Panamá, santuario de las ballenas jorobadas

Cada año, entre los meses de julio y octubre, comienza la temporada para el avistamiento de cetáceos en las aguas del Pacífico panameño.

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Foto: clumpner / istock

Ubicado en el sureste de América Central, Panamá acoge cada año uno de los más emocionantes y vistosos espectáculos de la naturaleza. Si tus vacaciones perfectas pasan por nadar entre delfines, divisar orcas, o fotografiar ballenas en su hábitat natural, este es tu lugar. Sus paradisiacas islas, de aguas cristalinas y blancos arenales, se convierten cada verano en un punto de parada en las rutas migratorias y de reproducción para cientos de especies de cetáceos, entre ellas las ballenas jorobadas.

Son grandes. Más grandes de lo que uno se pueda imaginar a primera vista. Estos cetáceos, pueden llegar a alcanzar una longitud de 15 a 20 metros y un peso aproximado de 36.000 kilogramos. No poseen aleta dorsal, pero en cambio tienen una joroba redondeada que las diferencia del resto de ballenas, de ahí su nombre.

Monica Bonilla

Cada año, entre los meses de julio y octubre, las cálidas aguas del Pacífico panameño acogen numerosas familias de ballenas jorobadas, en su recorrido entre los polos Norte y Sur. En total unos 2.000 ejemplares recorrerán más de 6.000 kilómetros hasta su destino final, en la migración más larga entre mamíferos y una de las pocas que cruzan el ecuador.

Este fenómeno ocurre cuando las aguas cercanas a los polos se vuelven demasiado frías, lo que hace que estos mamíferos migren hacia aguas tropicales en busca de alimentos para sus crías. Los lugares preferidos por los turistas, científicos y locales para observar a estos cetáceos son las Islas de Coiba, el Golfo de Chiquiri, la Taboga y el archipiélago Las Perlas.

Pero una actividad de esta índole no tiene por qué dejar de ser responsable con el medio ambiente. Es por ello que la temporada de avistamiento de ballenas se utiliza también para crear conciencia social sobre las necesidades de estos cetáceos, estableciendo unas reglas básicas de comportamiento indispensables para que los mamíferos no se vean alterados ni perjudicados por estas visitas.