Polo Norte, Polo Sur: la mayor de las conquistas

Grandes aventureros abrieron caminos a zonas aún inexploradas a principios del siglo XX

Javier Revierte
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Foto: jocrebbin / ISTOCK

Sebastián Álvaro y José María Azpiazu han hecho un libro estupendo sobre un tema que a muchos nos ha encandilado durante años: la dureza y la belleza extremas de los dos Polos geográficos del planeta y su conquista por el hombre. Han sido, esos logros, los últimos mitos de la exploración, en buena parte todavía ignorados cuando entraba el siglo XX. 

Y han constituido la gran aventura humana de nuestro tiempo, pues conseguir comprenderlos –que no domeñarlos, algo imposible– es toda una página de épica de la Historia. Nombres como los de Amundsen, Nansen, Cherry-Garrard, Scott, Shackleton, Franklin, Parry, Hudson, McClintock y otros cuantos pertenecen ya a nuestro imaginario del riesgo y el valor, también del éxito y del fracaso. Y el libro a que me refiero les hace justicia a casi todos ellos.

Un oslo polar en el Ártico. | SeppFriedhuber / ISTOCK

La estructura del trabajo de los dos autores consiste sobre todo en rescatar la visión que tuvieron los protagonistas de aquel esfuerzo y las condiciones de vida que hubieron de soportar en los parajes de los extremos norte y sur del planeta. Por eso el título del libro es acertado: La vida en los confines de la Tierra (Lunwerg Editores). ¿Es posible sobrevivir en ese mundo de hielos y de frío insoportables? Hay hombres que demostraron que sí se podía. Pero a un costo inaudito. El francés Paul-Émile Victor resumió esa titánica hazaña con estas palabras: “Nada en la historia de la humanidad podrá jamás compararse a lo que los hombres han realizado y resistido para conquistar los Polos”.

Álvaro y Azpiazu han tenido la generosidad de no hacer el libro solos, sino convocar a su alrededor el recuerdo de quienes hicieron posible la hazaña de llegar a los confines del mundo y de quienes escribieron sobre las exploraciones y los paisajes polares. Así, por ejemplo, recogen este juicio de Edward Parry, uno de los primeros marinos que se aventuraron en la búsqueda del Paso del Noroeste: “La presencia del hombre parece una intromisión en la abrumadora soledad de este desierto helado”. 

AntártidaVer salir el sol en la bahía deWilhelmina, en la Antártida, es un lujo que no todos nos vamos a poder permitir en nuestra vida. Por eso, os mostramos desde esta fotografía la visión de cómo sale el sol entre los icebergs al norte del círculo polar antártico. ¡Muy buenos días! | Paul Souders/Corbis

O el juicio que hace, en su libro Sueños árticos, el escritor Barry López: “La belleza aquí es una belleza que se experimenta, se mete en la carne. La sientes físicamente”.

Es curioso que muchos de los que han escrito sobre las aventuras polares busquen en sus motivos una dimensión casi metafísica. El inglés Apsley Cherry-Garrard, que sobrevivió a la desdichada expedición de Scott por alcanzar el Polo Sur, lo expresó con justeza: “La exploración es la expresión física de la pasión intelectual”. El solitario viajero Chris McCandless, a quien le costó la vida su empeño en sobrevivir en territorios salvajes, en concreto en Alaska, escribía en una carta: “El núcleo esencial del alma humana es la pasión por la aventura. No eches raíces, no te establezcas. Cambia de lugar, lleva una vida errante, renueva cada día tus expectativas”. En fin, el noruego Fidtjof Nansen, uno de los colosos de la exploración polar, aseveraba: “Si quieres ver el alma humana en su lucha más noble contra la superstición y las tinieblas, lee la historia de los viajes al Ártico”. Y en otro momento proclamó: “¡He aquí la tierra prometida que une la belleza y la muerte!”.

oversnap / ISTOCK

En nuestros días, conocer los Polos es algo ya común, en cruceros fletados especialmente para ello. Viajas en un cómodo camarote, con una calefacción espléndida y comida en abundancia, con Internet para comunicarte con los tuyos y periódicos digitales para estar al tanto de cuanto pasa en tu patria. Pero casi hemos olvidado a los héroes que lo hicieron posible a cambio, muchas veces, de nada, y al precio, con frecuencia, de perder la vida.