Propuse a mi madre hacer el Camino de Santiago y me habló de una ruta alternativa: ocho etapas, menos turistas y un recorrido completo por la Galicia salvaje
Una alternativa mucho menos concurrida para recorrer uno de los paisajes más bonitos de España.

Esta ruta recorre algunos de los paisajes más impresionantes de Galicia. / Istock
El Camino de Santiago es ya uno de esos planes que “hacer una vez en la vida”. Cada año son más de 500.000 los valientes que deciden embarcarse en alguno de los 49 itinerarios que conforman la Red de Caminos (declarada por la Unesco), y se arrojan a ese mínimo de 100 kilómetros y hasta 800 -por el Camino Francés, el más popular de todos ellos-, hasta alcanzar la Compostelana y hacerse dueños del Obradoiro.
Será la afición religiosa, el sentimiento de grupo, la naturaleza, el FOMO… la razón se presta al peregrino, pero el mantra es siempre el mismo: caminar, seguir avanzando. Para algunos el viaje de una vida, para otros solo el principio.

Ejemplo del segundo fue mi madre, que a lo largo de los años volvió a revisitar etapas, recordándolo por tramos, y evitando siempre el mismo: desde Saint Jean a Pamplona por la Ruta de Napoleón. Y por eso este verano decidí lanzar la propuesta.
“¿Y si hacemos el Camino? Primer tramo a Roncesvalles, unos 24 kilómetros; seguimos hasta Zubiri, otros 21, y por último final a Pamplona, tres días de marcha habitual a paso de peregrino”, la idea prometía y entonces pareció darse por hecho. Hasta que llegó la contraoferta:
“He oído hablar de uno que recorre la costa gallega, ocho etapas asequibles, 200 kilómetros, pero podemos hacerla por partes. Esto es lo que me han contado, el resto ya es cosa tuya”, sonaba definitivo.

La imagen de la Costa de la Muerte se conforma de grandes rocas y largas playas cristalinas. / Lucía Alfonso González
El resto fue ponerse, hacer búsqueda, cerrar detalles, convencer a un tercer integrante y aprender sobre la marcha. Y como repetiría 100 veces, te traigo todo lo que debes saber, y algunas cosas que no sabías, sobre esta impresionante ruta.
O Camiño dos Faros
En nuestro caso no había tiempo para hacer el trayecto completo, por lo que lo redujimos a las tres etapas intermedias: 18, 23 y 32 kilómetros de senderos progresivos de lo técnico a la carretera, siempre persiguiendo el mar.
Debo recordarte, sin embargo, que la ruta completa incluye otras cinco etapas, tres previas al recorrido explicado - desde Malpica a Laxe pasando por Niñóns y Ponteceso- y otras dos posteriores, hasta Nemiña y acabando en el Cabo de Finisterre.

Playas cristalinas a lo largo del Camino de los Faros. / Lucía Alfonso González
De aquellas solo he oído, pero de lo que sí sé esto es lo que puedo contarte.
Laxe-Arou
La llegada al pueblo de Laxe, a unos 50 kilómetros de Finisterre -final habitual del Camino clásico- parte desde A Coruña, ciudad bien comunicada desde cualquier punto de España.
A partir de ahí la distancia al pueblo se recorre en coche o bus, cubierta por los trayectos habituales del servicio local de transporte, hasta el mismo paseo marítimo. No es especialmente grande, pero el ambiente da entender cómo será el recorrido: playas blancas, agua cristalina y un pueblo pesquero marcado por montañas de nasas y redes; en el caso de “los Faros” la salida desde el puerto guía todos los inicios, señalizada con flechas, puntos y huellas verdes perfectamente visibles, siempre que uno se vaya fijando -recuerda que esto no es Santiago, por lo que las marcas no serán siempre tan evidentes-.

Bosques de helecho, pino y eucalipto en el Camiño dos Faros. / Lucía Alfonso González
Con un ascenso precipitado entrada la primera hora, la ruta se mantiene estrecha sobre los acantilados, a través de bosques de helechos y la maleza habitual de salientes rocosos marítimos, siempre el agua a la derecha y al frente, el camino.
Teníamos entendido que lo más impresionante de este recorrido era la Playa de los Cristales -llamada así por las miles de piedras de colores que brillan en lugar de arena-, pero sin duda el punto álgido llega en el cruce de gigantes que sucede a la playa de Traba. Inmensas rocas marcan el paso más técnico y, si bien no es un problema, sí reta a los habilidosos. Grandes y redondeadas pueden suponer la anécdota más divertida para los valientes, pero recuerda, si no lo ves claro siempre puedes seguir a mi madre: culo abajo, pies al frente y “ris, ris, ris” hasta llegar al suelo.
Pasada la media mañana una pareja pregunta: “¿Estáis con el Camiño Dos Faros? Que envidia, esto es precioso, pero os queda lo más bonito”. Son las primeras personas que vemos en todo el día.
A tener en cuenta
El terreno es, en general, sencillo, pero tramos como este recuerdan la importancia de llevar calzado adecuado, cerrado y con algo de agarre, así como indumentaria para caminar durante mínimo cuatro horas.
Desde ahí el camino es sencillo hasta terminar la etapa. Arou espera, reconocible por su silueta de playas y casas de colores que definen el gremio imperante. Aquí solo podrás recuperar fuerzas en el Colmado del pueblo, única tienda y restaurante en la zona, además de dos chiringuitos. Es importante recordar que apenas cruzarás núcleos urbanos, por lo que asegúrate de llevar lo necesario en lo que a víveres respecta, ya que las alternativas pueden sacarte de ruta.

El eucalipto marca los márgenes de toidos los semderos del camino. / Lucía Alfonso González
Arou - Camariñas
La segunda etapa, más calmada pese a sumar distancia, recoge la viva imagen del acantilado gallego. Desde el puerto el sendero asciende sobre la costa, y la altura da perspectiva a los entrantes del mar en el pueblo, que se despide a lo lejos. De nuevo verde, gris y amarillo.
Cuándo ir
Las mejores fechas para hacerlo son los meses de mayo a junio y de septiembre a octubre, que ofrecen temperaturas suaves, más horas de luz y menor masificación. Julio y agosto también son buenos por el tiempo, aunque dependiendo de la etapa hay más turismo.
“En memoria de todo-los náufragos da Costa da Morte - Camariñas 1990”, reza una placa en un muro de piedra en lo alto del camino. El paso a Camariñas llega con el Cementerio de los Ingleses, pequeño, solemne y floreado, y recuerda las desgracias que dieron nombre a la Costa que guarda.
Iris Hull, 1883, 38 tripulantes y solo un superviviente en un barco a vapor encallado; Serpent, 1890, 175 hombres de los que solo se salvaron 3; Trinacria, 1893, 37 integrantes a bordo con solo 7 supervivientes. Todos ellos de origen inglés y recordados en este sepulcro, fueron el desencadenante de la llamada Costa da Morte, temida por los marineros por la furia de sus tempestades y el peligro de los riscos que, bajo el mar, afilan las aguas. En total se han documentado más de 600 naufragios y toda razón es poca para respetar sus costas.
Hoy el cementerio educa el paso de los visitantes, frente al mar que apagó la vida y escupió los cuerpos de los marineros.

El Faro Vilán es uno de los grandes emblemas de la Costa da Morte. / Lucía Alfonso González
A raíz de las desgracias la localidad instaló la siguiente parada del camino, una de las fotografías más reconocibles de la ruta: el Faro Vilán, 1896, el primer eléctrico de la zona como promesa y solución al mar. Solemne desde las alturas, una serpiente de gravilla asciende hasta encontrarlo. Allí la vista es amplia, y a lo lejos, saluda la tercera etapa: Muxía, comarca de Finisterre.
Camariñas - Muxía
En nuestro caso esta etapa representaba el final del viaje. También 32 kilómetros por delante -una cifra que atenúa bastante la melancolía y acorta, igual de importante, las horas para despertarse-, pero ahora, a toro pasado, puedo decir con confianza que fue sin duda la más llevadera.
Ante la duda... ¡asegura!
Si bien el camino está perfectamente señalizado, te recomiendo que al menos una persona lleve siempre el recorrido en su propio dispositivo, accesible mediante Google Maps y Wikiloc en la página oficial de O Camiño dos Faros. De esta manera podrás seguir en tiempo real distancias, pendientes y otros útiles como puntos de recarga de agua. Y si son dos, mejor que uno.
Mucho más parecida al Camino de Santiago habitual, desde el primer momento recoge pequeños grupos de peregrinos que, igual que "Os Faros", siguen la promesa de llegar al Fin del Mundo, y avanza entre playas, bosques de helechos, y bosques de helechos elevados sobre playas, como la Playa de Lago y su Faro, siempre de una arena y agua insuperables.

El Faro y la Playa de Lago marcan el ecuador del camino a Muxía. / Lucía Alfonso González
El camino hace relativamente habitual el cruce por pequeños pueblos, y el sendero cavila entre tierra, arena y asfalto, en una ruta cómoda y sin muchas pendientes que, si bien guarda una traca final para los últimos kilómetros, “la de regalo”, según mi hermano, no supone nada exagerado.
En el último tercio del trayecto, Camariñas se despide al otro lado del océano, y la bajada a la playa de Muxía saluda a sus visitantes. Hemos terminado. Lo hemos hecho -recordemos, voluntariamente-, y habiendo llegado hasta aquí, es impensable dejarlo a medias, por lo que ascendemos cansados, cabeza caída, paso lento y braceo largo, hasta la foto de rigor en lo alto del Faro de Muxía, línea de meta oficial de nuestro Camiño dos Faros.

La playa de Muxía acoge a los peregrinos que, desde este y otros caminos, conyinúan hasta Finisterre. / Lucía Alfonso González
Ahora solo queda comer, descansar, volver y recomendarlo. Y si aún no te has decidido recuerda: leer sobre ello está bien, pero vivirlo es la razón por la que lo hacemos.
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