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Pepe (73 años) es picador de cuevas en Granada: "Aquí me aíslo de ese mundo vuestro que os domina y me siento libre encerrado en una cueva"

En los cerros de Granada, donde habitarlas era sinónimo de miseria, Pepe ha picado más de 300 viviendas enseñando a sus vecinos a perderle el miedo a la roca.

Barrio de las cuevas de Guadix

Barrio de las cuevas de Guadix / Istock / Artur Niedzwiedz

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En los pueblos de los cerros de Granada la gente no construía casas con ladrillos, sino que se se metía en la montaña a picar. Antes, y durante mucho tiempo, vivir bajo tierra no era una elección ni una moda ecológica: era básicamente lo que tocaba si no tenías un duro. En esas cuevas oscuras y de techos bajos, las familias compartían pared con el burro y la cabra para pasar el invierno. Era un símbolo claro de miseria que casi todo el mundo quería dejar atrás en cuanto se podía. Pero no todo el mundo.

Barrio con casas cueva trogloditas, Guadix, España

Barrio con casas cueva trogloditas, Guadix, España / Istock / Iakov Filimonov

Y ahí aparece Pepe. A sus 73 años y con tres décadas de oficio a las espaldas, este granadino ha conseguido en Guadix algo que parecía imposible: que la gente vuelva a querer vivir bajo la roca. Pepe no es arquitecto ni ingeniero, se define como "picador de cuevas de élite", un oficio duro y en peligro de extinción que él aprendió a base de pico, maza y mucha intuición. Empezó a levantar los techos, a redondear los arcos y a meter luz donde solo había sombra, y así fue cambiando de golpe la vida de medio pueblo y la suya propia.

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La historia de Pepe con las cuevas viene de muy lejos. En estas comarcas, las familias humildes empezaron a excavar los cerros cuando la industria azucarera atrajo a cientos de trabajadores sin recursos. Pepe lo vivió en sus propias carnes desde crío. "Yo nací al lado de un burro... Tenía la habitación en una cueva como esto más o menos, tenía una rampa hacia abajo y estaba la cabra, el burro y el marrano", cuenta para el canal de YouTube de Diego Revuelta al recordar de dónde viene.

Pero lejos de renegar de ese origen, se propuso quitarle el estigma a la montaña. "Lo que hice yo es que cambié el mundo de las cuevas, le quité la parte negativa", explica. ¿Cómo? Redondeando los arcos, elevando las alturas para dar aire y acabando de un plumazo con esa sensación de cueva claustrofóbica. "Le di más espacio", cuenta. Y aunque a simple vista parezca solo quitar tierra, Pepe deja claro que la montaña exige respeto y saber hacer: "Aquí no solo es coger un pico y picar, hay una técnica, hay una física, hay una química y hay, aparte del don del que está picando, un espíritu en todas las cosas". La clave no son los terremotos (que la cueva los aguanta sin despeinarse), sino saber gestionar las filtraciones de agua, según explica a cámara.

Guadix

Guadix / Istock / Flavio Vallenari

Una casa hecha a pulso y a su manera: "Soy un artista"

En 30 años de trabajo, Pepe calcula que ha picado o arreglado unas 300 cuevas para la gente de la zona. Pero su propia casa es el mejor ejemplo de lo que es capaz de hacer. Tardó un par de meses en sacarla adelante partiendo de un simple hueco donde antes solo se metían animales. Vació lo gordo a base de martillo eléctrico y remató los detalles a mano, golpe a golpe con el pico.

Dentro no hay lujos, pero sí muchas soluciones ingeniosas. Picó la misma pared de roca para encajar la nevera y que no molestara en medio del salón, y en el baño levantó una ducha reutilizando restos de azulejos de otras obras. "Soy un artista", asegura. Desde la entrada se ve la silueta de Sierra Nevada, pero donde Pepe encuentra la tranquilidad total es en su dormitorio: "Esta habitación, que es la más íntima para mí, resulta que me aísla bastante de ese mundo vuestro, de ese mundo de dioses, de ese mundo político que os domina... Y yo aquí me siento libre encerrado en una cueva", afirma, hablando de su cuarto. "Cuando arreglo una cueva lo que pienso es en crear, porque cualquiera puede aprende a picar con práctica".

Guadix esconde casas que son en sí un secreto.

Guadix esconde casas que son en sí un secreto. / Istock / Photon-Photos

A Pepe no le busques sentado en la plaza del pueblo sin hacer nada. Lleva tres meses metido de lleno en su proyecto más creativo: esculpir un tablao flamenco subterráneo al estilo de los de las cuevas del barrio del Sacromonte de Granada. A base de excavadora y remate manual, está levantando un escenario principal, camerinos para los artistas, una cabina de sonido sobre una pasarela de madera y hasta ha esculpido en la propia arcilla los lunares de un traje de gitana.

En el pueblo hay quien le llama de broma "Pepe Picapiedra" o "Pepe Troglodita", pero él se sonríe al contarlo, ya que sabe perfectamente que gracias a su pico, su máquina de proyectar yeso y "su manera de ser", ha cambiado la forma en que esta comarca mira esta forma tan peculiar de vivir bajo tierra.