Cuando el propósito es la desconexión total de la tecnología: así son los viajes neoluditas

Realmente, los viajes neoluditas aún no existen como término, pero algo nos dice que nos aproximamos a este tipo de modalidad de viaje.

Viajes para desconectar, literalmente, de todo.
Viajes para desconectar, literalmente, de todo. / Pietro de Grandi | Unsplash

Tras la pandemia, las tendencias han cambiado y se dividen en una curiosa dicotomía: el sobreturismo nacido de la obsesión masiva por los viajes de venganza y, por otra parte, la necesidad total de desconectarse durante un viaje. Dentro de este segundo grupo, encontramos tantos tipos de viaje como formas de abrazar el relax.

Ahí tenemos las vacaciones para no hacer nada, las cuales consisten en limitarse a descansar en un buen alojamiento o destino sin ver mucho más allá; conceptos como el JOMO o “alegría de perderse cosas” (antítesis del FOMO, “miedo a perderte algo”), o una vertiente holística del turismo que abarca lo lento, sostenible e incluso lo regenerativo. Y es en algún punto de esa nueva hoja de ruta donde muchos viajeros se plantean vivir aventuras diferentes prescindiendo al máximo de la tecnología.

¿Qué son los viajes neoluditas? Te lo contamos.

¿Qué son los viajes neoluditas? Te lo contamos.

/ Urban Vintage | Unsplash

En tiempos dominados por el scroll, la hiperconexión y las redes sociales, ¿qué son los viajes neoluditas?

Adriana Fernández

Los viajes neoluditas: el arte de desconectar (en todos los sentidos)

Para descubrir la esencia de los viajes neoluditas cabe remontarse al origen del ludismo, una corriente filosófica nacida en Gran Bretaña en el siglo XIX y cuyos integrantes mostraban un fuerte rechazo al desarrollo tecnológico. En el contexto victoriano, la “amenaza” llegaba en forma de revolución industrial; sin embargo, en tiempos actuales, los neoluditas se mueven mostrando un rechazo a la hiperconexión de las nuevas tecnologías y el apoyo a una ecología radical.

Viajar para conectar... y desconectar.

Viajar para conectar... y desconectar.

/ Chirstopher Ruel | Unsplash

Partiendo de esta base, los viajes neoluditas se pueden interpretar como una evolución más drástica del llamado slow travel, basado en actividades en la naturaleza, alojamientos rurales y actividades vinculadas a la población local. Para estos viajeros, la aventura se vive como si estuvieras viajando cien años atrás, lo cual implica prescindir al máximo de la tecnología pero, ¿cómo plantearse esta opción en tiempos de Google Maps, Airbnb, códigos QR o contenidos digitales? Volviendo al origen.

El viaje neoludita es más un reto que una experiencia de ocio, por lo que, en primer lugar, se prescinde de aviones para viajar por tierra a través de trenes o autobuses - una modalidad que ya fomentan agencias de viaje como Intrepid Travel -. A ello sumamos estancias en hoteles rurales impulsados por energías naturales y, por supuesto, experiencias libres de pantallas.

¿Te animarías a hacer un viaje neoludita?

¿Te animarías a hacer un viaje neoludita?

/ Joshua Earle | Unsplash

A la hora de potenciar esa hiperdesconexión, los smartphones quedan fuera de la ecuación: se viaja sin códigos - no hay necesidad de generar un check in, ya que vas a la estación y compras tu billete -; se utilizan mapas físicos para llegar a un destino, y el wifi es un viejo conocido que no viaja contigo, por lo que la exploración del lugar se basa todo el tiempo en el arte de dejarse sorprender sin consultar guías, lugares o spots de Instagram.

Algunos de los destinos más propicios para esta posible tendencia, encontramos varias opciones: Socotra, la isla alien del sur de Yemen, donde las tiendas de campaña se despliegan bajo árboles de pepino sin conexión a Internet. O quedarse en una villa perdida en el Alentejo portugués, explorar las montañas de Laos, donde sus etnias cultivas plantas y hierbas sin apenas contacto con el mundo tecnológico; o las estepas de Mongolia, tierra nómada donde refugiarse en una yurta y alumbrarse por las noches con una linterna.

Aunque el neoludismo pueda resultar ciertamente radical y no es un movimiento que defendamos al 100%, sí se pueden extraer ciertas lecturas que permitan elevar el viaje a la categoría de aventura. O hazaña, más bien.

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