No más juergas en Letonia, por Mariano López

La peor pérdida es la de Zoom, la aerolínea que ofrecía los precios más baratos para cruzar el Atlántico.

Mariano López

El año que está cerca de acabar va camino de ser grabado en la historia de la aviación comercial como uno de los más duros. La IATA, la asociación que agrupa a las 230 principales aerolíneas del mundo, ha dicho que el sector va a concluir el ejercicio con más de 3.000 millones de euros de pérdidas. Los efectos resultantes del cóctel creado por la falta de créditos, la recesión del consumo y la escalada del precio del petróleo están afectando incluso al crecimiento del transporte aéreo en China y Oriente Medio, espectacular durante los últimos cinco años. En especial el coste del petróleo, que ha cuadruplicado su precio en lo que va de década, está teniendo un efecto devastador.
Con la excepción de las aerolíneas de los países del Golfo Pérsico, que ven la subida del petróleo como un poderoso maná que alimenta su financiación, todas las compañías han asistido, absolutamente indefensas, al cáncer creado en su cuenta de resultados por la expansión imparable de los costes del combustible, así que hay que entender los malos modos con que han reaccionado cuando se les ha sugerido que deberían pagar, además, por emitir gases nocivos a la atmósfera.
La peor parte de la crisis parece que se la están llevando las compañías de bajo coste. Las más débiles, claro está, y las que seguramente han añadido a los problemas del crédito, el petróleo y la competencia, una mala, pésima, gestión. En lo que va de año han echado el cierre o han llegado hasta el mismo borde de la quiebra una low cost asiática (Oasis Hong Kong), varias norteamericanas (ATA, Aloha, Eos, Maxjet, Skybus, Zoom) y al menos dos europeas: Silverjet y XL Airways. De todas, el caso más grave es el de XL Airways, aerolínea del tercer operador británico, XL Leisure, que acabó por parar las máquinas después del verano y dejó en tierra a 85.000 viajeros y con el billete pagado y sin vacaciones a 200.000. Para mis humildes planes, la peor pérdida ha sido la de Zoom, la aerolínea que ofrecía los precios más baratos para cruzar el Atlántico. La habían fundado, hace pocos años, dos millonarios escoceses, los hermanos John y Hugh Boyle, y conectaba varios aeropuertos británicos con Toronto y Montreal y ocasionalmente con el Caribe. Era la aerolínea preferida en Internet por los buscadores de combinaciones baratas para dar la vuelta al mundo. Llegó a vender pasajes entre Manchester y Toronto a 239 euros, ida, todo incluido. Sólo tenia una pega: la poca cantidad de comida que repartía gratis a bordo. Pero algunos ya habían corrido la voz con el remedio: solicitar comida ortodoxa judía, pues el menú "khoser" en Zoom doblaba la ración habitual.
"Los buenos tiempos han terminado. Se acabaron los fines de semana de juerga en Letonia", ha dicho el director ejecutivo de Virgin Atlantic, Stephen Ridgeway, con una clara alusión a las típicas ofertas de las low cost a destinos nada frecuentados que aparecían en los medios revestidas con el atractivo de un fi n de semana loco, con mucho alcohol, en algún lugar frío con escaso turismo.
Muchos sueños de muchos viajeros y de algunas aerolíneas de bajo coste también acabarán el año en algún lugar helado y desconocido, donde permanecerán hasta que baje el precio del petróleo, lo que quizá nunca ocurra. La IATA opina que lo peor de la crisis aún no ha llegado. Por el contrario, hay analistas que sostienen que esta crisis es mucho más suave que la del 11-S. La solución no parece fácil pero está cerca: el año que viene aclarará el paisaje. Veremos si vuelven, y a qué precio, los vuelos de fin de semana a Letonia.