Patagonia en la huella de sus pioneros, por Carlos Carnicero

Carlos Carnicero

Los pioneros siempre tienen el plus de haber podido elegir en el marco de lo que descubrieron. Pensaba en las ventajas de llegar primero observando los paisajes increíbles de la Patagonia argentina. Afortunadamente, estas vastas regiones no han sido aún masificadas por la explotación turística, salvo en algunos casos concretos. Todavía hay mucha belleza natural que se puede preservar. Ese fue el sueño de sus descubridores. Todos estos territorios se empezaron a explorar en la segunda parte del XIX. Hasta entonces eran los mapuches quienes navegaban los lagos y reinaban en los bosques. La historia da cuenta de largas guerras de casi 300 años entre conquistadores y nativos. En medio, la llamada Campaña del Desierto, que no fue otra cosa que el exterminio organizado por Julio Argentino Roca de miles de indígenas para tomar posesión de estas tierras.

Con el territorio pacificado y los mapuches reducidos vinieron las exploraciones científicas y las delimitaciones geográficas. El gran precursor fue Francisco Pascasio Moreno (1852-1919), quien dio nombre al glaciar Perito Moreno. El perito Moreno redescubrió el lago Nahuel Huapi, que discurre entre San Carlos de Bariloche y Villa La Angostura. Antes habían estado los jesuitas, en el siglo XVII, que finalmente fueron expulsados por el poder político. Ese fue el sino de la Compañía en Iberoamérica.

Los primeros asentamientos argentinos estables son posteriores. Al principio fueron madereros que adquirieron grandes extensiones para establecer explotaciones forestales. Es curiosa la historia de Primo Capraro, un inmigrante italiano que en la encrucijada del lago Nahuel Huapi con el río Correntoso abrió una hostería en los primeros años del siglo XX. Ya en los años 20 era un lugar de referencia para quienes se adentraban en la Patagonia, porque sabían que en ese lugar mágico encontrarían cama, comida y ropa limpia. El hotel Correntoso sigue disponiendo hoy de unas excelentes comodidades ancladas en un paisaje excepcional.

Años más tarde, en la década de los 30 del siglo pasado, dos hermanos dieron a esta región un impulso definitivo. Ezequiel y Alejandro Bustillo fueron fundamentales para el modelo de desarrollo. Gracias a Ezequiel, la región del lago Nahuel Huapi fue declarada en 1934 Parque Nacional: 710.000 hectáreas bordeando 530 kilómetros cuadrados de agua que van a desembocar al Pacífico atravesando la cordillera. La estricta legislación protectora impulsada por Ezequiel Bustillo ha sido responsable de la conservación del entorno y ha evitado muchas más barbaridades urbanísticas.

Alejandro Bustillo, el más emblemático de los arquitectos argentinos, se encargó de que la primigenia huella constructiva forme parte de la belleza de estos parajes. Su obra emblemática es el hotel Llao Llao. El lugar escogido para su emplazamiento es excepcional: una meseta que se abre a Puerto Pañuelo con el islote que lo retrata poblado de arrayanes, cipreses y coihues; al oeste, el lago Moreno con los Andes a las espaldas; y al este, el lago Nahuel Huapi. El establecimiento se inauguró en 1938, pero un incendio voraz acabó con la construcción de madera en tan sólo dos horas dos años después. Y entonces Bustillo decidió repetir el proyecto, renunciando a sus honorarios, utilizando piedra, madera y cemento para sustituir a los materiales combustibles del primer emprendimiento. Hoy el hotel es referencia obligada de los turistas que pueden hacer frente a sus altos precios y lugar privilegiado para contemplar la vida desde uno de los más bellos parajes del mundo.

Seguir la huella de Alejandro Bustillo por esta parte de la Patagonia representa todo un placer que reconcilia la naturaleza con el hombre: la Catedral de Bariloche, las casas de los guardas forestales del parque, la residencia de verano del gobernador de Neuquén... Tenemos que dar gracias a que estos pioneros tuvieron una sensibilidad tan exquisita como para que hoy podamos seguir disfrutando de tan hermosos parajes.