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Nacho Ares, egiptólogo: "La Gran Pirámide no es un monumento al ego de un faraón, es una máquina de precisión matemática que te devuelve datos sobre el radio de la Tierra que nadie conocía hace 4.500 años"

Medidas exactas, alineación casi perfecta y una construcción sin margen de error explican por qué la pirámide sigue generando debate.

Las Pirámides y la Esfinge en El El Cairo, Egipto

Las Pirámides y la Esfinge en El El Cairo, Egipto / Istock / M Mujdat UZEL

La explicación de la Gran Pirámide se reduce a veces a una tumba monumental levantada para un faraón, pero es cuestión de fijarse un poco más para que empiecen a aparecer cosas que no encajan del todo en esa idea que puede quedarse corta.

Las Pirámides y la Esfinge en El El Cairo, Egipto

Las Pirámides y la Esfinge en El El Cairo, Egipto / Istock / M Mujdat UZEL

La orientación es casi perfecta. Las medidas no parecen improvisadas. Y todo eso obliga a ir un paso más allá para entenderla. Ahí es donde encaja el enfoque del experto Nacho Ares, que insiste en mirar la pirámide como algo más que un monumento funerario, sin necesidad de convertirla en un misterio inexplicable. Según el egiptólogo, es también una demostración de conocimiento técnico y de planificación a un nivel que todavía hoy resulta difícil de asumir.

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Redacción Viajar

La precisión como punto de partida

Uno de los aspectos que más subraya Ares es la orientación de la pirámide. Sus caras están alineadas con los puntos cardinales con una desviación mínima, algo que implica un control muy preciso del espacio y probablemente también de la observación astronómica.

A eso se suman las dimensiones y proporciones, que mantienen relaciones constantes a lo largo de toda la estructura. No es necesario atribuirles significados extraordinarios para reconocer que hay un nivel de exactitud que va más allá de lo puramente funcional.

La Gran Pirámide forma parte de un complejo funerario, pero reducirla exclusivamente a ese uso implica dejar fuera una parte esencial de lo que representa.

En sus intervenciones en SER Historia (y en otros formatos divulgativos, como su canal de YouTube), Ares plantea que estas construcciones condensan distintos niveles de conocimiento. No solo religioso, sino también técnico, por lo que la arquitectura no está separada del simbolismo.

Construir sin margen de error

Gran Pirámide de Guiza

Gran Pirámide de Guiza / Istock / 5

Pero si hay algo que define realmente la pirámide más allá de su tamaño es la continuidad del proceso constructivo. Mantener esa precisión a lo largo del tiempo implica algo más que habilidad técnica puntual.

Hablamos de planificación previa (no es una estructura que se pueda corregir fácilmente una vez avanzada), de sistemas de medición y de control constante durante la obra, algo que sorprende si tenemos en cuenta la época. En una pirámide, cada fase depende de la anterior, y cualquier desviación se arrastra hasta el final de la construcción.

Aquí, la precisión también tiene una dimensión política y simbólica que no se puede separar del contexto en el que se construye. En el Antiguo Egipto, la capacidad de organizar recursos, movilizar mano de obra y ejecutar una obra de estas características forma parte del propio discurso de poder, por lo que la pirámide refleja tanto conocimiento como control del tiempo y de los recursos.

Lo que todavía no se sabe del todo

A pesar de los avances en su estudio, la Gran Pirámide sigue generando preguntas (e incluso teorías de la conspiración). No tanto sobre su función básica o su método constructivo, sino sobre el alcance exacto de ese conocimiento.

Hay aspectos que se comprenden bien y otros que siguen abiertos a interpretación. Qué parte de las proporciones responde a decisiones prácticas y cuál a intencionalidad simbólica es uno de los debates recurrentes.

Lo que plantea el egiptólogo es una forma bastante concreta de abordar esas dudas: partir de lo que sí está documentado y evitar añadir teorías que no se pueden sostener.