'Nieve sandía', el extraño fenómeno de la nieve rosa... ¡que huele a fruta!

El término ‘Nieve sandía’ no viene dado por sus tonalidades rosáceas, sino porque tiene un ligero olor y sabor a sandía. Te explicamos por qué…

Álvaro Martínez Fernández
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Foto: Pacific Southwest

Se acerca el invierno y, con el, las primeras nevadas que dejan imágenes blancas de una impoluta belleza. Una imagen que, en determinados lugares del mundo, se convierte en una postal de tonalidades rosas.

Así sucede en lugares como la Sierra Nevada de California o las montañas de Colorado, en la que la nieve empieza a tornarse de unas tonalidades rosáceas a las que se les ha apodado como ‘Nieve Sandía’.

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Para nuestros ojos este efecto es sumamente bello e hipnótico, pero la realidad es que sus consecuencias pueden ser extremadamente peligrosas. Y es que esta ‘nieve sandía’, lleva suscitando interés en los científicos de todo el mundo desde hace siglos.

No fue, precisamente, hasta el siglo XIX cuando Robert Brown, un botánico de la época, estudió a fondo el fenómeno y determino su causa: su color viene dado por las algas del tipo Chlamydomonas nivalis.

¿Cómo se origina la ‘Nieve Sandía’?

Curiosamente, esta nieve no se llama así por su color similar al de la fruta veraniega por excelencia, sino porque tiene un ligero olor y sabor a sandía. Eso si… las recomendaciones generales ante este tipo de nieve rojiza es que bajo ningún concepto debe ser ingerida, ya que podría ser dañino para nuestro cuerpo.

El organismo vegetal Chlamydomonas nivalis, que da color a esta nieve, es realmente típicamente verde, pero contiene un pigmento rojo especial llamado carotenoide que actúa como una barrera protectora que protege a la clorofila de las algas, siendo vital para su supervivencia.

Sloop Communications / ISTOCK

Es este pigmento, precisamente, el que tiñe el área circundante de un color más oscuro, dando como efecto final un campo de nieve rojo extremadamente bello ante nuestros ojos, pero peligroso para nuestro planeta.

De hecho, este pigmento funciona como la melanina del cuerpo humano: es un método de protección ante las radiaciones ultravioletas que de un modo particular permite recibir los rayos que sí necesitan para alimentarse y realizar la fotosíntesis.

Una nieve bella… pero peligrosa

Estas algas pueden parecer inofensivas, pero nada más lejos de la realidad. Estos organismos vegetales tienen un mecanismo que les permite saber cuándo suben las temperaturas para aprovecharse de los pocos rayos solares que haya.

Es en ese momento cuando estas algas comienzan a reproducirse rápidamente, con estimaciones científicas que afirman que pueden aparecer por cada centímetros millones de estas algas.

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Y te preguntarás… ¿cuál es el problema? La reproducción en exceso de estas algas es sumamente perjudicial para el medio ambiente, ya que tienen un fuerte impacto en el calentamiento global, provocado principalmente por la astaxantina.

La astaxatina, un antioxidamente natural, protege a estas algas de los rayos solares reteniendo todo el calor en su interior. Esto provoca que la nieve se caliente y se derrita con más rapidez, provocando en ocasiones una rápida descomposición de los glaciares.