Paisajeros: veinte viajes en tren y sus protagonistas

Paisajeros es un libro de crónicas que se recrea y ahonda en la experiencia del tren, y está escrito con la convicción de que no hay otro medio que se parezca tanto como él a un destino en sí mismo. Por alguna razón, el tren se presta más que otro transporte a expandir la idea del viaje: por fuera, se cuela en las zonas menos lustrosas de pueblos y ciudades y, a espaldas de neones y carteleras, nos muestra al desnudo otras formas de vida.

Pablo Zulaica Parra
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Foto: Pablo Zulaica Parra
Pablo Zulaica Parra

Dentro, el traqueteo de las ruedas funciona como hipnosis y, con su arrullo, las pulsaciones se relajan, la mirada se va lejos y el pasajero se ensimisma. Así, también genera un espacio neutral donde el tiempo pasa lento y su atmósfera predispone igualmente a que desconocidos se abran, compartan y convivan. A bordo, diálogos, pensamientos y hojas de libreta se van sucediendo conforme uno descubre, entre bambalinas, las claves del paisaje.

Pablo Zulaica

Frente a la visión de un medio para alcanzar algo (un lugar, una hora de llegada), el tren se propone en Paisajeros como un objetivo en sí mismo, como un personaje que vertebra otros relatos. No deja de ser un escenario, una excusa para colarnos en vidas que des conocemos, pero al comparar unos y otros viajes, ya sea por similitud o por contraste, conforma otra manera de entender los territorios a los que sin duda ha dado forma.

Pablo Zulaica

Las crónicas siguen líneas férreas por cuatro continentes y están narradas desde butacas, locomotoras, verandas, suelos o techos de trenes, pero también desde las propias vías, siguiéndolas en bici si los trenes ya no pasan. En ellas hay lujo y suciedad, hay primera clase, segunda clase y clase polizón, «viajar de mosca», como refiere Elena Poniatowska en El tren pasa primero.

Pablo Zulaica

Pero también hay depósitos de locomotoras y salas de espera, autobuses, hoteles y cafeterías, centros y periferias de ciudades, y también hay pueblos, y muchos pueblos que quedaron sin su tren, porque el tren también es todo eso. Paisajeros no es, desde luego, una defensa incondicional del tren, ni tampoco es un proyecto lacrimógeno. La nostalgia está presente en varios textos pero no es un objetivo en sí, ni siquiera para los propios agraviados. En Paisajeros aparecen expertos en alta velocidad que desaconsejan nuevas líneas o lugareños que defienden que el tren nunca debió haber pasado por ahí.

Pablo Zulaica Parra

Por último, Paisajeros también retoma a otros autores y busca analogías entre el viaje, el viajero y el proceso de escritura, porque escribir es una manera de pensarse y el libro, resultado de ese pensamiento.

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