Paz Padilla y el pueblo marinero de 1.100 habitantes donde se refugia: "Prefiero esa zona porque está más virgen y menos masificada"
Entre el final de un programa de sobremesa y el séptimo aniversario de la marca que dirige con su hija, Paz Padilla vuelve, como cada verano, al pueblo de menos de 1.100 habitantes que nunca ha dejado de ser su casa.

Un precioso pueblo de Cádiz en el que se refugia Paz Padilla. / Istock
Telecinco ha decidido poner fin a El show de Paz, el magacín de sobremesa que Paz Padilla estrenó el 27 de junio. El programa se despidió este domingo 30 de agosto con su número 25, tras dos meses en los que la audiencia no logró acompañarla con el entusiasmo que se esperaba. Mientras cierra esta etapa, comienza otra que crece cada vez más: la marca de moda que la actriz dirige junto a su hija Anna Ferrer Padilla cumple siete años este agosto. La marca se llama NoNiNá, nombre que proviene de un lugar de la Costa de la Luz que Paz no ha dejado de frecuentar desde niña. Ese lugar es una localidad donde viven menos de 1.100 personas todo el año.

Playa de Atlanterra / Istock
Cuando NoNiNá comenzó en 2019, madre e hija no tuvieron que pensarlo mucho, solo tuvieron que ir a una de las expresiones gaditanas por excelencia. Elegir el nombre fue natural, porque Zahara de los Atunes es la tierra donde Paz ha pasado todos los veranos, donde tiene raíces familiares y donde aún mantiene una casa. Un pequeño pueblo de una extraordinaria belleza que apenas aparece en los mapas turísticos y que contrasta con el foco mediático que suele tener la actriz de 56 años. Aunque eso, como ella ha explicado en numerosas ocasiones, es lo que le atrajo. Y por eso vuelve. Y por eso, precisamente, su marca lleva grabado en su nombre algo tan auténtico y peculiar de este rincón del sur de España.

Sara Fernández García
El pueblo que no nació para el turismo
Solo hace falta darse una vuelta por el pueblo para darse cuenta de que, realmente, no nació para el turismo: nació para la pesca. Se ve en su identidad, marcada por la almadraba, una antigua técnica de pesca del atún rojo que viene de la época fenicia y que hoy comparten dos localidades: Zahara de los Atunes y Barbate. Tanto es el furor y el éxito que cada mayo la Ruta del Atún convoca a cerca de 40 restaurantes y bares de la zona, transformando un pueblo que el resto del año vive con un ritmo mucho más tranquilo.

Vista de pájaro de Zahara de los Atunes. / Istock
Aunque no nos engañemos. Zahara de los Atunes es, por mérito propio, un paraíso para el turismo en época veraniega. Aunque es mejor fijar la mirada fuera de temporada, cuando el pueblo funciona como lo que siempre ha sido: un núcleo pesquero donde los bares no hablan de celebridades, sino de las capturas del día. Ese doble ritmo, efervescente en verano y casi doméstico el resto del año, es lo que atrae a quienes, como Paz Padilla, buscan un lugar que no dependa de ellos para sentirse auténtico.

Playa de Zahara de los Atunes / Istock
Ella misma lo dijo claro y conciso, declarando que sentía un amor y un cariño profundo por esta tierra porque está "más virgen y menos masificada" que otros puntos de Cádiz. Una idea que encaja bien con un pueblo que, pese a su creciente fama, sigue siendo tan pequeño y acogedor como lo sería cualquier otro pueblo.

Faro en Zahara de los Atunes. / Istock
De la concesión real de 1294 a la fábrica de salazón
La historia de Zahara de los Atunes comienza en 1294, cuando Sancho IV “el Bravo” concedió a Guzmán el Bueno el derecho a instalar almadrabas en la costa. La fortaleza que hoy domina el pueblo, conocida también como Castillo de la Chanca, Palacio de las Pilas o Castillo de las Almadrabas, se construyó posteriormente por la Casa de Medina Sidonia, con referencias documentadas ya en el siglo XVI. Un lugar que, debido a su historia y su importancia, fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento Nacional en 2004.

Muralla y Iglesia del castillo, Zahara de los Atunes / Istock / Arena Photo UK
Lo que distingue a este castillo de otras fortalezas costeras no es solo su función defensiva contra la piratería berberisca ni su uso residencial, sino su papel industrial. Fue la chanca de la almadraba. O lo que es lo mismo: la fábrica donde se procesaba el atún capturado en el Estrecho. Dentro de sus muros convivían saladeros, hornos, un pozo de agua dulce y las pilas de salazón que dieron nombre a una de sus denominaciones. Su pasado productivo sigue vivo hoy y eso es lo que lo hace especial. Es por eso que pasear ahora por sus estancias no es hacerlo únicamente a un Monumento Histórico, es hacerlo a la memoria física de la industria que ha sustentado al pueblo durante siglos.
Zahara, qué bonita eres
Una de las cosas más especiales de Zahara de los Atunes es que sigue conservando el trazado blanco y pequeño típico de los pueblos marineros de Andalucía y, sobre todo, de Cádiz. Y se nota en sus calles. Una de las peculiaridades que tiene es que casi todas ellas desembocan en el mismo lugar: el mar.

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen en Zahara de los Atunes. / Istock / Arena Photo UK
El litoral, en cambio, se extiende en unos ocho kilómetros de arena con distintos tramos: la Playa de los Atunes, la de Atlanterra, la playa del Búnquer, que conserva una batería de costa de los años cuarenta, y la Cala de los Alemanes, protegida entre acantilados. En la gastronomía, el atún de almadraba sigue siendo el hilo conductor de cualquier mesa local. Uno de los más recomendados de la zona es el Restaurante Antonio, frente a la Playa de Zahara de los Atunes, donde se puede comer su famoso atún de almadraba y pescado de roca. Imprescindible es, dicen, acompañarlo con sus célebres gambas blancas, ortiguillas y vinos de las bodegas gaditanas.
Si estás por allí hay un imprescindible que no tienes que dejar pasar y que se encuentra a tan solo 46 minutos en coche del pueblo: el yacimiento romano de Baelo Claudia, considerado uno de los conjuntos arqueológicos mejor conservados de la costa atlántica andaluza.
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