Por los paisajes más salvajes de "La conquista del Oeste"

Hace poco más de 50 años se estrenaba en varias capitales españolas, tras haberlo hecho en Madrid y Barcelona, una de las primeras películas realizadas para su proyección en Cinerama: "La conquista del Oeste". La película fijó para siempre en la retina del espectador los escenarios más clásicos del salvaje Oeste americano.

B. Iznájar

El infinito es el adjetivo que mejor define la extensión de las llanuras de Dakota del Sur, Estado norteamericano en el que, en su extremo oeste, los sioux derrotaron a la caballería del coronel George Armstrong Custer, cuyo apellido da nombre al Parque Nacional Custer. En sus territorios se filmó la memorable estampida de bisontes provocada por despechados indígenas contra el campamento de los hombres blancos que construían la línea férrea, en un paisaje florido que pisan hoy los antílopes americanos. La secuencia la contemplaron las Black Hills (Colinas Negras), oscurecidas por el color de las masas de pino ponderosa retozadas por el viento, una sinfonía que regala los oídos de los viajeros.

En la zona que separa Kentucky e Indiana se encuentra Louis-Ville, la ciudad en que el cauce del río Ohio se convierte en cataratas, escena dramática que protagoniza la familia Prescott que navega en una balsa camino del Estado de Ohio, en la región de los Grandes Lagos, viaje que comienza en el canal de Erie, que puede viajarse en barco. En el condado californiano de Inyo se localiza la granja de la saga protagonista, en los idílicos terrenos del Parque Nacional de Lone Pine.

El recorrido del primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos, una de las fracciones narrativas de la cinta, atraviesa la cordillera de las Montañas Rocosas y su parte más alta, el monte Albert, en el Estado de Colorado. Es una de las joyas que aparecen en la cinta, mientras que los caminos de hierro eran clavados al suelo de la Great Divise Basin, fielmente recreados por los productores y escenario de batallas encarnizadas entre blancos y la nación india.

En uno de los relieves más notables del planeta, entre Arizona y Utah, también se detienen las cámaras del sistema cinerama de La conquista del Oeste en Monument Valley, un lugar salvaje formado por monumentos naturales de arenisca anaranjada, la estampa favorita del western que ha quedado grabada en la memoria del espectador.