Pepe Rodriguez: "He viajado mucho, con un delantal como pasaporte"

El día que se metió en la cocina de El Bohío, con 22 años, no podía imaginar que treinta años después en un pueblo perdido de Suiza una señora le llamaría por su nombre de pila y elogiara su trabajo en el programa MasterChef (TVE). Es el poder de la televisión, que gestiona con humor y buena dosis de retranca toledana. A sus 51 años, viaja cada verano con la familia y con una guía gastronómico en el bolsillo. 

Javier del Castillo
 | 
Foto: VICTORIAIGLESIAS

Nada más acabar la grabación del programa nos conduce al camerino y pide dos botellas de agua. Al cocinero anónimo, que luchó con su hermano Diego para sacar adelante el restaurante familiar de Illescas (Toledo), la televisión le ha cambiado la vida y no dejan de pedirle fotos. Necesita un respiro. Ha pasado de los pucheros al escaparate, pero sin sobresaltos. “Si me pilla esto con 22 años, lo mismo me creo que he inventado la pólvora”, comenta divertido, sin perder las referencias del pasado. 

VICTORIAIGLESIAS

¿Cuándo descubrió con sus ojos que España tenía costa?

La primera vez que conocí el mar tendría 9 ó 10 años. Viajamos en taxi al pueblo de Águilas (Murcia) porque mi padre no tenía carné de conducir y paramos cuarenta veces para echar la papilla. Mi madre llevaba una manta para protegernos del frío que hacía dentro del coche.

¿Cómo recuerda aquel primer contacto con el mar?

Era muy cagoncete y no quería bañarme. A los que somos de la España interior –de secano, como decía mi padre– el mar nos da reparo. Yo diría que miedo. No quiero mucho lío con el agua, aunque me encanta ver el mar y pasear por los pueblos de la costa.

Viajar forma ahora parte de su trabajo y de su vida...

Desde hace unos años viajo mucho, la verdad, con un delantal como pasaporte. Mi hija, Manuela, que tiene 9 años, ha estado ya en tres o cuatro continentes. La hostelería es muy esclava, pero en agosto es sagrado hacer un viaje con mi mujer y los niños. 

En Estados Unidos  | Pepe Rodríguez

Cuando estaba empezando viajaba con frecuencia al País Vasco para aprender.

Quería conocer a los mejores del oficio. Un año estuve con Martín Berasategui en el Bodegón Alejandro, ubicado en la parte vieja de San Sebastián. Luego me apunté a un certamen de cocina en Vitoria, al que asistían los mejores cocineros del mundo. También estuve con Ferran Adrià. Conocí en primicia lo que estaba sucediendo en la cocina española cuando estaba efervescente. 

¿Qué países conoce?

He estado en México, Estados Unidos, Canadá, Marruecos, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo, China, Tailandia... No me quejo, pero me gustaría conocer más sitios.

En México  | Pepe Rodríguez

¿Le interesa especialmente la cocina de los países que visita?

Claro, por deformación profesional. Intento visitar los mejores restaurantes y me intereso por lo que come la gente. Es una manera preciosa de viajar. En Tailandia tratamos tan bien a la guía, que nos invitó a comer a su casa. 

¿Y dónde se come mejor fuera de España?

Me parece muy interesante y divertida la cocina peruana, esa cocina fresca, contemporánea. Pero he estado en China y me ha parecido una locura. Tailandia también me ha gustado mucho. Luego está Francia, con su grandeur y las cosas bien hechas, dándole incluso importancia a la forma de sentarse a la mesa. 

En Tailandia  | Pepe Rodríguez

¿Tendríamos que promocionar mejor nuestra cocina?

Es posible, pero tampoco nos fustiguemos, que estamos todo el día fustigándonos. Tenemos un país para contarlo. San Sebastián, por ejemplo, es uno de los destinos del mundo donde hay más estrellas Michelin. Producimos un gran aceite, unos buenos vinos, aunque no los promocionemos como los italianos. No tenemos esa facilidad, aunque otros volverán y lo contarán.

“MasterChef” es también un buen escaparate de la variada gastronomía hispana.

El programa me ha permitido descubrir algunos lugares, pero yo ya conocía bastante bien España. Mi turismo interior ha sido gastronómico. El mes de agosto empezaba por Juan Mari Arzak, seguía por Cataluña y bajaba hasta Cádiz, comiéndome todos los restaurantes. Necesitaba aprender y saber lo que se hacía en ellos. 

En la Playa Mayor de Sigüenza | Pepe Rodríguez

¿Qué lugar del mundo le ha impresionado más?

Me encantó México. Fui con la familia a la Riviera Maya y no pudimos acercarnos a la playa por culpa de una marea de algas. Entonces hicimos excursiones por el interior de México, visitamos Chichén Itzá y ni echamos de menos la playa. 

¿Algún sitio al que no iría ni pagándole?

Yo creo que cualquier sitio vale la pena. En principio, no descartaría ninguno. Si mañana me dicen que vamos a Chile, pues me voy a Chile. No tengo ningún problema. 

En el Cigarral del Ángel Custodio, Toledo | Pepe Rodríguez

Sus abuelos maternos vivieron en Cuba; sin embargo, usted no ha visitado todavía la isla.

Es mi viaje pendiente. No sé cuándo, pero tengo que ir a Cuba. Mis hermanos han estado y yo no pienso morirme sin conocer La Habana y el malecón del que me hablaba mi abuela. 

¿Es de organizar mucho los viajes o se deja llevar?

Yo busco los restaurantes más interesantes y mi mujer se ocupa de las excursiones. Porque, si no hay buena comida alrededor, el viaje se hace un poco pesado. 

¿Qué es lo más curioso que le ha pasado en sus escapadas?

En un pequeño pueblo de Suiza, a primera hora de la mañana una señora se acerca y me dice: “Pepe, ¿pero tú qué haces aquí?”. Los que me acompañaban se quedaron alucinados. Nos contó que llevaba cuarenta años viviendo en ese lugar y que me veía por el Canal Internacional de TVE. 

En San Juan de Gaztelugatxe | Pepe Rodríguez

Si tuviera que quedarse con alguna ciudad española…

Toledo, aunque la tengo muy vista, es una joya. Granada o Segovia son otra preciosidad. San Sebastián también me parece espectacular, para darte un paseo por la parte vieja y La Concha, hasta llegar al barrio de Gros. 

¿No cree que pasamos por los sitios demasiado deprisa?

Estoy de acuerdo. Masticamos demasiado rápido los paisajes, nos los comemos. Hacemos cuatro selfis y nos vamos. 

¿En qué época le hubiera gustado vivir?

Prefiero mirar adelante. Hacia atrás, ni para coger impulso. ¿Pucheros de la Edad Media? Nunca se ha comido tan bien como ahora. Si se va a comer mejor en el futuro, viajaría al 2064.