Pubs, por Javier Reverte

A un "pub" irlandés se va a cantar, a ver y hacer amigos. A menudo adornan sus paredes retratos de escritores.

Javier Reverte
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Foto: Raquel Aparicio

Viajo con cierta frecuencia a Irlanda, uno de mis países favoritos, y mis noches concluyen casi siempre en un pub. ¿En dónde si no? El pub no es una taberna normal, sino una suerte de monumento, como las catedrales, con la diferencia de que en estas no se puede beber ni siquiera agua bendita. La íntima verdad del pub reside, no en el hecho de que corra la cerveza a raudales, sino en que a menudo se transforma en un hogar para los parroquianos. A una catedral se acude para admirar sus vidrieras, sus pinturas y sus imágenes esculpidas de estatuas de santos, o a pedirle a Dios favores y suplicar perdón por los pecados. A un pub se va a cantar, a ver y hacer amigos -y a beber, claro-, y si uno quiere admirar dibujos o fotografías, a menudo adornan sus paredes retratos de escritores magníficos como Joyce, Kavanagh o Behan, por cierto grandes bebedores. En el pub todo el mundo se enrolla con todo el mundo y es algo así como el cascarón del alma del país. El premio anual al mejor pub de Irlanda lleva el nombre de James Joyce.

La República de Irlanda tiene unos cuatro millones y medio de habitantes y se calcula que unos siete mil pubs -antes de la crisis había mil más-, en tanto que en el Ulster (Irlanda del Norte) hay otro millar para una población de un millón y pico de almas. Quiere decirse que en toda la isla hay alrededor de un pub para cada 700 habitantes. Si, según los cálculos sobre la población, el 25 por ciento son menores de edad, la proporción de parroquianos posibles por local descendería a algo más de 500. Y a ellos habría que descontarles los abstemios, que en Irlanda no deben ser demasiados. En el país se da por hecho -y a poca gente le ofende- que beber no es un demérito, sino más bien un hábito social. El escritor Brendan Behan, que murió alcoholizado con pocos años y que era venerado en Dublín, afirmaba: "En esta ciudad, emborracharse no es una desgracia, sino una conquista". Y un dato significativo: en los vasos en donde se sirve la cerveza Guinness, la bebida patria, aparece la silueta de la misma arpa gaélica que adorna la bandera nacional.

Pub viene de las palabras Public House, una suerte de lugares de encuentro de la gente antes que tabernas. Suelen estar profusamente adornados de motivos deportivos y, con mucha frecuencia, como he dicho, de retratos de escritores. Sus luces son tibias; sus ventanas, pequeñas con gruesos cristales que dejan entrar una liviana luminosidad, y sus muebles, sobrios, de gusto anciano, casi siempre de madera. A menudo tienen un gran espejo al otro lado de la barra en el que aparece grabado el nombre del local y la marca publicitaria de quien lo ha pagado.

Todo irlandés tiene sus pubs favoritos y yo tengo los míos. En Dublín me gustan el Toner''s y el McDaid''s. En Belfast, el The Crown, que es una joya. En Galway, el Tig Neachtain. Y el que más me gusta de la isla es el Mat Molloy''s, en Westport, cuyo dueño es el famoso flautista del grupo The Chieftains, y en donde siempre hay música en vivo. En Inglaterra, por ley, los pubs cierran a las 11. Y en Irlanda, media hora más tarde. Pero a las 11, en muchos de estos últimos brindan por la reina de Inglaterra: para recordar cariñosamente al país que les humilló y sometió durante siglos. También el pub es un lugar en donde se refugia el orgullo gaélico.

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