Turismo carcelario: ¿experiencia cultural o puro morbo?

El libro 'El mundo a través de sus cárceles' recorre presidios de todo el mundo cargados de historia. Hablamos con su autor

Lucía Martín / Redacción VIAJAR
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Las cárceles generan sentimientos opuestos: son lugares que atraen y atemorizan al viajero a partes iguales. Desde hace unos años hay cada vez más aficionados al turismo carcelario, una propuesta de ocio que considera estos lugares como entornos de gran relevancia cultural, ya que detrás de las rejas de las celdas de algunas prisiones tuvieron lugar acontecimientos que hicieron historia, cuyos protagonistas hoy son leyenda. 

Cada vez más personas se animan a pasar unas horas de su viaje paseando tranquilamente entre celdas, descubriendo la historia de personajes ilustres o locales que estuvieron presos, o quedándose boquiabiertas ante los diversos estilos arquitectónicos de estos recintos. En algunos lugares, los viajeros pueden incluso pernoctar en una celda siendo tratados como reclusos.

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Fernando Gómez se adentra con su último libro, El mundo a través de sus cárceles, en este camino que imposibilitaba la libertad, aunque para este autor no es nada nuevo recorrer lugares fuera de lo normal. En 2018 publicó La vuelta al mundo en 80 cementerios, en el que nos proponía una vuelta al mundo a través de los camposantos más relevantes de nuestra geografía. “Fue sorprendente porque, al acabar de escribir el último libro, descubrí algo que podía llegar a ser tan doloroso como la muerte, y eso era la perdida de libertad”, nos cuenta el autor. 

El mundo a través de sus cárceles despierta la curiosidad por incluir en nuestros viajes un recorrido por las prisiones de aquellas ciudades que tengamos pensado visitar. Una forma diferente de viajar y de conocer la cultura y la historia de nuestro destino. 

“Quizá, el turismo carcelario está en auge porque es lo contrario al sentido de libertad que proporciona el viaje a los turistas”, opina Gomez, en referencia a ese ingrediente diferente e inexplorado que esta experiencia puede ofrecer al viajero. El autor añade: “Existen muchos tipos de turistas, por eso sería muy atrevido generalidad. No todos visitamos Alcatraz, visita Ushuaia o Port Arthur con el mismo propósito. Lo que si es cierto es que todas las cárceles son un libro escrito por quienes allí han estado cautivos Mientras que  los cementerios son el reflejo de la ciudad en que se encuentran, las cárceles son un libro de historia de la nación en la que está enclavada.  Lo que tienen en común todas las cárceles es la soledad que se respira dentro de todas ellas. Es una sensación en cierta manera claustrofóbica”.

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Este libro combina descripciones de las distintas cárceles con relatos de la vida de personas que han pasado por ellas, personajes históricos e historias fuera de lo convencional. Desde las cárceles más cercanas como la Modelo de Barcelona, a las más cinematográficas como la de Alcatraz, las novelescas, como el castillo de If del Conde de Montecristo, o las convertidas en monumento turístico, como la Torre de Londres, el recorrido incluye lugares realmente terribles y también otros rincones que arrastran un triste pasado pero que hoy se presentan luminosas e invitan a disfrutar del paseo o la visita.

Con un lenguaje ameno y ágil hace un recorrido por las celdas de gran parte de la geografía, como la Cárcel Mamertina de Roma, la Prisión de los Plomos de Venecia, la Cárcel de Reading en Inglaterra, la Prisión de Port Arthur de Australia o la Prisión de Alcatraz en Estados Unidos, entre muchas otras. De esta forma los lectores conocerán cárceles de las que ni siquiera sabían su existencia.

Respecto a su propia experiencia como visitante, Gómez reconoce “una sensación de impotencia” cada vez que se ha introducido en una celda y ha cerrado la puerta. Y concluye: “Siempre siento, de una manera un tanto falsa, el sufrimiento de los reclusos que alguna ocasión las han pisado”.