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Nacieron a 800 kilómetros y se encontraron en un buffet de ensaladas: Las raíces separadas de Roberto Leal y Sara Rubio están en la ciudad sevillana del pan y en la joya modernista de Cataluña

Él nació en un pueblo de Sevilla que Cervantes ya citó por su pan y ella en una de las ciudades más fascinantes de España. Su destino se cruzó, curiosamente, en una silla libre en el comedor de Atresmedia.

Las raíces de Roberto Leal y Sara Rubio.

Las raíces de Roberto Leal y Sara Rubio. / Istock

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El 19 de septiembre de 2015 se dijeron el "si, quiero" que llevaban esperando desde que coincidieron, unos años antes, en los pasillos de una misma cadena de televisión. Los dos se dedicaban a lo mismo: contar historias delante o detrás de una cámara. Pero venían de puntos tan distintos del mapa que, si alguien hubiera trazado una línea recta entre sus dos lugares de nacimiento, hubiera marcado cerca de 800 kilómetros.

Roberto Leal y Sara Rubio.

Roberto Leal y Sara Rubio. / Gtres

No se conocían de antes. No compartían acento, ni paisaje de infancia, ni referencias de barrio. Lo único que tenían en común, antes de aquel encuentro, era la vocación y la casualidad de haber acabado trabajando bajo el mismo techo, en la sede de Atresmedia en San Sebastián de los Reyes. Fue allí, en el comedor de empresa, junto a una barra de ensaladas tipo bufé, donde una silla libre cambió el resto de sus vidas. Él llegaba de Alcalá de Guadaíra, en Sevilla, la ciudad que durante siglos surtió de pan a la capital andaluza. Ella llegaba de Barcelona, la ciudad donde el modernismo catalán dejó su huella más reconocible en el mundo.

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Sara Fernández García

Alcalá de Guadaíra, la ciudad que amasó su propio nombre

El mismísimo Cervantes ya dejó escrita la fama panadera de esta parte de Sevilla. Lo hizo en su narración breve 'Rinconete y Cortadillo', en la que hablada de "tres hogazas blanquísimas de Gandul". Una referencia que tiene todo el sentido del mundo si se conoce la historia de Alcalá de Guadaira. Y es que, durante siglos, el río movió las piedras de numerosos molinos harineros, y buena parte de aquella harina terminaba convertida en pan para abastecer a toda Sevilla. De ahí viene el nombre con el que durante mucho tiempo se conoció al municipio: Alcalá de los Panaderos.

Vista aérea del castillo de Alcalá de Guadaira

Vista aérea del castillo de Alcalá de Guadaira / Istock

Buena parte de ese pasado panadero se puede ver todavñia siguiendo la Ruta de los Molinos: doce construcciones hidráulicas repartidas a lo largo del río, desde el Molino de Pelay-Correa hasta el Molino Hundo. Todo ello dentro del entorno de las Riberas de Guadaira, declarado Monumento Natural por la Junta de Andalucía. Uno de los que merece la pena visitar es el Molino del Algarrobo, que está cerca de la antigua Harinera del Guadaira, ahora convertida en un centro de interpretación. Aquí se organizan visitas sobre la tradición panadera del lugar con la idea de recrear, más o menos, cómo era el trabajo en los obradores antes de que la electricidad cambiara por completo la forma de trabajar el pan.

El castillo es, probablemente, uno de los lugares que más llama la atención al llegar aquí. El Castillo de Alcalá de Guadaira es de origen almohade, está protegido como Bien de Interés Cultural y su visita es completamente gratuita. A pocos kilómetros otro imprescindible es el Castillo de Marchenilla, que en realidad forma parte de un antiguo cortijo fortificado que conserva una torre andalusí del siglo XIII.

Alcalá de Guadaira

Alcalá de Guadaira / Istock

Dentro del casco histórico es imprescindible visitar el llamado Puente Romano, el nombre con el que se conoce popularmente, aunque su nombre real sea Puente de Carlos III. Este curza el Guadiana mediante siete arcos de piedra y ha sido, durante siglos, uno de los pasos habituales de un lado al otro del río. Este no es, seguramente, el monumento más espectacular de la ciudad, pero si es uno de los que mejor encaja con esa sensación de que aquí, casi todo, termina volviendo al río.

El pueblo no ha olvidado a su vecino más televisivo, y él tampoco a su pueblo: en 2019, el Ayuntamiento le dedicó una calle junto al Auditorio Riberas del Guadaíra, y Roberto Leal recogió el homenaje destacando, con esas mismas palabras, su "amor por Alcalá".

Olivos en el parque de Alcalá de Guadaira

Olivos en el parque de Alcalá de Guadaira / Istock

Barcelona, capital mundial del modernismo

Es una ciudad que no necesita excesivas presentaciones, aunque si tiene varios matices que está bien conocer. Uno es que buena parte de lo que hoy se identifica con la ciudad a nivel mundial, el modernismo de Gaudí, se construyó en apenas una década, entre el siglo XIX y XX. El momento en el que arquitectos, como Antonio Gaudí y Lluís Domènech i Montaner reiventaron por completo el paisaje urbano de la ciudad condal. Las obras que dejaron son más que conocidas, siendo el máximo exponente la Sagrada Familia, la obra más reconocida de Gaudí y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1984. Esta, que sigue en obras más de un siglo después de haberse iniciado, es hoy el símbolo por excelencia de una ciudad que espera con ansias verla finalmente terminada.

Casa Batlló, Barcelona.

Casa Batlló, Barcelona. / Istock

A pocas calles de la Sagrada Familia encontramos las otras dos grandes joyas de la ciudad: la Casa Batlló y la Casa Milà, que es popularmente conocida como La Pedrera. También el Palau de la Música, obra de Domènech y Montaner, que recibió también el reconocimiento de la Unesco en 1997 por su fachada de mosaico y su lucernario de vidrio en forma de sol invertido. No podemos olvidarnos del Park Güell, que conserva el espectacular mosaico de trencadís que ya es un icono de la ciudad.

Antes de mudarse a Madrid, Sara Rubio cursó sus estudios universitarios en Barcelona, así que su relación con este patrimonio no es la de una visitante ocasional: caminó ese trazado de Cerdà a diario, de camino a clase, mucho antes de que ninguna cámara de televisión se cruzara en su vida.

Sagrada Familia, Barcelona.

Sagrada Familia, Barcelona. / Istock

Del comedor de Atresmedia a la mesa: lo que se come en Alcalá y en Barcelona

El cruce entre estas dos vidas no empezó en un plató ni en una alfombra roja, sino en algo tan poco glamuroso como una barra de ensaladas. Sara hacía prácticas en "Equipo de Investigación", de La Sexta; Roberto sustituía a Susanna Griso al frente de "Espejo Público" durante unas vacaciones de verano. Según reconstruyeron después distintos medios nacionales, entre 2012 y 2014 coincidieron en el comedor de trabajadores de Atresmedia, él se sentó junto a ella al encontrar una silla libre y de la charla surgió un café que terminó convirtiéndose en la relación que hoy dura más de una década.

Ese cruce también podemos hacerlo con el paladar. En Alcalá de Guadaíra la tradición panadera se prolonga en la repostería: tortas, pestiños y roscos que todavía se elaboran de forma artesanal en obradores del casco histórico, como el de la Confitería San Joaquín. En Barcelona, el dulce típico tira más hacia el hojaldre y la crema: la ciudad conserva algunas de las pocas pastelerías centenarias que le quedan, como Casa Vives, cerca de la llamada manzana de la discordia, donde todavía se despachan cruasanes de mantequilla y monas de temporada.