El motivo por el que en España llamamos "guiris" a los turistas extranjeros no es moderno, es una costumbre que empezó a principios del siglo XIX
¿Alguna vez te has preguntado de dónde vienen nuestras expresiones? Todas tienen su razón de ser, y hoy hablamos de una muy utilizada en las zonas de costa.

Cada verano, cuando la playa se llena de sombreros de pescador, calcetines con chanclas y pieles a medio cocer, el español medio suelta la palabra sin pensar: “esto está lleno de guiris”. Pero lo que pocos saben es que ese término tan castizo no nació con los turistas británicos ni con los charter de los años 70, sino que viene de mucho más atrás. De guerras civiles, dialectos vascos, y hasta un poco de literatura del XIX. Y no, no es broma.
La guerra lo empezó todo
Corría el año 1833. España vivía la Primera Guerra Carlista, uno de esos periodos en los que media población quería a un rey y la otra media lo quería en el exilio. En esta guerra civil, los partidarios de la reina regente María Cristina eran conocidos como “cristinos”. Pero en el País Vasco, donde el euskera marcaba la lengua del día a día, esa palabra se convirtió en “guiristino”, una forma fonética más natural para los hablantes vascos.

Con el paso del tiempo, “guiristino” se fue acortando a “guiri”, y así empezó su historia. En su origen, no significaba turista extranjero ni mucho menos, sino enemigo político y forastero. Para los carlistas, los “guiris” eran los soldados liberales que venían a imponer su modelo de Estado. Vamos, que nada que ver con ponerse rojo en una tumbona en Benidorm.
Los guiris cambiaron de cara
¿Y cómo pasamos del “enemigo liberal” al “turista con riñonera”? Pues como tantas otras palabras; por el uso cotidiano. Durante el siglo XX, “guiri” pasó a designar a cualquiera que no fuera de aquí, con especial énfasis en los extranjeros que no se camuflaban nada: acento raro, horarios diferentes, y una ligera tendencia a ponerse la camiseta de España sin saber por qué.

Con la llegada del boom turístico en los años 60 y 70, los turistas del norte de Europa (principalmente británicos, alemanes y escandinavos) llegaron en masa a las costas españolas. No hablaban el idioma, comían a las seis, y se tostaban al sol como si no hubiera mañana. “Guiri” volvió a encontrar su sitio, esta vez con un tono entre irónico, cariñoso y socarrón. Hoy, la palabra ha cruzado fronteras, incluso hay turistas que se autodenominan “guiris” con orgullo. Pero en el uso español, sigue implicando ese contraste cultural y estético que no deja de resultar pintoresco. Un “guiri” no es solo extranjero, es muy extranjero. Y se nota.
¿Insulto o cotidianeidad?
Aquí viene el dilema: ¿es “guiri” un término despectivo? Técnicamente no. Aunque en su origen fue usado con desprecio político, hoy en día se utiliza de forma coloquial y en la mayoría de los casos sin mala intención. Depende mucho del tono y del contexto. Incluso los medios británicos se han hecho eco de la palabra: The Sun o The Guardian han publicado artículos preguntándose si era ofensiva. La respuesta, casi siempre, es la misma; depende de cómo lo digas.

En definitiva, “guiri” no es una invención reciente ni un meme turístico, sino una palabra con más de 190 años de historia, que nació en el fragor de una guerra, se reconvirtió con la llegada del turismo de masas y hoy sigue viva en la jerga popular. Así que, la próxima vez que veas a un extranjero con gorro de safari, sandalias y una guía en la mano, recuerda que esa palabra que vas a usar viene de una guerra del siglo XIX. Y eso, querido lector, no lo puede decir cualquiera.
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