.

Belén Rueda, que hoy reparte su tiempo entre rodajes y estrenos, sigue mirando hacia aquella playa como el lugar donde todo empezó a tener sentido. Lo dejó dicho, sin solemnidad, en ese mismo podcast donde repasó su infancia: entre risas, admitió que aquella mudanza que tanto la enfadó de niña acabó siendo, con el tiempo, uno de los regalos más silenciosos que le hicieron sus padres.