Imagina una escapada navideña al pueblo de Estados Unidos que lleva medio siglo ardiendo
Los habitantes de esta localidad de Pensilvania llevan generaciones luchando una batalla perdida.

Centralia podría haber sido un pueblo cualquiera, de esos que vemos en las películas de EE.UU durante la Navidad. Esta localidad como muchas otras durante el siglo XIX, fue fundada alrededor de las enormes reservas de carbón que hay bajo su superficie en el año 1866. El paso del tiempo, más que hacerlo destacar por cualquier razón, reafirmó que era un lugar cualquiera, con sus iglesias, sus bares y urbanizaciones de las que salían coches los lunes temprano para dejar a los niños en el colegio.
Fue durante el desarrollo de esa ordinariez que sucedió algo totalmente esperado. El periodista David Dekok, quien lleva cubriendo el caso desde sus inicios, explicó que el suceso tuvo su inicio durante una quema de basura. Aunque fue cosa de los bomberos, la llama se descontroló al entrar en contacto con una beta de carbón expuesta, conectada a la mina de más de 300 metros de profundidad que se extiende por el subsuelo de Centralia. El fuego, provocado por un accidente tan común como el propio pueblo lo fue una vez, lleva ardiendo desde entonces y se prevé que lo siga haciendo durante los próximos 250 años.
Cronología de una ciudad en llamas
Este incidente no se hizo de notar inmediatamente, pero a finales de la década de 1970 empezaron a hacerse evidentes las consecuencias del incendio subterráneo. Los socavones, causados por las altas temperaturas, rompieron el suelo de Centralia dejando escapar los gases tóxicos producidos por la quema del carbón.

En 1979 tuvieron que cerrar la gasolinera del pueblo porque el fuego estaba calentando peligrosamente los tanques de combustible subterráneos. Luego los gases se empezaron a infiltrar en el interior de las casas, provocando que las autoridades comenzaran a actuar, instalando las primeras alarmas de gas.
Si próximamente vas a viajar a Estados Unidos y necesitas un seguro que cubra las anulaciones, los gastos médicos y todos los imprevistos de tu viaje te dejamos un 10% de descuento en todos los seguros de viaje de Assist Card
En ese punto, el problema ya no podía ser ignorado. Primero se empezó a inyectar agua y luego se pasó a la excavación de zanjas en el terreno para contener el incendio, lo que hizo que se avivara al entrar en contacto con el oxígeno. Se tuvo más suerte con la construcción de una barrera de ceniza que evitó que el fuego siguiera avanzando, aunque solo por un corto periodo de tiempo.
Tampoco ayudaron las excavaciones de más de 50 pozos en la zona para monitorear la actividad no sirvieron más que para empeorar las cosas. Sin embargo, todo proyecto para extinguir el fuego estaba supeditado a una burocracia lenta e ineficiente que, para coronar el asunto, no contaba con financiación suficiente para una respuesta efectiva.
La historia de un pueblo en llamas llegó a los medios, según explicó Dekok a la BBC, por el caso de Todd Domboski. Con 12 años, mientras atravesaba el jardín de su vecino, el suelo sufrió un derrumbe que lo hizo precipitarse a un agujero de decenas de metros de profundidad. Pudo sobrevivir, al agarrarse a las raíces de un árbol cercano, y fue rescatado por su vecino horas más tarde, con la suerte de no quedar asfixiado por los gases subterráneos.

La atención que recibió Centralia entonces no fue lo único que cambió. También desató una fuerte discusión entre vecinos, creándose dos bandos: los que defendían la idea de abandonar el pueblo, por un lado, y, los que se negaban a marcharse, por otro.
Todos los planes para controlar el incendio, o fueron insuficientes o acabaron empeorando la situación, hasta que en 1983 se organizó un referéndum para trasladar a los habitantes del pueblo a otras áreas. Este se aprobó con dos tercios a favor de abandonar el lugar, y el gobierno compró, con 42 millones de dólares, 500 viviendas para reducirlas a escombros, borrando todo indicio del pueblo que una vez hubo.
En el año 2012, solo eran 8 las personas que quedaban en el lugar. De las siete iglesias, solo queda una en pie, además de un pequeño edificio municipal que sirve de centro de reunión para los vecinos. De los pocos que quedan, algunos han llegado a estados de paranoia, aludiendo a que el gobierno quiere controlar la mina de carbón y utiliza el incendio como excusa para ello.
Pese a que se tomaron medidas para cerrar completamente el pueblo, como la eliminación de su código postal (desde 2002, los habitantes que quedaron no lo podían recibir en su domicilio), todos los años aparecen coches con grupos de jóvenes que buscan una forma de acceder a este lugar. La carretera 61, que antes cruzaba por en medio de Centralia, permanece bloqueada, pretendiendo así aislarla del resto del mundo.
Una historia que ha superado la barrera del tiempo
“El estado nunca probó que este fuera un lugar peligroso para vivir. Estamos aquí porque estas son nuestras casas. Aquí es donde vivimos y solo queremos que nos dejen en paz”. Esa declaración de Harold Melville, uno de los pocos vecinos que quedaban en el lugar en 2012, durante una cobertura de la BBC, iba acompañada de alusiones a conspiraciones gubernamentales y, aseguraba, que en el caso de la evacuación era peor el remedio que la enfermedad.

Escribió la historia completa del lugar en su libro Unseen Danger en el que de manera concreta y pormenorizada al estilo del mismísimo Capote, elabora una radiografía de este pueblo y de su irremediable descenso al olvido a lo largo de dos décadas. Cuando la BBC preguntó a Dekok que hace de este un caso tan interesante, respondió:"esta es la historia de un pueblo que intenta frenar una catástrofe y mantener viva a una comunidad".
Aunque se trate de una historia con un final triste, la historia ha calado en la cultura popular llegando a servir de inspiración para la adaptación cinematográfica de Silent Hill. Hoy este lugar es conocido por los alrededores como una ciudad fantasma, en la que no queda ya casi recuerdo de lo que alguna vez fue este lugar.
Síguele la pista
Lo último

