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Las raíces de Alba Flores (39 años) están en un barrio de Cádiz donde "La Faraona" dio sus primeros pasos: la calle donde nació su abuela y la ciudad que su padre nunca dejó de llevar en la voz

Antes de ser Nairobi, antes de ser Saray, Alba Flores fue la nieta de una calle. Y esa calle sigue en Jerez de la Frontera, esperando a quien quiera encontrarla.

El refugio de Alba Flores es el mismo lugar que vió nacer a Lola Flores.

El refugio de Alba Flores es el mismo lugar que vió nacer a Lola Flores. / Istock

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La actriz madrileña ha cerrado en los últimos meses uno de los capítulos más personales de su carrera: Flores para Antonio, el documental que escribió y protagonizó junto a los directores Isaki Lacuesta y Elena Molina, presentado el 23 de septiembre de 2025 en el Festival de San Sebastián y estrenado en cines el 28 de noviembre. Un trabajo rodado en parte entre Madrid y la provincia de Cádiz que no busca contar la vida de Antonio Flores desde fuera, sino que Alba encuentre, treinta años después, al padre que perdió con solo 8 años. Sobre esa búsqueda dijo algo que explica, mejor que cualquier biografía, por qué esta historia también es una historia de lugar: quería dejar "un testimonio, un sitio donde poder ir para descubrir quién era Antonio como artista y como persona".

Monumento a Lola Flores en Jerez de la Frontera.

Monumento a Lola Flores en Jerez de la Frontera. / Wikicommons

Ese sitio, en parte, ya existía antes del documental. Está en Jerez de la Frontera, en el barrio de San Miguel, donde nació Lola Flores, la abuela que Alba nunca llegó a conocer del todo pero cuyo apellido lleva por bandera. Ninguna de las dos —ni Lola ni Antonio— nacieron allí en sentido estricto: Antonio nació en Madrid. Pero San Miguel es el origen físico de todo lo que después se llamaría "los Flores", y es, por tanto, la raíz de Alba tanto como cualquier escenario de rodaje.

Entramos en la ciudad donde mejor se come de Andalucía: es “la capital mundial de las tapas” y su cocina fusiona la herencia árabe con las frutas tropicales

Sara Fernández García

La calle del Sol y el peso de ser nieta de "La Faraona"

Hay una dirección exacta que resume un siglo de historia familiar: calle del Sol, número 45, en pleno barrio de San Miguel de Jerez. Allí nació María Dolores Flores Ruiz, Lola Flores, el 21 de enero de 1923, en los bajos de una casa donde su padre regentaba una pequeña taberna. A pocos metros, en la misma calle, había nacido décadas antes el cantaor Antonio Chacón, una de las voces fundacionales del flamenco jerezano. No es casualidad ni licencia poética: San Miguel lleva siglos siendo una fábrica silenciosa de artistas, y Lola creció respirando ese ambiente antes de convertirse en la mujer que llenaría teatros y platós de toda España.

Centro cultural Lola Flores, en Jerez.

Centro cultural Lola Flores, en Jerez. / Gtres

De Lola a Antonio Flores hay una línea directa —el hijo cantautor que heredó el instinto escénico de su madre y que, treinta años después de su muerte, sigue sonando en la radio como si nunca se hubiera ido—. Y de Antonio a Alba hay otra: la nieta que durante años prefirió no cantar, quizá por el peso de un apellido tan grande, hasta que el documental le permitió reconciliarse también con esa parte de sí misma. La pérdida casi simultánea de su abuela y de su padre, en mayo de 1995, con apenas dos semanas de diferencia, no necesita ser narrada con dramatismo: basta con decir que ocurrió, que ella tenía 8 años, y que ese vacío es, de algún modo, el motor silencioso de todo lo que ha hecho después. No es la historia de Lolita Flores, la tía de Alba, cuyo propio refugio se sitúa en Agua Amarga, Almería; ni la de Rosario Flores. Es, específicamente, la raíz de Alba, trazada a través de su padre y de la madre de su padre.

Catedral de Jerez de la Frontera

Catedral de Jerez de la Frontera / Istock

San Miguel, el barrio que compite con Santiago por ser cuna del flamenco

San Miguel se originó como arrabal extramuros en el siglo XIV, a las afueras de la antigua Puerta Real, tras la Batalla del Salado. Con el tiempo dejó de ser periferia para convertirse en el corazón mismo de Jerez, aunque conserva ese carácter de barrio popular, de calles estrechas y casas bajas encaladas donde el flamenco no es un reclamo turístico sino una forma de estar en la calle. Su iglesia, la de San Miguel, es un templo gótico del siglo XV, mandado construir por orden de los Reyes Católicos para sustituir a una ermita anterior; su fachada barroca, añadida siglos después, es hoy uno de los hitos visuales de la ciudad.

Iglesia de San Miguel, en Jerez de la Frontera.

Iglesia de San Miguel, en Jerez de la Frontera. / Istock

Junto con el vecino barrio de Santiago, San Miguel se disputa desde hace generaciones el título no oficial de cuna del flamenco jerezano. Además de Lola Flores y Antonio Chacón, de sus calles salieron artistas como La Paquera de Jerez, otra de las grandes voces del cante gitano del siglo XX. Pasear hoy por San Miguel es cruzar la Plaza de las Angustias, asomarse a la Cruz Vieja —donde un monumento recuerda a Lola Flores— y descubrir que la memoria del barrio no está encerrada en un museo, sino repartida entre placas conmemorativas, fachadas encaladas y el sonido de una guitarra que sale de cualquier patio.

Cómo llegar, qué ver y qué comer en la cuna de los Flores

Jerez de la Frontera está bien comunicada tanto por tren —con servicios directos desde Madrid y Sevilla— como por avión, gracias a su propio aeropuerto, el de Jerez-La Parra, conectado con el centro de la ciudad en apenas unos minutos. Es, además, la ciudad más poblada de la provincia de Cádiz, con más de 200.000 habitantes, lo que la convierte en una base cómoda para explorar también el resto del Marco de Jerez.

Arquitectura de la Iglesia de San Miguel en Jerez de la Frontera

Arquitectura de la Iglesia de San Miguel en Jerez de la Frontera / Istock / FELIPE RODRIGUEZ FERNANDEZ

En el propio barrio de San Miguel, la visita obligada empieza por la iglesia de San Miguel, sigue por la Plaza de las Angustias y desemboca en la calle del Sol, donde una placa recuerda la casa natal de Lola Flores. Merece la pena completar el paseo con una parada en la Cruz Vieja, junto al monumento dedicado a "La Faraona".

En materia gastronómica, el barrio no defrauda: la berza gitana —un guiso contundente de garbanzos, verduras y carne que es una de las señas de identidad de la cocina jerezana— sigue siendo plato de referencia en locales del entorno de San Miguel y Santiago. Para tapear con vino de Jerez, el Tabanco Plateros, en pleno casco histórico, continúa siendo uno de los despachos de vino más recomendados de la ciudad, con jereces servidos por copas y una carta de chacinas y quesos payoyos que acompaña bien cualquier sobremesa.

Treinta años después de perderlos casi al mismo tiempo, Alba Flores ha encontrado en un documental la manera de reconciliarse con la memoria de su padre. Jerez de la Frontera, y en concreto ese puñado de calles encaladas alrededor de la calle del Sol, ofrece la otra mitad de esa memoria: el lugar donde todo, para los Flores, empezó a sonar.