Una oda a los balcones: los otros protagonistas del confinamiento

Nos asomamos a los más bellos del mundo

José Miguel Barrantes Martín
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Los balcones son esa ventana al mundo que se abre desde nuestras casas. Un espacio de apertura hacia el exterior que nos brinda ese contacto con nuestro alrededor desde nuestro propio rincón. 

En estas fechas en las que los balcones han cobrado un protagonismo especial, queremos acercar algunos ejemplos que nos han parecido sugerentes, cargados de belleza e inspiradores a lo largo y ancho del mundo.  Ya que estrenamos primavera y que nos encontramos en la estación de la floración, queremos empezar por las balconadas adornadas con flores, que se convierten en estos días en un regalo para nuestras retinas.

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Los de aquí al lado

Sin abandonar España, seguramente las más célebres de todas ellas sean las de Córdoba, que durante el mes de mayo alcanzan todo su esplendor con la motivación del Concurso Popular de Rejas y Balcones que se celebra en la ciudad, que aunque haya sido suspendido este año sigue ofreciéndonos esa estampa temporada tras temporada gracias al esfuerzo de los propietarios de las casas.

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Otro de los lugares de nuestro territorio que hace un homenaje a la primavera en sus balcones vistiéndolos de flores es la localidad de Hondarribia. Este pueblo situado a poca distancia de la frontera francesa cuenta entre sus atractivos con sus coloridos balcones, especialmente los del Barrio de la Marina, que son una de las estampas más bellas del País Vasco.

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Los de más allá

Abandonamos España para viajar hasta Suiza, si bien seguimos buscando esas balconadas inundadas de flores. No es raro encontrarlas en las casas del país transalpino, pero si hay un lugar que destaca especialmente por ello es Grimentz, una localidad del valle de Anniviers, considerado uno de los pueblos más bonitos del país. Llamado «el pueblo de las flores», sus preciosas casas de madera resaltan además por sus balcones y terrazas plagados de flores, en especial geranios rojos, que crean postales inigualables.

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Seguimos buscando esa explosión de color que nos ofrecen muchos balcones y nos trasladamos hasta Túnez para aterrizar en Sidi Bou Said, un turístico pueblo costero teñido de blanco y añil, donde es típico que las puertas, ventanas y balcones presenten este color azul intenso. Algunos de estos balcones, cubiertos de celosías y rodeados de buganvillas, son toda una obra de arte.

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Y si de color hablamos, tenemos que pensar necesariamente en el que está considerado como «el pueblo más colorido del mundo». Nos referimos a Guatapé, en Colombia, famoso por los zócalos de sus casas y por la multicolor decoración de sus fachadas que, como no podría ser de otra manera, también está representada en sus balcones.

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Dejamos Colombia para atravesar el mar Caribe en dirección a la costa este de Estados Unidos, concretamente al Golfo de México, donde nos aguarda la ciudad de Nueva Orleans para mostrarnos sus icónicas balconadas de hierro forjado del Barrio Francés, el corazón histórico de la ciudad, aportándonos ese toque colonial que tanta fama ha reportado a esta bella población sureña.

Virtuosismo arquitectónico

Hablando de estilos, no podemos dejar de lado tampoco el inconfundible Art Nouveau, que nos ha dejado bellísimos ejemplos de balcones y terrazas en los edificios que se han construido con esta corriente arquitectónica y artística. Son muchos los ejemplos que podemos admirar en el mundo, con lugares tan prolijos en este sentido como Barcelona o Bruselas, con la Casa Batlló o la Casa Milà en el primer caso, o la Maison Saint-Cyr para el caso belga.

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Y para terminar, en línea con los más impresionantes diseños arquitectónicos, viajamos hasta Montpellier para contemplar una auténtica oda a los balcones, el rascacielos L’arbre blanc, un espectacular edificio de 17 plantas con un sensacional sistema de ventanas-balcón que simulan las ramas de un árbol (de ahí su nombre). 

Guillaume Bleyer