Personal e intransferible

"Mi cámara es la herramienta con la que trato de darle SENTIDO a cada cosa o a cada acontecimiento que sucede a mi alrededor", solía comentar el fotógrafo André Kertész. Para un buen fotógrafo, su cámara de fotos es un sutil vínculo entre la realidad y sus emociones. La cámara, la pluma y el automóvil, acorde con la sabiduría popular, deberían cambiar de manos lo menos posible.

TINO SORIANO

Fotografiar, como conducir, requiere un aprendizaje. Las dos actividades son intuitivas y exigen práctica. La experiencia es lo más importante. El maestro Alfred Eisenstaedt señalaba: "Los jóvenes fotógrafos quieren alcanzar el pináculo de su profesión en seis meses. A mí me costó toda una vida. Ellos saben más que yo sobre fotografía, sobre equipos de iluminación, pero no sobre la mirada. ¿Sabe? No es la cámara quien toma las fotografías, es el ojo. Puedes tener la cámara más moderna y no ver las posibilidades de las imágenes".
Como los automóviles, las cámaras modernas gozan de controles diseñados para facilitar las cosas. Incluso con tecnología digital, el control del fotógrafo sobre la imagen debería ser grande. Para eso, hay que asimilar los principios de la caligrafía fotográfica y aplicarlos con la misma soltura con la que maneja su vehículo un buen conductor. Pero el aprendizaje exige tiempo. "Es preciso que el mecanismo de la cámara llegue a formar parte del fotógrafo. Es menester perfeccionarse lentamente; que aquello que vea fugazmente esté en condiciones de captarlo con la máxima rapidez", aconseja Marvin Newman.
La mayoría de las cámaras, como sucede con los coches nuevos, suelen cumplir bien su cometido. Toman fotografías y existen modelos adaptados a la experiencia y necesidades de cada usuario. Por otra parte, las cámaras también requieren gran solidez. Un modelo ligero se desequilibra con facilidad. Podrá llevarlo a todas partes, pero las fotos le saldrán movidas si utiliza una velocidad de obturación lenta. Es importante una buena relación tamaño-peso para obtener estabilidad. Para disfrutar de la conducción no hace falta un Fórmula 1, sólo una máquina que se adapte bien a sus necesidades.