Quiero ser Ali Bey

Antonio Hernández

La admiración del autor por Alí Bey -el catalán Domingo Badía- llega al extremo de mostrar su deseo de ser el viajero mítico en caso de una nueva vida. Aventurero también y hombre de confianza de Godoy, escribió "un magnífico testimonio de su peripecia que constituye una obra básica sobre el mundo árabe y bereber". Fiel a este paradigma, el autor sigue sus huellas y nos muestra las costumbres de un pueblo capaz de robar para dar, según dejó escrito Stendhal. Su sentido de la espiritualidad, que se manifiesta en su actitud solitaria y silenciosa más allá de los bulliciosos zocos, se plasma en la sensación de plenitud y eternidad que proyectan. Bajo esos parámetros nació el arquetipo de civilización que, al cortejo de sus cantos de amor y solidaridad -registrados, por ejemplo, en Las mil y una noches-, contrasta con los horrores infamantes que ensucia cada página de Gregorio de Tours, historiador de Clovis, o de Eginardo, secretario de Carlomagno. Obvio que todo resplandor decrece, pero con respecto a sus siglos de oro nosotros fuimos los bárbaros, cuestión que incluso etimológicamente se confirma en las Cruzadas. El autor no se remite sólo al ámbito árabe, pero en él y en su proyección surafricana centra sus correrías, ahora magníficamente escritas.

Quiero ser Ali Bey
Pablo Ignacio de Dalmases
Ediciones Carena.
138 páginas. 12 €.