Monumentos con copyright

Lugares donde has infringido los derechos de autor al hacer una foto, y no lo sabías. 

Estela Pérez
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Foto: franckreporter / ISTOCK

Tras una larga caminata recorriendo calles extranjeras, por fin aparece ese majestuoso monumento símbolo de la ciudad. Con la plaza, obelisco, torre o catedral de fondo, la cámara del móvil se sitúa frente al rostro y los selfies van cayendo en cascada. Cuando se decide cuál es el encuadre, luz y filtro perfectos, la foto se sube de inmediato a Instagram, a la espera de que los ‘Me Gusta’ y comentarios vayan floreciendo en el perfil de la red social. Y es que está claro que una visita turística trae de la mano el correspondiente reportaje fotográfico para los ‘followers’. Lo que no resulta tan evidente es que, detrás de estas inocentes fotografías viajeras, se esconde una infracción penal de la que muy poca gente está al corriente

Según la normativa de derechos de autor, la arquitectura y las obras de arte, aunque se sitúen en espacios públicos, están protegidas hasta 70 años después del fallecimiento del artista, hecho que varía según la legislación de cada país. De este modo, se aplica de manera más estricta en países como Francia, Bélgica o Italia, donde la toma de fotografías puede ser un delito de violación del copyright, dependiendo del monumento o edificio que se fotografíe. 

Prohibido fotografiar monumentos

Los lugares donde los flashes no son bienvenidos, lejos de encontrarse en fundaciones particulares o espacios privados, coronan grandes avenidas y plazas al aire libre. Una de las más llamativas es la Torre Eiffel, el indiscutible emblema francés que al atardecer protagoniza un bello juego de luces. Es precisamente en este momento cuando toca guardar la cámara, pues no puede aparecer como foco principal de la imagen; en todo caso, como parte del paisaje urbano de París. Según indican desde la Empresa de Explotación de la Torre Eiffel, "el permiso y los derechos para publicar las fotos de la torre iluminada deben solicitarse a la Société d´Exploitation de la Tour Eiffel”, aunque añaden que "las vistas de la Torre Eiffel son libres de derechos”. A pesar de ello, no hay constancia de que se haya aplicado ninguna sanción a los turistas que toman fotos de la obra de ingeniería de Alexandre Gustave Eiffel. 

AR-tem / ISTOCK

Lo mismo ocurre con otros dos grandes símbolos de París. Casi ningún museo permite la toma de fotografías de las obras que se exhiben en su interior, pero en el caso del Museo del Louvre, el edificio tampoco puede figurar como elemento principal de la instantánea, aunque sí están permitidas las imágenes en las que aparezca una parte de la pirámide. La majestuosa Notre Dame también se rige por la normativa de copyright monumental. Aunque en este caso, no hay problema en hacer fotos a la fachada, está penado hacerlo en su interior, ya que los elementos de la catedral sólo pueden ser mostrarse en publicaciones editoriales, siempre y cuando se haya concedido un permiso por parte de las autoridades. 

Bélgica también aplica esta controvertida normativa. El Atomium, una oda a la ciencia hecha en acero ubicada en Bruselas, tiene sus propias limitaciones de copyright. En la web del monumento, indican que su reproducción sólo se permite bajo ciertas condiciones, para garantizar que no se tergiverse o se distorsione su significado. A pesar de esto, se matiza que sí se acogen a los casos establecidos por la libertad de panorama siempre y cuando no tengan naturaleza comercial.

La Sirenita de Hans Cristian Andersen es uno de los relatos de fantasía más conocidos de todos los tiempos. Los daneses rindieron homenaje a este encantador personaje en 1913, cuando se instaló una estatua de bronce en Copenhague. La Sirenita no cuenta con licencias de derechos de autor demasiado permisivas, pues a petición de la familia del escultor, Edvard Erikson, sólo se permiten las fotos en las que la estatua aparezca como parte del contexto y no como elemento principal de la imagen. Un hecho que ejemplifica esta normativa es su presentación en Wikipedia, donde la figura de La Sirenita aparece recortada sobre el muelle de Copenhague. Hecho que, al igual que su leyenda, resulta una absoluta fantasía. 

Europa no es el único lugar donde el copyright se aplica en los monumentos. Cruzando el charco la normativa sobre la toma de fotos también resulta sorprendente. El archiconocido cartel de las colinas de Hollywood, famoso por su aparición en tantas películas, sólo puede aparecer en fotografías tras haber solicitado un permiso para ello. Al igual que sucede con los hoteles y casinos de Las Vegas, cuyas imágenes no están autorizadas para su uso libre, si bien la mayoría de estos edificios son propiedad privada. 

La normativa de derechos de autor llega hasta las antípodas. Al igual que sucede en el Louvre o Notre Dame, la Casa de la Ópera de Sidney únicamente puede ser retratada como complemento urbano y no como primer plano de la imagen. Así, se recomienda que su aparición no adquiera demasiado protagonismo en el encuadre

Estas leyes de la propiedad de los edificios no están exentas de polémica. En 2015, la Eurocámara sometió a votación la enmienda que solicitaba que para tomar fotografías de ciertos monumentos se obtuviera una autorización previa de sus representantes. Esta medida se contraponía a la conocida como libertad de panorama, la cual, impide a los propietarios de las obras tomar medidas legales contra quienes distribuyan sus imágenes. Desde el Parlamento Europeo, finalmente, se desestimó la norma, dejando autonomía a cada Estado para decidir sobre la regulación de derechos de autor.